lunes, 19 de abril de 2021

Leyendo REPÚBLICA de Platón (37)

Comienzo en 351e hasta 352a.



En el fondo, es muy simple: la justicia conduce a la concordia y la amistad. No sabemos cómo realmente, ni qué ocurre. Porque se trata de un orden social al que solo llegamos por la contemplación, dejando de mirar lo más inmediato, para volver luego a mirarlo más de cerca y fijarnos bien. La proyección socrática sobre el mundo, con sus preguntas, de nada serviría si lo dejara todo igual. ¿Será que las personas entonces tienen que dejar de hablar y ponerse a hacer algo? ¿O será más bien, atención, que las personas en el diálogo son ya transformadas por el diálogo, traspasadas por lo que contemplan, convertidas en agentes, ahora sí, de algo más que la mera incomodidad, como resistentes y aspirantes?

O demasiado simple, o extraordinariamente complejo. O ambas. 

Hay una idea de la filosofía hoy, muy ligada al pensamiento crítico, que en realidad esconde lo que esta palabra significa y la deja en permanente debate -airado y airando- contra la injusticia, que en el fondo lo que pretende y hace -y lo sabe hacer muy bien- es enfrentar. Sin embargo, otra filosofía se trabaja más en el silencio y la conversación entre amigos como construcción esperanzada, como intento de mostrar la belleza, el bien y la verdad. La filosofía socrática viaja en esta dirección, la del acercamiento. No por la uniformidad, sino porque confía en que la proximidad del diálogo alumbra más fácilmente la verdad. Y estoy convencido de que es así, frente a todo lo demás. La cuestión de la verdad y la mentira son puramente personales. De ahí la necesidad de tratar primero lo humano. 

Trasímaco consiente que la injusticia, aunque sea en una sola persona, siempre irá en la misma dirección: disputa, enfrentamiento, división, odio, separación encaminadas a la búsqueda de la fuerza suficiente para dominarlo todo. El injusto, al menos por ahora, tiene esta capacidad, nada desdeñable, de quebrarlo todo y asegurarse pervivencia y poder en la medida en que triunfa el desconcierto y el desacuerdo. Es decir, su acción tiene por objetivo que toda paz posible no aparezca, de ningún modo. 

Sócrates lo llama "propiedad de la injusticia" en este libro, lo propio de ella, en la sucesión de dos momentos: primero, incapacidad para obrar en conjunto; segundo, existencia en la enemistad. 

οὐκοῦν τοιάνδε τινὰ φαίνεται ἔχουσα τὴν δύναμινοἵαν ἂν ἐγγένηταιεἴτε πόλει τινὶ εἴτε γένει εἴτε στρατοπέδῳ εἴτε ἄλλῳ ὁτῳοῦνπρῶτον μὲν ἀδύνατον αὐτὸ ποιεῖν πράττειν μεθ᾽ αὑτοῦ διὰ τὸ στασιάζειν καὶ διαφέρεσθαιἔτι δ᾽ ἐχθρὸν εἶναι ἑαυτῷ τε καὶ τῷ ἐναντίῳ παντὶ καὶ τῷ δικαίῳοὐχ οὕτως;

Curioso poder el que parece tener la capacidad de imposibilitar. Y curioso enemigo el que riñe consigo mismo y todo lo demás. Pero ocurrir, ocurre. 

Trasímaco asiente con una especie de "amén" orgulloso de que Sócrates le esté entendiendo tan perfectamente, creyendo que así se vence a alguien y se le somete a voluntad. Siempre me cabe la pregunta de quién lleva aquí el diálogo y plantea el tema. ¿No es quien pregunta realmente y no quien responde? ¿Aquí preguntar es afirmar o es una pregunta sincera?

Pues detengámonos en eso precisamente, examinemos al "injusto" consigo mismo, en sí mismo y con atención. Siendo injusto y obrando así, ¿también hacia él mismo? Y la respuesta es: ¡Evidentemente que sí! ¡De dónde, si no, proviene la maldad y quién la sufre primero, antes que nadie: el injusto! 

En consecuencia, el injusto es incapaz de obrar porque está siempre en conflicto, sin saber hacia dónde ir y en discordia por falta de consenso, y después, además, hostilizándose. 

καὶ ἐν ἑνὶ δὴ οἶμαι ἐνοῦσα ταὐτὰ ταῦτα ποιήσει ἅπερ πέφυκεν ἐργάζεσθαιπρῶτον μὲν ἀδύνατον αὐτὸν πράττειν ποιήσει στασιάζοντα καὶ οὐχ ὁμονοοῦντα αὐτὸν ἑαυτῷἔπειτα ἐχθρὸν καὶ ἑαυτῷ καὶ τοῖς δικαίοις γάρ;

Casi lo mismo que respecto de dos o más. Salvo que aquí se retira del primer momento "lo común" y aparece en el "no-acuerdo consigo mismo". Un detalle significativo, que abre una enorme comprensión sobre el problema del mal. 

Sócrates cambia: "¿Y los dioses son justos?"  Trasímaco complace. Sócrates concluye: "Luego el injusto será hostil a los dioses, y el justo será amigo de ellos."

καὶ θεοῖς ἄρα ἐχθρὸς ἔσται  ἄδικος Θρασύμαχε δὲ δίκαιος φίλος.

Hasta aquí hoy. Mañana más. En otro momento ya estudié el tema de los dioses, por encima siempre, dada mi capacidad. Pero resultó apasionante entrever la cuestión al modo como Sócrates la plantea. Y es bello contemplar hoy la "piedad" como justicia que convierte en amigo a aquel que trata con ellos. Una especie de amistad temática, en la que el tema desborda con mucho la posibilidad de verlo cerrado y ante los ojos, si es que algo se puede ver de ese modo realmente. 







domingo, 18 de abril de 2021

Leyendo REPÚBLICA de Platón (36)

Comienzo en 351d hasta 351e.



Es difícilmente imaginable, al menos para mí, pensar cuántas personas habrán leído este texto y se habrán detenido en el último punto, esa frase contundente de 350d. Y celebro el esfuerzo socrático por buscar lo mejor, detenerse en lo bueno y no ser un permanente análisis de lo peor, caída en el infierno de la negatividad y constante depresor. Platón cuestiona también ese modo de proceder, el que se contagia de la maldad y quiebra el espinazo de la esperanza. 

Lo repito: 

στάσεις γάρ που Θρασύμαχε γε ἀδικία καὶ μίση καὶ μάχας ἐν ἀλλήλοις παρέχει δὲ δικαιοσύνη ὁμόνοιαν καὶ φιλίαν γάρ;

La justicia provoca estar de acuerdo y amistad, sin que probablemente una y otra sean muy diferentes entre sí realmente, cuando son verdadero acuerdo y sincera amistad. No se trata de un pacto de no agresión, ni un acuerdo de mínimos, ni el reconocimiento de una parte común. Más bien está vinculado a una verticalidad que, sacando a uno y otro de sí, los conduce a algo superior. La "homología" se da con la razón, no entre personas. 

De la amistad podríamos hablar de otro modo, más horizontal. Sin ser nunca del todo el cierre de uno sobre el otro. Estaría vista esa relación en un difícil y exigente articulado que convierte al amigo en gratuidad para el otro y vive ahí un mutuo desinterés, con ese reconocimiento. Trasladarlo, de buenas a primeras a otros campos, devendría en reducción de la misma justicia. 

Recorrer la conexión de estas tres palabras en los textos platónicos aportaría mucha luz a la cuestión. Sobre cuándo van unidas en pares y cuándo aparecen las tres, como aquí, esclareciéndose mutuamente. Probablemente muchos lo han hecho ya, con tiempo. 

Seguimos. Pareciera que hablar así empujaría el diálogo en dirección a la justicia, porque a lo mejor "haciéndola" en el diálogo, ejerciéndola y no solo "pensándola", se pensaba incluso mejor. El orden importa mucho. Pero detrás de la acción está la voluntad, como es probable que detrás de pensar está el ver. Y empezar por aquí daría resultados mucho más fecundos, porque lo que hacemos lo podemos ver mejor en nosotros mismos y, por tanto, pensarlo. Sin embargo, la voluntad de Trasímaco no está puesta aquí enteramente, por mucho elogio que haya recibido. Ahora, el que antes era aplaudido, toma una posición anteriormente ridiculizada. Algo así como: "Venga, vale. Si tú lo dices, habrá que aceptarlo. Si no lo hago, nos tendremos que detener y ya estoy cansado."

ἔστω δ᾽ ὅςἵνα σοι μὴ διαφέρωμαι.

Enredándose continuamente consigo mismo, es cansado seguir escuchando a Trasímaco con su desdén y complacencia infantil. No entiendo bien que Sócrates aguante, como lo hace, porque es para cerrar y dejar de invertir tiempo en alguien tan impertinente. Sin duda, es lo que suele hacerse en situaciones así. O se ejerce la posición de poder, o lo dejamos ir. 

Sócrates, al contrario. Con tal de que seguir ahí donde está, acepta lo que sea. Trasímaco, según parece, al menos está siendo fiel a sí mismo. Y, tan es así, que como el diálogo sobre la justicia se trata de vivirla primeramente como decía antes, entonces adelanta una pregunta más por si alguien quiere verse en ella retratado. En consonancia con lo cual, Trasímaco no es para Sócrates un cualquiera, sino, a pesar de todo y lo más aparente, un amigo. Y con el amigo siempre se está. 

ἀλλ᾽ εὖ γε σὺ ποιῶν ἄριστετόδε δέ μοι λέγεἆρα εἰ τοῦτο ἔργον ἀδικίαςμῖσος ἐμποιεῖν ὅπου ἂν ἐνῇοὐ καὶ ἐν ἐλευθέροις τε καὶ δούλοις ἐγγιγνομένη μισεῖν ποιήσει ἀλλήλους καὶ στασιάζειν καὶ ἀδυνάτους εἶναι κοινῇ μετ᾽ἀλλήλων πράττειν;

La reiteración permanente del "mutuamente", del "unos a otros", es la clave. Al final de la pregunta resuena como lo definitivo y lo que debe considerarse respecto a todo lo anterior. 

Pero haces muy bien, mi excelente amigo. Y ahora dime esto: si la obra de la injusticia es crear odio allí donde se encuentre, al surgir entre hombres libres o bien entre esclavos, ¿no hará que se odien y disputen entre sí, de modo que sean incapaces de hacer juntos algo en común?

En serio, qué pregunta. Bien sencilla y clara. Bien asentada sobre todo lo anterior. Bien directa, incluso en el discurso mismo. Algo que no es para luego, ni un plan para los próximos días. Afecta al ritmo mismo de la conversación, no a esos Estados que están debatiendo entre sí mismos. Se está mostrando en el diálogo mismo detrás de cada pregunta y de cada respuesta. Es su puesta en escena al tiempo que se habla de ella. Forma y fondo simultáneamente planteados. 

En la pregunta aparecen ya unidas la comunión y el mutuamente:

 κοινῇ μετ᾽ἀλλήλων 

No hace falta decir mucho más. El bien común no es algo ahí, sino lo que se hace mutuamente, lo que implica a unos con otros, propiamente hablando. ¿La injusticia es la causa de la incapacidad para alcanzarlo, es decir, la que divide todo? Y da igual, entre quién, porque en el momento en el que aparezca alguien con la injusticia sobre el brazo la comunión saldrá por la puerta. 

¿Se trata de una ironía? ¿Se trata de mostrar, al mismo tiempo que se dicen estas cosas, que esto realmente no puede suceder, salvo que se le conceda a la injusticia un poder que realmente no tiene, salvo el de convertir al que es justo en injusto, pero que es algo que realmente la injusticia no puede hacer salvo cuando la persona justa deja de serlo por ella misma? Creo que se entiende. Irónico. Pero poca broma. 

La pregunta es, como hace un momento en el diálogo: ¿Qué poder tiene la justicia y qué poder tiene la injusticia? Esa es la cuestión. Y poder verlo bien, para vaciar al máximo la injusticia de contenido y fuerza, reírse de ella y decirle a la cara que no puede lograr lo que realmente busca, porque es débil e incierta. ¿Quién será capaz de algo así? ¿Es lo que Sócrates está haciendo en el discurso precisamente, al no moverse de allí pase lo que pase?

¿Y cuando la injusticia mata, de las muchas maneras que saben hacerlo las personas? ¿Tampoco ahí es fuerte y poderosa? ¿Hay alguien más poderoso que la injusticia, capaz de vencerla con algo diferente a ella, dejando la injusticia a un lado? ¿O no? 

sábado, 17 de abril de 2021

Leyendo REPÚBLICA de Platón (35)

Comienzo en 351c hasta 351d.



Trasímaco complaciente vuelve a responder a Sócrates. ¿Algún grupo -interesante salto a lo político, a lo social para ver la dimensión de la justicia en su ámbito propio- puede tener éxito si cometen injusticias entre sí? Es decir, un grupo formado por personas injustas, que se comporten injustamente por lo tanto, ¿podrá tener éxito en sus acciones como grupo?

δοκεῖς ἂν  πόλιν  στρατόπεδον  λῃστὰς  κλέπτας  ἄλλο τι ἔθνοςὅσα κοινῇ ἐπί τι ἔρχεται ἀδίκωςπρᾶξαι ἄν τι δύνασθαιεἰ ἀδικοῖεν ἀλλήλους;

Una vez más, aparece una palabra interesantísima al final: mutuamente, unos a otros, entre ellos, entre sí como grupo. Este "entre sí" es muy parecido al "a mí mismo", como queriendo decir que aquello que hago a otro, en tanto que no soy lejano a él sino que pertenecemos al mismo grupo, en realidad nos lo hacemos también a nosotros mismos. Los ecos de esta palabra y pregunta llegan, como todo el mundo sabrá, hasta el mismo evangelio y el corazón de la nueva Alianza. Además, con la misma palabra. 

La pregunta, con este ἀλλήλων cambia radicalmente. Es el giro socrático por excelencia: que una acción es más sobre uno mismo que sobre el otro; que lo que hago a otro, deseo y quiero para otro, vivo con otro, realmente me lo hago a mí mismo; y lo que doy, se entrega, se hace no es algo particular sino un indivisible humano, con algo de misterio, que es la persona misma en toda su amplitud, sin que quepa un fraccionamiento tal que lo fragmente aquí y ahora, en esto o en aquello. De modo que, abierta en el ἀλλήλων la cuestión de la pertenencia, realmente toda acción humana, sea la que sea, aunque aquí tratemos de la justicia, es una acción sobre la humanidad de toda persona, en todo tiempo, en todo lugar, en toda circunstancia, en todo lo que después se pueda matizar como una dimensión sin ruptura alguna de su común pertenencia. 

Dicho más suavemente, ver que en realidad jamás seremos individuos tan aislados que no tengamos nada que ver con otros implica que eso que consideramos como mío, propio y ajeno a otros realmente no lo es tanto. Y aquí es muy interesante contemplar el espejismo, en esta dirección, que es realmente, en las palabras que maneja Platón, la πόλις. 

El proyecto humano, cualquier iniciativa humana en cualquier acción humana no tiene éxito, no alcanza su fin entre injusticias. ¿Por qué? Porque la injusticia introduce en la historia la mentira de una división, el mal de la ruptura de la humanidad consigo misma. La injusticia incapacita (δύνασθαι, de δῠ́νᾰμαι) para ser personas. 

El resumen es potentísimo, por contraste. El resumen capacita para ver caminos y riesgos, y lo dice con tal contundencia que asusta: 

En efecto, Trasímaco, la injusticia produce entre unos y otros discordias, odios y disputas; la justicia, en cambio, concordia y amistad. ¿No es así?

En griego (siempre, fuente Perseus):  

στάσεις γάρ που Θρασύμαχε 

 γε ἀδικία καὶ μίση καὶ μάχας ἐν ἀλλήλοις παρέχει 

 δὲ δικαιοσύνη ὁμόνοιαν καὶ φιλίαν 

 γάρ;

El verbo παρέχω repite una cuestión ya introducida anteriormente. Algo así como que todo este diálogo, que habla sobre la justicia y quiere "definirla", "determinarla", "examinarla" en todo lo que se pueda, realmente sabe que no terminará salvo en alguna cuestión importante con miras a algo mayor. La justicia y la injusticia no son fin en sí mismas, sirven a algo mayor, ofrecen algo a la humanidad, traen consigo un valor con ellas mismas situando a la humanidad en su conjunto y de cada persona mirando en alguna dirección, capacitan o incapacitan. Y aquí, sutilmente, la injusticia no queda en la negatividad y carencia, sino que se muestra como sierva de algo mayor. 

Hay que mirar, cuando haya tiempo, cómo una cuestión se desdobla en Sócrates cuando la analiza. De un principio, se abren otras dos, se desgranan otras interesantes, se mira de qué está compuesto como en una disección en la que se divide. Lo cual no es, por tanto, una simplicación de componentes, sino casi lo contrario: una mayor complejidad de golpe, a medida que se van viendo los temas con detenimiento. 

Del lado de la injusticia: μίση καὶ μάχας. Del lado de la justicia: ὁμόνοιαν καὶ φιλίαν. No se puede decir más claramente. Los dejamos en "acusativo singular", con ese "sentido", con esa "dirección", con el "hacia" que comportan y que los deja, de alguna manera, como flechas en el discurso más que como realidades cerradas. Al mismo tiempo que nos visita el acusativo, el acusativo nos saca de nuestra realidad siendo incapaces de asumirla y completarla por completo. 

El Estado injusto que ataca a otro Estado, lo hace primero dividiendo la humanidad en dos, cometiendo esa injusticia por tanto, a la que no hay derecho (lo legal va por otro lado, que aquí no considero) ni tiene sentido, y al atacarlo creyendo que puede cometer un mal, lo que realmente sucede es que se hace daño a sí mismo. Sin embargo, el Estado justo considerará también, en este sentido, la humanidad en su amplitud y, por lo tanto, se hará a sí misma un bien al mismo tiempo que genera concordia y amistad. 

 


viernes, 16 de abril de 2021

Leyendo REPÚBLICA de Platón (34)

Comienzo en 350d hasta 351c.



Sócrates pregunta. No es un mero ejercicio. Sabemos que hay distintos tipos de preguntas y distintas formas de preguntar. Preguntas abiertas, otras cerradas. Preguntas con respuesta en la misma pregunta, otras sin respuesta, por el momento. Preguntas simples o complejas. Preguntas sustanciales o sin sustancia. Preguntas a uno mismo, a otros, a alguien. Preguntas matemáticas o existenciales. Preguntas en las que nos jugamos la vida, preguntas por curiosidad o preguntas por preguntar algo. Cada cual que lo mire bien. Preguntas que se dicen, otras que se callan. Preguntas que se hacen en silencio, preguntas que no preguntan lo que quieren preguntar. Preguntas con sorpresa, preguntas que sorprenden. Preguntas, también, como regalo. Preguntas que harán girar la vida en una u otra dirección, preguntas que todo lo dejan igual. Preguntas que ordenan y preguntas que remueven demasiado. Las preguntas socráticas son unas entre muchas. 

El discípulo preguntón quiere proceder con orden y en concierto. Es un camino, por decirlo así, claro y seguro. Aunque estrecho, por decirlo de algún modo. Es difícil transitarlo porque es difícil no salirse de ahí: orden y claridad. 

La pregunta por la que continúa el diálogo entre Trasímaco y Sócrates es, en principio, sencilla: cómo se comprenden mutuamente la justicia y la injusticia, qué relación hay entre ellas. 

ὁποῖόν τι τυγχάνει ὂν δικαιοσύνη πρὸς ἀδικίαν.

En el lenguaje que manejamos, diríamos que son contrarias entre sí. Pero, entre todo lo posible, Sócrates está interesado en lo que había dicho anteriormente, en el principio de todo esto. ¿Cuál de las dos es "más poderosa y más fuerte"? ¿Cuál situamos arriba y cuál abajo? ¿Cuál es superior? ¿Cuál ejerce el poder verdaderamente? Dando a entender, por tanto, que una precede a la anterior. Que, dicho así rápidamente, una es en origen y otra será degradación. O algo así. Pero bueno, ya estaba claro desde antes. Porque si la justicia es excelencia y sabiduría, entonces es más fuerte que la injusticia, que es la ignorancia. Una es en plenitud, mientras que de la otra solo hablamos como carencia y miseria. 

Sócrates prefiere otro camino, volviendo a mirar al Estado y a la relación con otros Estados. ¿Pueden ser injustos y, por tanto, someter a otros bajo su fuerza y poder? Y Trasímaco, como es de esperar, entra como elefante en cacharrería, tal y como Sócrates espera que responda: "¡Claro que sí! Y el mejor Estado, que es el más injusto, lo llevará a cabo antes que ningún otro y del modo más perfecto." 

O sea, las conclusiones que han sacado antes de nada han servido. Porque o no han prendido bien en Trasímaco, o están débiles todavía y no muestran toda su fuerza lógica, o bien Trasímaco ni recuerda lo dicho y todo el diálogo ha quedado en el olvido más profundo y lejano. ¿Qué habrá pasado?

Lo dicho, Sócrates le responde: "Por aquí te esperaba venir. Esta es tu tesis." Lo que, en cierto modo, significa que, al menos, Trasímaco está respondiendo conforme a la norma impuesta: decir lo que opina y solo eso, no decir lo que no opina realmente. No salirse de ahí, con sus estrecheces y mostrarse ligero de equipaje para ir depurando lo acumulado incrédulamente o por miedo. No hay duda. 

Entonces, vamos a lo siguiente. Esta es la situación. Un Estado conquista a otro injustamente, prevalece sobre él. Es decir, se sitúa por arriba, con poder. "¿Ha de mantener ese poder sin justicia, o le será forzoso contar con justicia?" ¿Injusticia solo para el principio, cuando alcanza el poder, o para siempre? ¿Es injusto solo al conquistar y ponerse por encima, o también después para mantenerse en él? ¿Un Estado injusto -como si fuera un bloque de personas o una persona en bloque- tomará para sí a otro Estado cuando lo conquista, o mantendrá la diferencia con él, le tendrá siempre miedo y tendrá que comportarse injustamente? ¿Cómo es el asunto, Trasímaco?

Y Trasímaco responde: con injusticia, siempre con injusticia. Lo que no entiendo es que apunte que, si fuera como Sócrates dice, y la justicia fuera sabiduría, entonces la necesitaría. ¿No habíamos quedado en que Trasímaco también había aceptado eso? ¿Se le viene encima, y lo dice, porque encuentra que ya algo comienza a flaquear por algún lado, a la segunda pregunta? ¿Será que tiene que responder injusticia en todo y cree que esa es su opinión?

Se trata de eso y Sócrates lo celebra. Como sea, incluso con breves comentarios, que siga mostrando y haciendo brillar su opinión. No limitarse a fantochear y participar. Solo así puede haber auténtica transformación y es esperanzador el diálogo.

πάνυ ἄγαμαιἦν δ᾽ ἐγώ Θρασύμαχεὅτι οὐκ ἐπινεύεις μόνον καὶ ἀνανεύειςἀλλὰ καὶ ἀποκρίνῃ πάνυ καλῶς

El otro día, Sócrates estaba sorprendido, por algo que no había visto jamás. Según él. Ahora, se muestra encantado, complacido con todo, más que cómodo. En carne y hueso, Sócrates. Trasímaco responde muy bien. Y, con su actual tono, lo celebra y lo reconoce. Y, a partir de aquí, ya se deja oler la ironía desde la distancia. "¿Trasímaco no asiente y disiente con la cabeza?" ¡Qué grande! Si no es con la cabeza, entonces, ¿con qué? Aquí lo dejo. 


jueves, 15 de abril de 2021

Leyendo REPÚBLICA de Platón (33)

Comienzo en 350d hasta 350e. 


El párrafo descriptivo de 350d resulta esperanzador. Será lento y trabajoso el proceso de concordia con la razón, pero es posible. Hay que atravesar el diálogo, hay que pasar por él con lo que implica. Y hacerlo enteramente. "En cuerpo y alma." Y no detenerse una vez probada su medicina. Así que, adelante. 

Sócrates recuerda que había quedado algo por examinar, que no puede dejarse para otro día. Establecemos que la justicia es bien y sabiduría. Entonces, ¿la injusticia sigue siendo "fuerte",  ἰσχυρὸν? Y cabe recordar, porque el paréntesis por otros asuntos ha sido largo, que todo comenzó con la debilidad y la precariedad de la justicia, que parecía impropiamente buena y sabia, en tanto que no permitía conseguir a quien la ejercía lo que parece desear toda persona. 

Trasímaco toma la palabra para volver a las andadas, para mostrarse otra vez airado. Contra la "síntesis" hecha reclamada de nuevo que él tiene que decir muchas cosas y, sin embargo, Sócrates se lo impide. ¿Cómo es posible que no le permita hablar como quiere? ¡Porque Sócrates pregunta! ¡Y sus preguntas tienen mucha fuerza! 

Dice que él puede comportarse como una vieja. Hoy diríamos como un loco. Y dedicarse a responder que todo está bien y a mover la cabeza. Ser pura apariencia en el discurso. Un eco más. Un fantoche teatrero, sin dar el pego. Ridiculizando a Sócrates haciendo que dialoga, pero dejando en evidencia que se mantiene al margen y se lo toma como burla. Creo que realmente quiere ser un niño y, con este ademán, lo demuestra nuevamente. Trasímaco todavía está verde, aunque se cree maduro. Y esta es la forma que tiene de patalear e indignarse. 

Le pide a Sócrates algo asombroso: "Déjame hablar como yo quiero." Esta es la tesitura. Que viene a ser, en su caso: "Déjame utilizar las artes retóricas que mis maestros sofistas me han enseñado. Déjame apoderarme de la palabra, hasta agotarla por mí mismo." Esta es la retórica que se enseñaba: el arte de callar a otros ejerciendo el discurso, es decir, impedir el diálogo. De ahí que la pregunta no sea jamás bienvenida cuando es reiterada, repetitiva y constante. Se acepta la pregunta como primer momento y se busca ofrecer una respuesta con-vincente, que venza y derrote, que haga surgir el aplauso y la condescendencia. 

Sin inmutarse, Sócrates le recuerda la regla fundamental. Haz lo que quieras, habla como quieras y compórtate como quieras...

Pero de modo que, en ningún caso, sea contra tu propia opinión. 

μηδαμῶςἦν δ᾽ ἐγώπαρά γε τὴν σαυτοῦ δόξαν.

Muy importante. Muy importante. Cuestión fundamental, que ojalá se mantuviera siempre. Jamás hablar contra la opinión propia. Porque opinión aquí no es "pensamiento", "creencia", "imaginación", "discurso", sino la vida personal en su capacidad de mostrarse. Jamás, qué interesante sería una vida así, en cierto modo, y qué peligrosa en tantos otros, hablar contra uno mismo. 

Creo que se pone encima de la mesa, a la luz de todos los demás una cuestión muy relevante en la que no reparamos cotidianamente: las palabras no solo pueden ocultarnos y protegernos, mostrando lo que no somos; también encerrarnos, sin duda; y, más aún, hacernos daño, una profunda herida existencial, vital, moral. Daría mucho. Da mucho que pensar. 

El caso es que, sea como sea la cuestión, al final Sócrates ejercerá su papel de discípulo incómodo y preguntará. 

ἐγὼ δὲ ἐρωτήσω.

ἐρώτα δή.


miércoles, 14 de abril de 2021

Leyendo REPÚBLICA de Platón (32)

Comienzo en 350c hasta 350d. 

Con mirada amplia, lo que está ocurriendo en el diálogo no puede pasar desapercibido a ningún lector. El diálogo calma, serena, tranquiliza, pacifica. Los primeros golpes con los que empezó Trasímaco a enfrentarse a Sócrates sin duda alguna hieren, distancian. Solo el quedarse socrático y permanecer resistiendo en el diálogo y conducir una y otra vez con preguntas pueden -ahora sí- dar a luz un hombre nuevo ajustado con su propia racionalidad. El Trasímaco exaltado del inicio se modera y adquiere "prudencia" (una forma de inteligencia) con la paciencia del interlocutor y mirando la realidad con un método sencillo, sin alambiques, sin púas. De este modo puede avanzar la razón. Sócrates y Trasímaco, y no es cualquier paso, se reconocen "homologados", se reconocen "de acuerdo". 

Pocas veces encontramos en los textos platónicos la referencia al esfuerzo y la vergüenza como se describen respecto de Trasímaco. Y se apunta, creo yo, no para ridiculizar a Trasímaco, sino más bien al contrario, para poner en valor, para destacar el esfuerzo que hay que hacer para cambiar de opinión, para cambiar públicamente al menos de parecer y en el modo de aparecer ante los demás. No es que Trasímaco haya chocado con Sócrates, sino sobre todo consigo mismo y su dureza. 

Para empezar, que nadie piense que fue tan fácil, rápido y sencillo. O sea, esto es una "síntesis" de algo mucho más extenso, difícil, complejo, como es la conversación entre dos personas cuyo punto de partida sea enfrentado, casi agresivo. Pero cabe esperanza, en la medida en que la Razón serene la racionalidad y deje verse en cada uno.  

Merece la pena leerlo bien todo y apareciar las palabras. 

"Trasímaco convino en todo esto, pero no tan fácilmente como lo narro ahora, sino que lo hizo compelido y a regañadientes, con gran sudor, más aún por el calor que había. Entonces vi algo que nunca había visto antes: Trasímaco enrojecía. Ahora bien, después de que hubimos convenido en que la justicia es excelencia y sabiduría y la injusticia, en cambio, malogro e ignorancia, dije:..."

Lo divido, en griego -siempre desde lo disponible en la web Perseus-, para verlo poco a poco, con mayor detenimiento:  

ὁ δὴ Θρασύμαχος ὡμολόγησε μὲν πάντα ταῦτα, 
 
οὐχ ὡς ἐγὼ νῦν ῥᾳδίως λέγω,  
 
ἀλλ᾽ ἑλκόμενος καὶ μόγις,  
 
μετὰ ἱδρῶτος θαυμαστοῦ ὅσου, ἅτε καὶ θέρους ὄντος
 
—τότε καὶ εἶδον ἐγώ, πρότερον δὲ οὔπω, Θρασύμαχον ἐρυθριῶντα—  
 
ἐπειδὴ δὲ οὖν διωμολογησάμεθα  
 
τὴν δικαιοσύνην ἀρετὴν εἶναι καὶ σοφίαν, 
 
τὴν δὲ ἀδικίαν κακίαν τε καὶ ἀμαθίαν, ...

Ojalá pudiera detenerme más en la descripción de este ejercicio (también físico y no solo del alma, como se vende a Platón comúnmente, con un dualismo torpe, desgarrador y despreciativo) en el que la persona enteramente se sitúa en diálogo.

Se ponen de acuerdo, efectivamente, a través del ponerse de acuerdo. Y no es un juego de palabras. Con contenido, no meramente formalismo, no con modos abstractos. Hay distancia respecto de las "cosas mismas", pero no despreocupación ni ruptura. No sé cómo decirlo exactamente, porque las palabras que tengo no son del todo adecuadas ni para mí, así que pienso algunas veces en que no se pueden leer de modo simple, sino como pistas o señales hacia eso que es lo que quiero señalar. Lo dicho, no es "alejamiento" de la realidad, sino vérselas precisamente con ellas. 

Lo alcanzando no es poco, aunque se pueda decir en una frase. ¿Hablamos de concordar, de homologar personas? ¿Pasamos ahora a concordar, también a homologar la realidad? ¿Se trata de ordenar, situar, colocar, contemplar las vida en su comunión y su ruptura, en su horizonte y su límite? Lo repito, concuerdan las personas y la realidad. Y cuando hay concordia entre las personas, hay desacuerdo en la realidad. Se invierte el desorden desde el orden entre las personas. Cuando Trasímaco y Sócrates se dan la mano, la realidad se divide. Y lo que parte en dos la realidad, quizá más la que está por estrenar y por llegar que aquella que se analiza a toro pasado o como búhos en la noche, es: el bien y la sabiduría, que no se mezclan ni con el mal ni la ignorancia sino que las impiden, las borran. 

El bien y la sabiduría, con todos mis respectos, es lo que más interesa a las personas, con diferencia. Aunque la palabra "interés" es terrible. Porque, al mismo tiempo, su alcance y recepción exigen el "desinterés" de algún modo. 

Es curioso, por dar palos a los filósofos, como responsables de algo especial que ellos cultivan y guardan, que Sócrates (Platón, que a veces diferencio, otras lo confundo provocadoramente) sea explicado desde la ignorancia más que desde la bondad, que sea intelectualizado mucho más que "desbordado" por la raíz en la que está anclado, entre tierra y mar, más que "nublado" en los cielos: la búsqueda del bien como excelencia, con huellas en todo.