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martes, 16 de febrero de 2021

Duermevelas y vigilancias. Día 16.

Árboles camaleónicos en los que confundirse. Los detalles no se ven a primera vista. Hay que estar en la escena. Llenarse de su fuerza y vitalidad. Trabajar la esperanza desde dentro. Temer la uniformidad, variarse según se camina. Dejar y recibir conjuntamente. Sin distinguir demasiado. Sin figurar. Sujetarse siendo objeto. Saber lo que es un cruce. Aceptar cabalmente la mezcla. Soplar cuando cambia el tamaño. No confundir forma y fondo.  



Preferimos no seguir caminando para acompañar al caminante. Preferimos detener el paso parando donde teníamos que llegar. Abrir las puertas a quien se sumó a la escapada y cenar. Amasar la relación puesta antes al fuego. Disfrutar su final cuando el horno cantaba a su fin. Abrir y ver qué había dentro. Volver a mirar aún más dentro. Regresar a la memoria. Cotejar los gestos. Sobrecogidos por haber visto dejamos de ver. Iluminados por la pasión desandamos de noche lo que avanzamos de día. Desgajados de la comunidad cuando nos partimos tornamos a habitar la comunión. Se mostró paciente y humilde el que da la Vida. Se quedó para siempre con nosotros. 




lunes, 15 de febrero de 2021

Duermevelas y vigilancias. Día 15.

Fácilmente cincelaron la oscuridad y penetraron en otro orden. Una mano tejía los trazos dándole unidad. El espanto se trasladó de escenario. Sucumbieron a la victoria. Derrotaron su normalidad. Victimizaron su asombro. Dibujaron con sus ojos lo que ocurría. El maestro continuó su explicación. El alumno pensó que iba demasiado bien vestido para la ocasión. Lo sencillo venció la gloria. El misterio se escribió rápidamente en pocas palabras. Lo decían todo. No había nada más necesario. El discípulo rápidamente quiso copiar. Con la mano al aire bailaba distraído. Se abandonaron las florituras. Aquello fue demasiado. Había entrado un niño en el mundo. Todavía ni había nacido. Así de pequeño era el crío. Sin edad ni gusto para aquellas fiestas. Se pidió silencio. Todos se sentaron.  


En la casa de mi amigo hay muchas habitaciones. Nos deja pasear como invitados por ellas cuando no nos ve. La única condición es disfrutarlo. Unos se reúnen en otro a nada. Otros musiquean improvisando quebrantos. Otros se alejan superiores para no mancharse. Otros simplemente descansan aturdidos. Los más cogen pinceles, aburridos. No hay marco para la estufa. El sofá permanece acogedor. La silla lo contempla todo. Las cortinas airean el humo sesudo. Las paredes se llenan de color para mirar y se esconden entre los marcos para no ser vistas por nada. La mesa se retira discreta abriendo espacio. El techo soporta lo que haya encima. El suelo soporta el traqueteo. El aire salta de uno a otro. Los sonidos vagabundean inquietos. De allí no sale nada. Todos dejan sin querer sus dedos.  




domingo, 14 de febrero de 2021

Duermevelas y vigilancias. Día 14.

Concordia resbaladiza que no puedo controlar. El alma se me va contigo. Quiere alejarse del suelo quebrado y frío. Alegre el cielo desciende y empapa todo a tu lado. Densas cavernas se esconden en sus paraísos inmóviles. Se cierran sus puertas tras tus labios. Columna inclinada y frágil. El fondo se coló sin permiso en la foto. Molesto mundo que aparece siempre en todo. Mundo injerente que salpica la vida con su presencia. Olvídanos y aléjate. Apágate de una vez por todas. Quiero quedarme aquí merendando. Sangrando la existencia entre tus manjares ruinosos. Sacrifiquemos lo intocado a una única esperanza. Lleguemos al final antes de que termine. Reluznemos balaamdo inesperadamente envidiados por el ocio. Elegante orden del tiempo. En el centro está la espesa bebida de ti. Con eso bastaría si fuera eterno.  


Qué haces. Describir con saltos su presencia misteriosa. A qué te entregas. A los trazos que retengo. Hoy uno, mañana otro. Qué son las teselas. Para qué tantas. Lo desconozco. No sé si resto o sumo, si voy o vuelvo. Por qué te afanas. Por no preocuparme demasiado. Por evitar el agobio. Por huir del hastío. Para qué hablas sin saber qué decir. Para precisar el silencio, para acotar el misterio, para desgranar su encanto. Para volver a jugar despierto, para reírme de los tipos serios, para glorificar lo denso. De dónde sacas tiempo. Será de cuándo, querrás decir. Amargo reparto equiparante, todos disponen del mismo. Termino yo preguntándote a ti, pintura parlante, espejo del alma. ¿Permaneces ahí libre o encarcelado, solo o acompañado, entristecido o contento, pleno o todavía rasgado, sumando o restándote? ¿Qué haces dejándote ver con los ojos cerrados?



sábado, 13 de febrero de 2021

Duermevelas y vigilancias. Día 13.

Tengo dos sueños en los que ya no me encuentro. Hay agitación en las plazas. Nadie mira para no sentir desconsuelo. Qué más dará lo que se hace cuando no se busca hacer nada. Los colores de la vida desenmascaran la artificialidad. En lugar de ponerla en valor denuncian la hipocresía. La sonrisa y la palabra falsa ya no pueden ocupar más espacio. Crujen las ruedas de los carros que se van a desmoronar. Lo que hoy es fantasía terminará siendo ridículo polvo de olvido. Los más reales consiguieron escapar entre ruidos. Insultos les proclamaban solemnemente. Es la anormalidad del evento, la subnormalidad de la presunción, el hiperrealismo de la carcajada. Sigue musculado el truco. Todo se sostiene por el trato con sus siervos. Todo terminará esclavizantemente. Y se oirán cadenas sujetas por perros.


Si se pudiera renombrar la mirada. Si se pudiera volver a ponerle nombre. Si los ojos nos dejasen mirar hacia dentro y deshicieran las pantallas. Si las pupilas fueran realmente huecos por los que entrar agachados. Si las pestañas nos encerraran ahí dentro. Quién se atrevería a dar el paso y abrirse a lo desconocido. Si los esencial fuera -realmente- visible en ellos. Si se enmarcaran y abandonaran. Si se recortara todo lo demás en su contorno. Si la duda no fuera capaz de alcanzarlos. Si fuera capaz de protegerlos del sufrimiento. Si no pudiesen contemplar más que la vida y, en ella, solo lo más humano. Si no retuvieran tanto horizonte. Si no se perdieran en sus extremos. Si no estuvieran atentos a lo que ocurre. Si vivieran a merced del viento. Si no se empobrecieran con los años. Si no se enriquecieran con lamentos. Si todo fuera transparencia infinita. Si cabalmente hablaran así callados. Si se limitaran a su misión y al tiempo. Si se encontraran entre ellos novedades. Si el mundo solo fueran ojos, qué bello. 



viernes, 12 de febrero de 2021

Duermevelas y vigilancias. Día 12.

Muérdeme. Déjame probar tus palabras y la culpa. No las escondas donde no llego. Configuraré con ellas el cielo al que no llego. Teoría con pendientes dependientes de tu cuello. Compartimos los cabellos cercenados. Pretendemos puzlear el universo. La suma desvirtúa los colores. Opusculando la agudeza y el redondeo. Nuestros labios son un cono que no cuadra. Coincidimos en la mirada que se cruza. Abandonas la llamada en este sueño. Achacas a la impresión lo inmemorable.


Por fin podemos salir, aunque sea al campo. No dan permiso si rezamos. Pedimos perdón a Dios por lo que no hicimos y recogemos los frutos enterrados en el cielo. Agachamos la cabeza y fragmentamos. El corazón y la cabeza en dos universos. De la mía salen nubes que traerán tormentas. Hacia la tuya fluyen rápidamente entre pausas. Lejos está nuestro descanso, otra vez. Con mucha ansia lo expulsamos. Imposición tenaz de una evidencia atractiva. Un hito geométrico explica la intimidad que forja en el aire. Pesadumbre de esta vida según sus adaptaciones. Ahora preguntamos si algún día regresaremos. Así somos de elegantes y sufridos. Así de infantiles acunados. Merced de los delirios de las noticias. Llegan sin dejarse ver por las ventanas. No subsisten ni las sombras entre las que vagamos. Quedan signos de lo que jamás tendremos. 





jueves, 11 de febrero de 2021

Duermevelas y vigilancias. Día 11.

Resumiendo mucho, hacía tres minutos que había terminado el tiempo. Ahora reposaba, genialidad en mano. Se venía sobre él la ola de frescura que había creado. Aliviaba el tormento con su abundante lágrima. Cepillaba desgarrado en colores la vida que había dejado. Recibirá de vuelta la onda de su encanto, la magia de lo común, lo asombroso del deslumbramiento. En medio y quieto, dibujado. La tenaza del espacio le doblaba haciendo con él un muñeco. Cobró de nuevo conciencia con su corazón.   



No me toques demasiado, que sueno. Quiero llevarte a lo que no verás. Sígueme y cuélgate de mi mundo conectado. Diré algo interesante para degustar y te sacaré de ti dando saltos. Cuidado con el vacío. Agárrate fuerte. Si te pierdes aquí o te caes no podré recuperarte. La araña interior es lenta. Nada surge sin novedad, sin materia. El compás con que trabajo no es muy grande. La tarea no quedará completa. Cartógrafo paginero sigo aprendiendo. Colócate aquí, bien dispuesto. El laberinto se recrudece sin dirección. Continúo hasta el principio. Comencé oscuramente iluminado, sin saber que no sabía se abrió la puerta y quedé sumido. No encuentro la salida que ventila musicalmente. Los cruces pivotan posibilidades. Un hilo me sujeta a la realidad y con dos palabras enfrentaré la muerte. Todo lo que pinto en sus paredes será polvo cuando soples fuerte. Olvido, eres mi rescate y ungüento. Memoria, mi locura. Inteligencia viva, mi inocencia y despertar cada día. Qué baza se ocultará en mi mano. Puede ser solo el saludo, puede ser solo el abrazo. Olvido de mí, mi rescate. Memoria de mí, mi locura. Saber de ti, mi inocencia y motivo. 






miércoles, 10 de febrero de 2021

Duermevelas y vigilancias. Día 10.

Había tan poca luz que esta vez prefirió fijarse en las estrellas. Desconsolada encontró reflejos de vida espesa que la envolvieron victoriosamente y el tiempo, su gran problema, se inclinó a su favor. Atisbó huellas. Caminó relatos. Redondeó páginas. Hirió llamas. Vistió la noche de locuras y no quiso romper su encanto, ni quebrantarse con su palabra. Escuchó los rayos que llegaban, abrió la puerta de su imaginación completa. Atentos surcos del universo sirvieron como pistas por las que bajaron nuevos puentes y siguió siendo ella. Se apoyó en lo que sabía para desconocer lo que esperaba. Rezó de modo extraño, como jamás lo había hecho. 


Bajó la vista molesta por las gotas que subían y con ellas robaban las almas. No quiso participar del encanto, ni la denuncia. Inundadas de trabajo las mentes de la gente blanquecían sin inquietudes ni desparpajos. Los solitarios juntos enmudecieron y presagiaron silencios ahorcados que impedían el movimiento desde el ser de la garganta. Idénticamente diferentes se copiaron originalmente. Sombras, muchas sombras de una misma humanidad que fueron. Compartían escenario sin tocarse dibujando montañas de cumbres sin altura. Lo divino les había dejado la herencia de su expulsión y el olvido. Se alargaron de orgullo cuando se largó de su presencia. No pudieron elevarse, pues no tenían corazón sino oquedad y anhelo desprotegidos.  

Se lee mejor al revés, cambiando las palabras de sentido. Entonces, en su negativo, que es el negativo del negativo, el positivo atrae por esperanza. Es absolutamente cierto e incuestionable que los llama, los engancha, los rescata. Hay que dar la vuelta a todo para comprenderlo. Su reclamo es locura. 


martes, 9 de febrero de 2021

Duermevelas y vigilancias. Día 9.

Se colocó y pensó como línea que termina y empieza. Se creyó única en sus límites y sin mucho contorno. Realmente, una especie de resbalón y quebranto. Da igual si fue un adulto harto de todo, una mujer iluminada o un crío aburrido, como ella frente a la castigada pared. Dio igual si fue primero, después, en medio, si tachó o fue tachada. Dará igual para generaciones venideras. Daría igual qué se hiciera con ella. Ocupaba su espacio, peleaba por él, se suspendía y resistía al conjunto y no quería ser mirada así. Reivindica su lugar intemporal, ya que estaba ahí. Reivindicó distancia y quiso protegerse de abusones, acorraladores, agitadores bulímicos e inconformistas que querían más. Reivindicará que se fijen tanto en ella que la tomen en serio, pero será imposible. Se colocó frente a la vida y pensó que no tenía ni color, ni tono, ni grosor suficiente para llamar tanto la atención. A nadie importa una línea, dure lo que dure. Ni el punto, ni la superficie, ni la pirueta. Estalló de pasión por sí misma. 

No se puede mirar de lejos el mundo, no se puede salir de él. El tiempo es débil, se vence a sí mismo, se muerde las uñas empezando por los pies y se rasca la cabeza haciendo herida sin ser capaz de escapar. Sin agobios, caminante, es un juego y nada más. Gigantesca ludoteca, paseo entretenido, sin lugar donde mirar, en ocasiones solo, en otras acompañado o reunido, despejado el horizonte o mirando la espalda. Siendo mirado. Lo que no es posible, de ningún modo pese al juego, es salir y mirarse desde arriba. Eso es capricho de dioses que a las personas está absolutamente cerrado. Ahí termina el juego, liberado. 


lunes, 8 de febrero de 2021

Duermevelas y vigilancias. Día 8.

Si te fijas bien, solo son pinceladas de colores. No dejan ver el lienzo que lo sostiene. Pensó por última vez Teresa, que despertaba con la intención de saber qué había detrás de todo aquello. Qué mérito tiene conservar una imagen tan pobre, con tanta gente sufriendo, incapaz de hacer lo que quiere, sometida a su tiempo. No hay nada más que tonos reunidos y ordenados. Árboles verdes escorados y en decadencia, que solo sirven para rellenar. La gente se va perdiendo. Carece además de humanidad, queda anulado el rostro incluso en quienes miran a quien podría algún día mirarlo. Quien lo pintó, volvió a decirse, fue cruel conservador. Este fotograma significaba, en la pared, el recuerdo permanente de lo miserable que es la vida. Espaldas dobladas quemadas entre el fuego. Sol radiante que se apaga y se desluce a sí mismo al chocar por las pisadas. El hogar siempre lejos. Aquí nadie se reconoce ni distingue, porque las personas valen poco. ¿Quién se acuerda de quien vivió hace doscientos años? ¡Lo mismo ocurre generación tras generación!

Al acercarse al cuadro un poco más dentro de su imaginación pudo leer una frase escrita por el mismo autor: Si te atreves, píntalo tú.    


Te voy a contar un secreto. Juegas contra quien ya sabe que va a ganar, así que no sonrías tanto. Ingenioso y pobre ignorante, el truhan a quien te enfrentas te acuchillará con un rápido gesto mientras tú contemplas con orgullo una falsa gloria. Perdiste de vista el conjunto, quedaste encerrado en tu sueño. Te aviso por lo que pueda pasar. Apostaste tu alma y llegaste a tu fin. Volverás a confundirte con el color de tus ropas. Serás espejismo elegante y nada más. Adorna tu movimiento como quieras y lúcete en tu última mano. Más atento está el lobo calculando el instante para arrojarte a tu confusión y enredo. Niño infantil escucha, que tengo más edad que tú. Levántate como rayo justo ahora y no lo dejes pasar. Ahora es la última oportunidad que tienes para ser libre. Quémate. Ojalá se pudieran borrar algunos tiempos, masculló imberbe. 

Una escena antitrinitaria de discordia y engaño. El padre le cuenta al hijo cómo el odio les separará para siempre. Ya no habrá remedio. ¡Por no haber mirado bien! ¡Por estar siempre distraído! El padre desvela finalmente el verdadero secreto en su palabra: ¡Te lo dije! ¡Te avisé! ¡No me hiciste caso!




domingo, 7 de febrero de 2021

Duermevelas y vigilancias. Día 7.

La memoria, de tanto recordar y recordar, termina asimilando y absorbiendo sin dejar rastro de realidad o diferencia. Se coloca tan intensamente sobre la víctima que evita todo rayo de luz y todo movimiento en salida. Solo tolera el negro hasta ser pesadamente vacío. Y con semejante poderío sigue avanzando en la historia. Es entonces cuando mastica la sopa, que es su mismo veneno. 


Quienes lo han visto, lo saben. Temen hacer cualquier gesto petrificándose y resistiendo. Se acomodan y así dicen luchar. Se envuelven en sus trapos para no ser detectados. Acuerdan pactos de indiferencia para no mirar a otro lado. Se dejan acompañar como animales. No se salen, son correctos. No se desvían encarnando rectitud. Se ajustan a los plazos y escuchan de este modo el tiempo. Se acurrucan infantilmente con miedo a casamientos. No se enganchan, ni son enganchados. Ni caen, ni levantan. Quedan permanentemente tan en el medio que el bien no les templa el ánimo, ni reciben su aliento. Con el invierno no saldrán y así es como murieron. 


Hermano y amigo, Antonio. Hoy no iba a escribir. Me he acordado tanto de ti ayer y hoy que no se me olvida que un día tuvimos tan claro el aprecio y libertad que nos movía que supimos que, en este mundo, seríamos incapaces de vivir en la misma casa. No mermó ni un ápice nuestra fraternidad, nuestro mutuo amor y nuestra amistad profunda. La casa que compartíamos era el mundo a la espera de las moradas eternas del Padre. No has muerto, lo sé; has recibido más Vida, con ese "más" tintineante del maestro Ignacio de Loyola. Reza por los que todavía somos peregrinos.  



sábado, 6 de febrero de 2021

Duermevelas y vigilancias. Día 6.

Teresa terminó ayer. Salvo en la memoria, para quien puede volver a ocurrir lo previsto. Quedaron sin contar tres puntos de novedad que en una tarde sucedieron. Mañana será, si no está siendo. Quizá si nos paramos la podamos percibir o intuir o acompañar o vislumbrar o dibujar rompiendo el mundo desde dentro, sacándolo de sí, nublando los sentidos incapaces de posarse en algo o recibiendo el exceso de la realidad saturada. 

Contempló por última vez la calle que pisaba hasta entonces cuando tocaba. En sus huellas, otros pies en el mismo sitio exacto, otras personas que estuvieron a más de un kilómetro y con las que no se pudo encontrar y las que vendrán y caerán allí por donde ella se movía. Hay una causa interna en el tiempo coincidiendo con su consecuencia. 

Quedó aquí, si no quedó ahora. Y entre las piedras la arena que se desprendía sostenía sueños y anhelos, como hijos de la luz y del agua.   

Jamás será un apéndice en mi vida. Hoy la iglesia habla mucho de fraternidad, como condición esencial del ser humano. No le falta razón. Todos hermanos, por el Padre común. Ahora bien, entre los hermanos algunos son también amigos con quienes siempre contar, en los que siempre apoyarse, a los que siempre amar, con quienes la confianza es fácil y el diálogo y la búsqueda es mayor. Hermano y amigo Antonio, con tantas lágrimas como esperanza, un abrazo enorme. Nos vemos en Dios, compañero. 





viernes, 5 de febrero de 2021

Duermevelas y vigilancias. Día 5.

Crujió el mundo y se escuchó rápidamente en el alma de los habitantes de la pequeña comunidad. Teresa vivió señalada, como los que se fueron antes que ella. Sin lágrimas, sin anticipadas despedidas. Era la rareza de la circunstancia, por todos conocida, la desembocadura se iba haciendo angosta y rigurosa. 

No hay tiempo perdido, sino solo abandonado. Las migajas que reparte se dan con extremada equitatividad. Dolorosa e injusta. Sin capacidad de más, la restricción y la obligación definen las imposibilidades futuras. Teresa ya lo tenía en el paladar en forma de desagradable bocado y no conseguía tragar con todo, ni vomitar. Destruida su rutina y su patria, no supo seguir sin regresar. 

Sobre las líneas que dibujaron su mundo golpeó primero el fuego y luego sonó la conciencia rompiendo el cielo. Desde muy lejos, kilómetros de tormentos ennegrecieron el ambiente que ya no tenía pulso. El dedo que giraba en espiral para encontrar el norte quiso guardar sus hermanos protegiéndolos y terminaron olvidados hacia el sur. Dejaron de mirar a Teresa, porque fue la única que permaneció erguida para siempre, con corazón resistente no abandonó a los suyos y, ella recuperó la memoria de los olvidados a los que nadie quiso salvar. 

Pestañeó y salió del cuadro de arena y una mota empañó con una lágrima poderosa los labios. Teresa se desconoció una vez más en tan solo veinte segundos. Lo justo en el abismo que la incordiaba cada día en las paredes que para ella eran más ventanas que espejos. 

Ansiaba que alguien cogiera su mano y tirara de ella hacia dentro, para volver a la línea de la que todos huían descalzos y ensangrentados. Prefirió ser indiferente a cualquier escena y se empujó a sí misma al margen de todos los demás, aunque nadie testificara su movimiento. 


 

jueves, 4 de febrero de 2021

Duermevelas y vigilancias. Día 4.

Teresa despertó aburrida ignorándolo. Después del despertar, venía el aseo. Luego la costumbre. No hacía falta ni mirar la agenda. Se incorporó en su ayer o mañana. Nunca nadie preguntó qué eran realmente los cuadros de colores llamados días, ni por qué eran siete, ni por qué los nombres, ni para qué los nombres si todo era igual. Homologado, homogéneo, homolítico. Palabras y raíces como piedras. Todo el día partido en líneas segmentadas y violadas, regulares y muy ordenadas. Siendo todos lo mismo, no había razón para comparar nada con nada. Estando todo calculado y pesado, se violaba sin descanso el contenido. La victoria estrangulaba, terminó venciendo. 

Como un castigo, anticipó el dolor de la pared que solo a ella parecía fusilarla. Las casillas carcelarias de las horas, aunque iguales desde fuera, engullían las personas con distinta densidad. Teresa miraba alrededor y solo veía lo mismo. Si eran horas viscosas, movedizas, ahogantes, duras, nadie lo decía. El invento de las horas democratizó la realidad. Una hora sin lo único humano es una hora y nada más. Y todos pensaban en horas. Semejante ignorancia convertía todo en tan pacífico como moribundo. 

De nuevo, Teresa quedó clavada en un instante duradero hablando con tablas y manchas, usando palabras extrañas y ajenas. Diez segundos de intemperie cayando (cayendo y callando a la vez) fuera del recuadro de lo obligado, involucrada en un cubo que la envolvía con lo nuevo y la protegía con aristas de lo común. No supo verse en una, sino en todas. La torsión y el ángulo se construían más allá de sí, y ni se desgajaban, ni se caían. Su imperfección y deformidad no atentaban contra nada, daban testimonio impuro y simbiótico del contagio de lo más cercano e íntimo. Parecían bailar sin música. Paradoja estética antiplana. En esa corriente de vida, sin confundirse, fue comprendida en lo que miraba como única.

Controló el impulso por abrir los brazos y siguió adelante con el resto de su hora. Teresa quedó marcada. Contra la no-inteligencia no había dialéctica. Resistió apretando los dientes y sin mascullar. Destapó la boca finalmente y dejó salir la esperanza con un grito apabullante. A buen seguro al llegar la tarde, su impacto se fue a la basura de los sentimientos en la limpieza interior cuando la noche levantó su mazo. 





miércoles, 3 de febrero de 2021

Duermevelas y vigilancias. Día 3. Cientos de vidas de distancia

Otro lugar igualmente impermeable y finito. Ahogadas sucesivamente las novedades todo movimiento continua rectilíneo. Las pequeñas fricciones de las rutinas sirven para mejorar el sistema. No hay choques de ningún tipo imaginable. Lo que se ve, lo que se escucha reiteran lo mismo. Los primeros mensajes que la memoria pudo guardar vuelven una y otra vez. 

El mundo de Teresa se mantiene intacto. Ni el polvo se nota entre horas. Si fuera por el espacio no existiría ni tiempo, ni vida descontrolada. Un presente continuo como es capaz de percibirlo la gran memoria a través de los muchos objetos. Da igual la perspectiva. Todo era lo mismo, sin figura definida, sin fondo. Tangencialmente se trataban para cerrar mejor el círculo. La proximidad, si era mucha, terminaba en mezcla que no correspondía a ninguno de los dos. Pero el color era señal de su mismo origen. 

Teresa se vació aquella tarde de los colores con los que se había pegado por la tarde, en una falta de atención que desatendía su obligación con la humana humanidad y sus lejanos pactos. 

Desde su herida azul se recompuso. Esa luz de color invisible dejaba a su rastro escritas en muslos, brazos, vientre y frente límites que lo absorbían todo y no conseguían diluirse. Resistiendo con fuerza a lo ajeno, sin dejarse conquistar por los demás. Aunque quietos, dejaron estelas. Salían del fondo progresivamente rompiendo el albor, su fundamento y sustento. 

Se alojó momentáneamente en la viveza del amarillo, aquí sufriente e invadido. Un lamento suspiró un minuto y medio por sí misma, al verse perdiendo, quedando invadida por sus límites, siendo habitada por mordiscos. 

Todo eran destellos en los que ir descansando las preguntas de la mirada, dilatando matices de los que no conseguiría soltarse. En el punto central de la tarde, suspendido su periodo sin comprender lo que significaba del todo, se vio a sí sin color, ni combinación, ni forma, ni fondo. Como hueco desatendido y no deseado para el que no llegó, ni valió el pigmento. Sin aparecer, sin destacar, y a la vez apretada. 

Llegaba desde lo lejano la campana del cambio de hora. 



martes, 2 de febrero de 2021

Duermevelas y vigilancias. Día 2. Teresa se rompe

Teresa se rompió. Tres faltas de atención un mismo día detectadas rápidamente. Con toda naturalidad, en el calendario apareció su última semana. No supo desembarcarse de la imagen de la madera colgada en la pared y, desde entonces, entendió que no era su mundo. 

La humanidad se defendió de la inteligencia artificial creando una anti-inteligencia en forma de depósito de identidades. Fija e inamovible. Memoria permanente capaz de repetirse cíclicamente, casi mes a mes. Lo que no cuadraba, debía ser borrado de la imagen. 

Llegó el mensaje puntualmente, como cada domingo en las tres horas destinadas para que cada uno esté consigo mismo en la soledad. Esas tres horas previas a deshacerse de sí mismo. Teresa lo recibió como todos. Sin sobresaltos, sin sorpresa. Formaba parte del mundo con el que había pactado la humanidad entera una apacible calma. Su compromiso era firme. Dentro de un mes sería repuesta por otra Teresa a quien no conocía y que continuaría en su lugar. Todo estaba pensado y calculado. Incluso estos errores se podían anticipar. 

Teresa cometió su segundo error y quiso esconderlo cuando un cuadro avisó de que había sido visto más del tiempo establecido. Se detuvo excesivamente en los detalles, los comparaba moviendo los ojos de un sitio a otro. El cuadro notó que buscaba algo en él y dio aviso rápidamente para que la No Inteligencia hiciera lo que sabe hacer. 

Teresa se fijó por primera vez en su espalda. En la suya propia. Se preguntó qué verían de ella quienes la miraban por detrás. Cómo sería su ropa, su cuerpo. Después se dividió junto con el mundo dibujado, entre lo de dentro y lo de fuera, entre el marrón y el azul claro, entre la pared plana y las minúsculas olas del mar que agitaban todo suavemente. Por último, se sintetizó y envolvió imaginándose como las cortinas de dentro que se movían con el aire de fuera, sin saber si seguir dentro o bailar fuera. Y la escena cayó en el vacío porque no había más rostro que el suyo. Odió por un segundo insuficiente y placentero la tierra que pisaba, para mojarse con el tiempo. Quiso refugiarse en su instante y perderse en él. Llegó tarde, quedó a la intemperie encerrada en su hora. Tocaba cambiar de actividad. 

Aquel día fue demasiado intenso. No estaba preparada para tanto sobresalto. 



lunes, 1 de febrero de 2021

Duermevelas y vigilancias. Día 1. El mundo.

El mundo ha sido finalmente atado y domesticado. Nadie huye ya de sí mismo. Las personas viven en casas de horarios regulados, con entornos apacibles y cercanos. Nada está más allá de una hora y nada escapa al control. Atrás quedaron tiempos dispersos en instantes, milésimas, segundos o minutos. Solo se marcan las horas con sus ceros. Lo demás, si hay algo y si fue importante, da igual, resulta indiferente.  

Las personas quedan atadas a una actividad cada hora y se mantienen en ella. Por ridículo que parezca. Se busca la esencia. Solo una y única actividad se puede ejercer. De modo que todos saben qué hacer, cómo y cuándo desde las seis, cuando todos se levantan y dedican ya su primera hora a despertar. El dominio que se ejerce sobre todo ha expulsado las preocupaciones y las sorpresas. Lo ancestral cotidiano y su rutina cargante se esfumó cuando llegó la vacuna.

La agenda se reduce a 16 acciones diarias y 8 periodos de cama o sueño. Cada persona conoce lo que sucederá en su próximo mes con exactitud. Al terminar una semana se carga la siguiente en la agenda. Se borrará todo lo demás. Ahí está todo su universo, a una hora de distancia y un mes de proximidad. Todo, absolutamente todo, queda bien programado y controlado. 

Se acabaron aquellas absurdas dedicaciones ancestrales. Las hacen unos dispositivos situados estratégicamente, especializados en una única tarea, sea la que sea. Realmente dos, eso que hacen y comunicarse entre sí para seguir controlando todo.

Se come una vez, durante una hora. Las personas se asean también durante el mismo tiempo. Deslazarse para ir o venir, son dos. Los nueve periodos restantes se equilibran en tres idénticas partes. Tres horas de trabajo, tres de hogar y tres de estar consigo mismo. Ya solo queda sentarse a despojarse de las propias pasiones que se hayan podido pegar en la jornada. Durante una hora, con técnicas especializadas y todo tipo de artes, se vacían y se vuelve al punto de partida. La última se desgasta queriendo dormir sin sueños.

Evidentemente, los niños y los jóvenes son incapaces de asumirlo. Durante años dieron muchos problemas hasta que se pudo encontrar la solución. Las tres horas consigo mismos, que lejos de pacificarlos los destruía, están encerrados en espacios amplios lejos de la mirada de los adultos y entre máquinas dedicadas a entretenerlos. En las tres horas de trabajo, lo suyo es aprender su oficio y lugar, leer un libro a la semana adaptado a su nivel y responder correctamente baterías de preguntas.

Nadie sabe, ni quiere saber, qué hay más allá de una hora de camino o un mes de vida. Todo se ve y es transparente. Los secretos carecen de sentido. En estos nuevos pueblos al descubierto se desconoce la rutina, se obvia el control. Ni siquiera se aceptan las cosas como son. Se fluye ordenadamente. Consiguieron, no se sabe bien cómo, sacar la indigente humanidad del siglo anterior de cualquier sobresalto, se dio el salto último y definitivo a la vida como deber y la tecnología volcó toda su capacidad en realizar este antiguo anhelo. Ahora, ya cumplido, todos descansan en paz.  

Teresa vio colgada una mesa en la pared hasta descuadrarse. Miró con tanta atención que deseó volver al mismo lugar al siguiente día, según su programación. En la tarde, en el vaciamiento silencioso de sí misma, comenzó a dibujar su recuerdo. Allí quedó. No supo salir por ninguna esquina de su redondez paradisíaca. 

¿Mañana más?