lunes, 26 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 75. (Platón, 346b - 347b)

Se va esclareciendo -un poco- por dónde va Sócrates conversando con Protágoras. ¿Quién está tratando con quién, por decirlo al modo como Protágoras habló al principio de su intervención? ¿Qué es la filosofía cuando pone más énfasis en la filia, en la búsqueda amorosa, en la cercanía, en la persistencia y permanencia junto al otro? ¡Hay que aguantar para no separarse demasiado! ¡Hay que vivirlo!

Es verdad que el mundo de los grises, sin reconocer blancos y negros, es más que cómodo. No exige nada, porque es pura conformidad. Se da por sentado antes de comenzar y no aporta nada. Todo es gris. ¡Cuidado con los blancos y negros, con esa especie de extremismo radical que habla del bien y del mal, de lo blanco y de lo negro y que quiere poner orden, proporción y equilibrio! ¿Qué equilibrio cabe entre el bien y el mal? ¿No será la mezcla siempre perversión y pérdida? ¿De qué somos capaces de hablar y vivir? El asunto es importantísimo. Y no sé por momentos a qué se teme más y de qué se anda la persona alejando: si del mal, para no ser dañado o herido; o del bien, para no ser llamado, interpelado, interrumpido. 

En la palabra "interrupción" hay tiempo y quiebra, o una distancia que cobija la libertad en su separación del mundo. Escucho hablar del "amor al mundo" y me surgen dos dudas o tres: de qué amor hablamos, porque pienso que el amor propio no es tal amor; a qué mundo nos referimos y si por mundo entendemos una totalidad en la que los otros son parte, sin separación de otras circunstancias; y, tercera, si cabe hablar de algo así como un mundo de amor, más que de un amor al mundo, porque me temo que en el amor al mundo hay más adaptación acomodaticia que construcción de algo a la altura imposible de la humanidad que habita en él. Interrupción es esto, que tantas y tantas veces ocurre al margen de nosotros mismos, anormalizando su desarrollo, abocando a lo inesperado, sorprendiendo en la calma o en la tormenta o donde sea. Esta "interrupción" de la normalidad no puede ser un instante, sino algo más alto y ancho como mínimo, de mayor impacto del que se escribe y describe habitualmente. Y sucede cada día. 

Parece que el poeta acepta "los términos medios para no censurar", porque el juicio que se hace cuando se habla de lo bueno y lo malo está ahí y permanece. No censurar para no atreverse a que se escuche lo diferente. No sea que la masa revolucionara se revuelva y vaya contra él, dejando de aplaudir sus poemas, sus reflexiones, sus cantos. No sea que saliéndose de la norma y el equilibrio social acomodado aparezca lo que el gris esconde y acalla, al saber de la presencia del mal y de la posibilidad radical del bien. El bien sí que es radical. 

Elogiar a cualquiera... ¡Cuidado, cuidado! Se me ocurren ejemplos de condenas extremísimas que aceptamos históricamente sin desvaríos. ¿Será que no son elogios auténticos los que no dicen nada más que una parte de la verdad? ¿Será que no aceptamos la posibilidad de silenciar lo otro? ¿Elogiar a cualquiera? Elogiar solo se puede elogiar el bien. ¿Todos tienen algo bueno que reflejar? ¿Todos?

Eso sí, si dejásemos de premiar, de elogiar el mal, la acción mala... si recuperásemos la bondad de la persona, la acción buena y no solo el simple deseo... Pero para eso hay que ver mucho positivo, frente a lo negativo que resta continuamente y empobrece lo que fue posible... ¡Mucho hay que ver, mucho hay que saber, mucho hay que haber vivido! 

Y termina su interpretación del poema. Casi se nos olvida que Pródico y Protágoras estaban ahí. Y que este discurso comenzó como alegato de la brevedad y ha sido una hermenéutica completa del poema, un comentario de texto longevo que se seguirá escuchando de mil maneras... 

Dicho lo cual, ambos siguen callados. Ni se les espera de momento. Porque Hipias sí que ha tomado la palabra para pedir tiempo para su propio discurso. De momento, sin más referencia a Sócrates que un genérico "te has explicado bien" sin contenido, sin objeto alguno referido. Como los sofistas estaban acostumbrados a estas exhibiciones, Hipias es más que sincero: "Tengo un discurso sobre el tema que va bien y que os voy a recitar en seguida." Es decir, por si no se entiende, Hipias tiene enlatado un discurso que usa aquí y allá según convenga, y le parece que es el momento de volver a repetirlo. Sin mas. Venía ya de antes. De nada, según parece, ha servido la intervención de Sócrates. Qué más da el diálogo, que aparece despreciado. 

Alcibíades sale al quite. "¡Mejor lo dejamos para otro momento, Hipias!" Y vuelve a centrar en lo dicho antes: que ahora toca el diálogo, que ahora es tiempo de preguntas. Tal y como hacemos en las exposiciones generales, en las clases tras la presentación de contenidos. ¿Nos ponemos manos a la obra porque es ahora cuando llega lo verdaderamente importante? ¿Qué hay que hacer si no esto, reaccionar, reactivar, recibir?

Sócrates dice: "Dejo a Protágoras lo que le sea más agradable." Un buen modo, más que cortesía. Es ya la primera pregunta. ¿Qué quieres hacer con todo esto y cómo te encuentras mejor para proseguir la investigación? ¿Eliges? ¿Dices algo? ¿Estás ahí, Protágoras? ¿Qué has escuchado? Tanto si pregunta, como si acepta responder será a cambio de hacerse mínimamente responsable de haber escuchado y entendido algo. Lo cual, si me ocurriera a mí, ya digo que sería muy difícil sin lápiz, papel y algo más de inteligencia de la que tengo. Porque el discurso, con el que Sócrates ha dado a probar al sofista su propia medicina deslumbrante y ataviada de muchos círculos e idas y vueltas, ha sido largo, intenso y, a ratos, de detalle. No hay solo una o dos contradicciones, una o dos vueltas a lo mismo y lo contrario. Hay más. ¿Qué puede hacer un mortal en estas circunstancias?

Me pregunto qué elegiría yo. Preguntar es haber entendido. Responder es dejarse examinar. Lo primero sería de "más sabio". Lo segundo da al traste con "la relevancia" que se desea tener y por la que quiere alguien ser reconocido. ¿Será capaz de poner a prueba a Sócrates o no quedará otra que continuar aceptando el lugar del discípulo examinado? ¿Se verá todo esto?




domingo, 25 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 74. (Platón, 345d - 346b)

Vuelvo sobre el tema de ayer. Comienzo casi del mismo modo. Perdón por la repetición. Lo creo necesario. El asunto es que del bien y del mal no se escribe de cualquier manera o no se debería hacer. Y que cuando nos tenemos que parar a pensar sobre ello es siempre "tarde", sin antelación. De ahí que nuestra posición más sincera sea una ignorancia más que reconocida y una precariedad en los instrumentos notables. 

El niño que se plantea que ciertas decisiones de sus padres son malas para él y le da vueltas y vueltas, porque la vida es siempre injusta y no le da tregua, en el fondo no habla del bien y del mal, sino de sí mismo y todo lo demás, junto con su deseo de no tener obligación y responsabilidad alguna, porque eso "carga". Quien se plantea el bien y el mal está ya y se ve ya "cargando" necesariamente y sin salida con una realidad que, podríamos decir que como un niño que empieza, le supera ampliamente y en la que no cabe otra que verse implicado, haciendo sin saber de las consecuencias de lo que hace. 

Si del bien y del mal hablásemos así, con su profundidad propia, poco menos que el alma se desgarraría entera. Tanto por lo hecho como por la presión de lo que queda por hacer. E, insisto, no queda otra que actuar. Lo repito, no hay salida. Estamos de lleno en eso. 

Solo alguien que ignora esto puede vivir tan distraídamente de sí mismo que, en el fondo, le da igual su propia persona, la de los de alrededor y no digamos los otros que no conoce y que están viviendo las consecuencias de sus decisiones. No es una exageración, por supuesto. Si no se ve es porque falta profundidad al reconocer lo decisivo que es esto de lo que hablamos. Todos sabemos que quien construye un fusil no mata a nadie. ¡Claro que no! Ni quien compra esto o aquello tampoco es un opresor que paga injustamente. ¡Claro que no! Ni quien hace a medias ciertas obligaciones se puede decir que sea un vago que enseña a otros a vaguear y trampear por su comodidad, pase lo que pase luego. ¡Claro que no! Ni un padre que es mal ejemplo es el responsable último de la vida de sus hijos y lo que hagan con ella. ¡Claro que no! Y suma y sigue. 

Sócrates expone aquí su doctrina, su pensamiento sobre la vinculación entre el mal y la ignorancia. Decimos "intelectualismo moral" y todos saben ya de qué hablamos. ¿Nadie hace mal "a sabiendas", con "sabiduría"? Y nos reímos de la bobada que es, aunque sea para desahogarnos por las veces que hemos creído ver y vivir lo contrario. ¡Cuántos habrá que hayan matado queriendo matar y sabiendo que mataban y disfrutando incluso de la muerte del otro y deseando su sufrimiento y el de todos los de su alrededor! ¡Cuántos!

No es así como se tiene que ver la cuestión, ridiculizándola. ¿Alguien que viera el mal en su profundidad, con todas sus consecuencias, sería capaz de obrarlo? ¿Alguien que supiera lo que es y dónde se mete, lo aceptaría? ¿Alguien que colocara el mal en su auténtico lugar, no descolocado de todo lo demás, se atrevería a acercarse o cedería? ¿Alguien así no resistiría? 

A la inversa, ¿alguien que supera de su capacidad para el bien y todas las consecuencias que tendrá no lo desearía como lo primero, lo buscaría, se comprometería, daría lo que fuera por alcanzarlo como el tesoro más valioso? ¿O es que no vemos el Bien en su auténtica grandeza, lo ridiculizamos éticamente en ocasiones, lo dejamos al "libre albedrío" como opcional? ¿En serio? 

Ahora, ¿no será que no sabemos, esto es, que ignoramos lo que son y por eso vivimos como vivimos, pero que si lo conociéramos...? ¿No habría voluntad?

Probablemente esté aquí el otro asunto, que ha encandilado a muchos. ¿Voluntad dañada, herida, rasgada, temerosa, débil, precaria? ¿Cómo llamar a esto? ¿Desorientada, perdida, extraviada, atrapada? ¿Voluntad negativa, temerosa? 

Hace falta meditarlo bien. Que es lo que Sócrates procura que hagan aquí sus oyentes. Desconcertados, ciertamente, a medida que va comentando el poema y toma referencias de Simónides. 

Muy interesante la referencia del esfuerzo de los buenos para no ceder voluntariamente a "lo que les nacería casi automáticamente", que procuran decir bien cuando todos se quejan con males y, con sus palabras sencillas, muchas veces justician sin echar más leña al fuego. La queja, por pequeña que sea, como es acusación y juicio, sitúa curiosamente del lado del "mal", clausurando y cerrando la culpa, mientras que el bien es posibilitante, recuperardor, reparador, esperanzador siempre. Así se distinguir desde antiguo. Y así cualquier en su día a día puede comprobar el poder cotidiano del bien frente al mal, que lo detiene. A lo mejor también nota lo contrario. 

τοὺς δ᾽ ἀγαθοὺς ἐπικρύπτεσθαί τε καὶ ἐπαινεῖν ἀναγκάζεσθαικαὶ ἄν τι ὀργισθῶσιν τοῖς γονεῦσιν  πατρίδι ἀδικηθέντεςαὐτοὺς ἑαυτοὺς παραμυθεῖσθαι καὶ διαλλάττεσθαι προσαναγκάζοντας ἑαυτοὺς φιλεῖν τοὺς ἑαυτῶν καὶ ἐπαινεῖν.

Efectivamente. Quien ama, con su voluntad justifica. Así obra el bien y quedan vinculados para siempre más allá de la mera amistad o de la pertenencia social, se une al bien y queda impregnado por él. Diríamos que alguien que obra así es auténticamente valiente y fuerte, y no pocas veces le toca "templar" ambientes cálidos o fríos, amainar tempestades y soportar -siempre es paciencia lo que está en juego- inclemencias, intemperies y realidades que buscan imponerse con la violencias de los hechos ante la precariedad de lo que debería ser. 

Suena duro, pero es así. Estos buenos que describe Sócrates silencian el mal, lo tapan, lo ocultan, lo hacen suyo sin reflejarlo. Porque no es ignorancia del mal lo fundamental, sino el conocimiento del Bien. Solo eso transforma y no lo pensamos detenidamente casi nunca. Conocer el mal a fondo solo puede conducir a la negrura del alma. Quien conoce el bien, lo contrario. Pero que nadie espere que por conocer mucho y muy profundamente el mal se saldrá de ahí de algún modo sin el amparo del bien, sin el hueco de salida. Sin embargo, en este mundo, quién puede conocer solo el bien. Quien conoce el bien sabe también, y probablemente no poco, del mal. A mí esto me parece decisivo en educación y cada día más. No digamos socialmente, con todas las oleadas de quejas, reivindicaciones y protestas, que llevan al enfrentamiento sin salida alguna. El bien es otra cosa, procede de otra realidad. Quien conoce el bien, tiene verdaderamente otra vida, otra tensión. Centrarse en él es fundamental y fundante. 

Deberíamos seguir pensando esto con mucho más cuidado. No sea que la sabiduría sea esto y solo esto, porque pequeña que parezca: saber del bien, nada más y nada menos; y de la tensión en la que está la vida humana situada, con su voluntad y tiempo de por medio. 



sábado, 24 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 73. (Platón, 344d - 345d)

Cuando buscamos o nos preguntamos por el bien y el mal no estamos en la misma situación que quien ha perdido cualquier cosa o necesita coger un tenedor para comer algo. Cuando buscamos o nos preguntamos por el bien y el mal ya estamos afectados por ello, sin que sepamos de dónde viene todo esto o por qué ni para qué. Es una pregunta de tal calado y radicalidad que no se hace sin haber vivido, y no de poco sirve todo lo que hemos vivido si nos conduce a una cierta responsabilidad a partir de entonces. 

Solo el bueno puede caer en el mal. Se diría que al revés existe también la oportunidad. Como un vaivén. Aunque el texto no lo cita directamente, en el fondo esta parte del diálogo va sobre la posibilidad de virar la existencia en alguna dirección, habiendo reconocido al menos una primera parte de esta especie de único camino de dos direcciones, atisbando curiosamente su final. 

Como Sócrates está hablando continuamente con un sabio, le previene reiteradamente de la posibilidad de volverse ignorante ante tanta insistencia en su propio conocimiento. O dicho de otro modo, que hay realidades que no se aprenden jamás del todo y que, por lo tanto, requieren permanente atención. Vivir no es montar en bicicleta reflejamente, vivir no puede convertirse en rutina. No se despierta de la caverna una vez para siempre, por mucho que haya acontecimientos decisivos en la vida que lo trastoquen todo. No es que se pueda dar marcha atrás, que no siempre es posible. Es que se puede constantemente elegir el paso equivocado o ir a un ritmo impropio. 

Volviendo al tema. En la exposición socrática hay un punto de partida interesante sobre el que conviene poner un poco más la lupa. Si lo tomamos en serio, que es algo que siempre tengo dudas de que sea lo que hay que hacer con Platón, lo que viene a decir es que el inicio del que se puede hablar con más propiedad es la bondad. De ahí nace la persona. Ahí nace la persona. No en la maldad, como tampoco despierta adecuadamente por ella, sino por la bondad. Y es la bondad la que se pone en riesgo repetidamente, quizá sutilmente. Pero no sé si esto hay que tomárselo muy en serio, aunque esté señalado. El mal viene sobre nosotros con la capacidad de negarnos lo que somos, bajo la tentación de decir que somos lo que no somos o no somos lo que somos. Es un golpe a nuestra propia identidad que crea confusión, altercados y disputas, es decir, la ignorancia magna en la que no nos reconocemos ni frente a un espejo, ni en nuestra historia, ni se esclarece futuro alguno digno a la altura de la realidad y de lo posible. Esta ignorancia de lo que se es es ignorancia de lo que será. Y con ella vendrán los miedos, los temores, las dolencias, la precauciones, los disparates de todo tipo que, avalados por lo que otros parece que hacen porque hacen lo mismo a lo que nos vemos empujados terminamos tomando como lo más normal del mundo y casi la única salida razonable que permanece abierta. 

Para ciertos conocimientos está claro que es así. Para ciertos saberes, si se quiere decir con esas palabras. El estudio, el ejercicio, la medicina. ¿Pero qué pasa con el saber sobre la persona, no con el saber de una parte de la persona? ¿Qué pasa con la realidad de la persona en su conjunto, no con su inteligencia, no con su voluntad, no con su cuerpo por separado? Y, una vez más, quedamos empujados a reconocer que no es lo mismo, que no valen las mismas artes, que no hay técnica entre las técnicas conocidas. Y se da la vuelta al tema: si carecemos de sabiduría adecuada para ese asunto se cae en la maldad. Espero que se haya entendido la prioridad que aquí se pone en el conocimiento, en el saber, antes que en la ética. Porque luego se dará la vuelta en las partes para hacer ver su dimensión radical. La bondad, que debe anteceder a todo lo demás, no acepta técnica alguna. Sin embargo, las domina todas (o debería). 

No habrá persona buena, no habrá persona mala. Pero sí es posible que sea buena y mala. Es decir, que hay mejores y peores personas, sin ser la bondad o la maldad. De modo que, aquellos que amen la bondad serán los mejores entre los hombres. Y por bondad aquí se entiende, como en tantos otros lugares, a Dios mismo. 



 

martes, 20 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 72. (Platón, 344b - 344d)

Sigue hablando Sócrates, sobre la interpretación del poema de Simónides que ha sacado a colación Protágoras. Donde Protágoras ve una contradicción en Simónides, que Sócrates no reconoce, el propio Sócrates está haciendo una lectura de múltiples matices de una profundidad incomparable. Es como si estuvieran haciendo un comentario de texto un alumno de primer curso y un profesor a las puertas de su jubilación después de casi infinita acumulación de saber. Y el profesor le estuviera pidiendo al alumno que recogiera su testigo y aprovechase bien lo que tiene que decirle. No solo no hay contradicción, sino que es Simónides un aprovechado en su verbilocuencia de la brevilocuencia y buen consejo de un ausente Pítaco. Toda una indicación para los que llegamos después. 

Por un lado una alteración de lo esperado que confunde a quien no sabe leer bien. Por otro, un matiz no tan pequeño sobre el llegar a ser y el ser permaneciendo en el ser. En este segundo tema, lo propio de la persona sería la vida esforzada queriendo llegar a ser, entre dificultades, sin que se le ofrezca descanso alguno permanente o decisivo en el caso de que alcanzase supuestamente su meta en él. Es decir, que lo que tocaría honestamente es vivirse en permanente tensión respecto del bien, como en "llegando a ser", sin poder afirmar de una vez para siempre que se "es bueno", que se está en "el bien". Aquí se traza una línea divisoria entre seres divinos y seres humanos que no viene ahora al caso examinar, salvo para distinguir lo posible de lo imposible, lo posible por difícil que sea de lo imposible por mucho empeño que se ponga.

Aquí vamos a enganchar con un tema que, si no se ve bien, termina en una idea fatalista de la humanidad en su conjunto, sin remedio alguno, sin cura de ningún tipo, y que expone a cada uno de sus integrantes al sufrimiento y al sin sentido permanentemente, salvo que este decida con su libertad realizar poco menos que la locura de permanecer siendo bueno pase lo que pase. Porque de lo que trata es de la siguiente sentencia y su posible verdad o no, llevada a un examen sincero y no tomada como la excusa de siempre. Juntamos las dos para que todos las veamos. 

Por un lado, "solo un dios tendría tal dominio" como para permanecer en el bien. 

Por otro, "a un hombre no le es posible dejar de ser malo, si a él le alcanza una desgracia irresistible". 

Esto hay que pensarlo bien, que nos va demasiado en ello como para ir de puntillas. Lo que está diciendo el poeta es de gran calado, ciertamente una enseñanza que parece reproducirse reiteradamente porque se enseña de unos a otros. Algo así como que toda persona sucumbirá en el mal ante la presencia del mal mismo, que no se puede estar en el bien si llega el mal y el mal siempre vencerá atrayendo hacia sí a todo aquel que roce, sin que quepa resistencia. Los ejemplos se pueden multiplicar. Se responde al mal con mal, se le quiere vencer con mal y, por tanto, ahí está el fruto de su semilla. Y no cave otra. 

Luego se pregunta Sócrates a quién derriba. Evidentemente, no al que está ya tumbado, sino al que está de pie. Al que conduce, le puede torcer, pero no hay tempestad que despiste a quien no se mueve de su sitio, igual que no se equivoca nadie que no toma decisiones, en el ámbito que sea. Quien no hace nada, si es que hubiera alguien en tal situación, nada le puede pasar. Quien no vive, tampoco sufre. Pero quien vive, por la misma razón de vivir, está expuesto permanentemente a algo que puede superar, con creces, su capacidad para dominar la situación y, por lo tanto, puede afectar a su propio dominio en la situación. Distingamos esto último bien. Que una cosa es lo que ocurre y otra qué se hace con lo que ocurre. Si es en forma de diálogo, una es la pregunta que recibo y otra la respuesta que doy. Y aunque la pregunta quiera siempre llevarme, porque esa intención no siempre se oculta, no tengo por qué darle la razón de primeras y dejarme conducir por ella donde quiere verme. ¿O sí?

Lo que dice el poeta es que lo que nos sucede nos "causa" irremediablemente una reacción en su misma línea. Si alguien me hace bien, bien. Si alguien me provoca un mal, le daré otro. De modo que la persona y su mundo están en continuidad. Por así decirlo. 

En ocasiones no es un momento concreto y puntual, sino que lo que nos sucede puede durar. Como la noche, como la oscuridad que cada día nos abarca largamente. No es un instante, no es una situación, sino que puede darse también la reiteración de la situación, la vida sin escapatoria. No algo que llega y "pum", sacude y desaparece, sino que permanece, se mantiene. Incluso puede vivirse en la forma en la que se da algo como circunstancia de lo que no se pueda volver a salir, que abarque con su presencia todo el horizonte, sea cierto que vaya a suceder así o no. Es decir, que en ocasiones la noche se presenta tan oscura interiormente que se viva como si jamás se volviera a abrir el sol. Y no dudo que esto ocurra, porque de hecho es así. Una noche irremediablemente noche fuera de la cual ya no se vivirá. 

El excursos anterior es para no caer en la tontería infantil de considerar el mal como una bofetada que sorprende, duele un poco y se pasa. Porque la cara que ofrezca puede ser todo lo contrario, incluso la de verlo venir y no tener lugar alguno por el que escapar para no recibirlo, con la obligación no sorpresiva de tener que afrontarlo y someterse a su dominio. Con el miedo que esto puede provocar cuando nos damos cuenta de que es así, que ciertamente es así. 

Volvamos al texto. Que no hay que perder el hilo. De este modo el noble cede hasta hacerse malo. Insisto: cede, se deja llevar, cae, confunde el rumbo, hierra el tiro, descoloca sus principios, desnorta su horizonte, deja de resistirse, permite, concede, condesciende... Insisto: el noble hace posible con su acción que el mal avance en la historia, en lugar de detenerlo, permanecer, resistir, persistir en su bien, fortalecer su situación, aceptar el impacto. Y, ojo, que es fundamental esta diferencia. 

Otra cosa es el malo. El malo no tiene que ceder. ¡Claro! Solo puede ceder el bueno, como solo puede caer quien está de pie. ¿Será posible ser malo, ya que ser bueno se da por supuesto que es imposible para todo ser humano, sin excepción? ¿Es así como tenemos que ver este asunto y como debemos plantearlo si queremos ir por buen camino, sin ceder a repetir sin refutar las impresiones comunes de la gente? ¿Hay algo más o no que se pueda decir, con sólida esperanza, con firmeza verdadera o verdad firme, con bondad? ¿Cae siempre frente al mal el bueno? ¿El malo no tiene otra que seguir en su maldad sin moverse de ella, yaciendo para siempre? ¿Es posible el arrepentimiento, ya que tratamos así las cosas, respecto de la sabiduría, de modo que se haga, como mínimo, amiga o amante de ella sin poseerla y a una cierta distancia continuamente?










lunes, 19 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 71. (Platón, 343b - 344b)

Como el oráculo de Delfos, Sócrates hace escuchar a Protágoras, como de pasada, esta frase que enmarcaba la llegada de todo peregrino griego. Según cuentan, allí podía ser vista por todos. "Conócete a ti mismo."

Ha pasado a la historia grabada en la mente de Europa. Poco más hay que decir. Recoger las innumerables veces que se ha usado con alusión directa es casi tan imposible como rastrear su presencia indirecta en el discurso filosófico, en las búsquedas más profundas de la humanidad, en la educación de los pequeños y en la orientación de los adultos. 

Aquí aparece como un concentrado enigmático, junto a "De nada demasiado", menos trabajada y conocida, sin duda alguna. Esta segunda sentencia invita a la moderación de una forma negativa, como privación. Si la primera adquiere forma de mandato e imperativo, esta segunda es indicación general que para ser llevada a la práctica requiere vivir alerta, moderando, ponderando, sopesando. Quilón fue sin duda un sabio. Supo decir muy brevemente algo de gran excelencia. 

Para Sócrates, la sabiduría de los antiguos se compone con "brevilocuencia lacónica". Entre los sabios, según Sócrates, circulaba una expresión de Pítaco que decía "difícil es ser digno" por la que habría alcanzado fama. Los antiguos serían simples en comparación con los que vinieron después queriendo auparse sobre sus hombros, de modo que extendieron y alargaron -como yo hago precisamente en este blog- las sentencias que habían recibido para adornarlas con más bellezas y engrandecerlas más. Así, si los sabios aplaudían a los antiguos, también aplaudirían a sus repetidores y ampliadores. ¿O no? Es lo que Sócrates echa en cara precisamente a Simónides. No su frase, a decir verdad. Sino algo que late en su intención y que no es la sabiduría sino la "ambición de honores", la querencia hacia la gloria por medio del aplauso y no por la sabiduría en sí misma. Damos por supuesto que Pítaco no pretendía el aplauso de nadie, sino solo la sabiduría y que quizá esta frase por la que pasó a la fama simplemente se le cayó de los labios en una conversación sin más intención que decir, no enseñar a nadie nada. Pero quien la recibió la recogió y transmitió junto con lo recibido a través de ella: su deslumbramiento, su brillo. 

Simónides habría compuesto todo su poema en torno a esta tentación de superación de Pítaco. Y pide Sócrates a los que todavía escuchan que sigan su interpretación, su estudio, su examen. Pero en lugar de ofrecer sin más lo que él entiende que Simónides dice, lo toma como motivo de su práctica de filosofía junto con otros. 

ἐπισκεψώμεθα δὴ αὐτὸ κοινῇ ἅπαντες, εἰ ἄρα ἐγὼ ἀληθῆ λέγω.

La interpretación general de Sócrates es que Simónides se aprovecha de la sentencia de Pítaco para, corrigiéndola, engrandecerse. Y lo hace desde el inicio, con ese "men". Luego aclara el asunto: lo difícil no es ser digno, sino llegar a ser bueno de verdad. Más aclarado todavía: no hay unos buenos que lo sean de verdad y otros de mentira, sino que los que son buenos siempre lo son de verdad y, por tanto, "bueno de verdad" es una reiteración, un subrayado a través de la alteración del orden esperado en las palabras, del hipérbaton. "De verdad bueno" y "bueno de verdad". En resumen, un diálogo de Simónides con Pítaco para corregirlo sin que Pítaco pueda explicar su auténtica intención, si es que fuera por estos caminos por los que el poeta le ha atrapado. 

Un poco más adelante es cuando se comenta el otro asunto. Que una cosa es llegar a ser y otra permanecer en ello. 



domingo, 18 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 70. (Platón, 343a - 343b)

Estábamos con la sabiduría de los de Lacedemonia, de los laocontes, de los lacónicos. Lo suyo es, como en español entendemos igualmente, breve, conciso, directo, más que interpelar lo suyo es sentenciar. Y está Sócrates alabándolos en un gran discurso con pelos y señales, con cierta poética. Y nótese una vez más la ironía, por si alguien no se da cuenta. Y veamos la contradicción. 

Las frases breves se recuerdan fácilmente. Esa es su forma de sabiduría. De lo que ya hemos hablado en otro momento, después del primer discurso de Protágoras y en algún otro momento más. La brevedad, la contundencia, el no dejarse llevar demasiado por las palabras y que las palabras traduzcan acertadamente lo que quiere comunicar el pensamiento. Más aún cuando no tenemos claro lo que estamos diciendo, ni si estamos hablando de lo mismo. Lo cual sucede en numerosísimas ocasiones, según la distinta posición del interlocutor. De lo cual podemos deducir que el sabio que sabe que el otro es ignorante cuando quiere enseñarle, dada su sabiduría, tratará de hablar sencillamente para ser más comprendido; lo cual de la parte del ignorante es más complicado de ver, si el ignorante no ignora que ignora y no busca por tanto sabiduría, escuchando al sabio con una cierta apertura y docilidad. 

Se cita en este apartado, como síntesis de toda esta enorme sabiduría, uno de los principios délficos que más tenemos vinculados con el socratismo: 

“γνῶθι σαυτόν” καὶ “μηδὲν ἄγαν”

Son frases que, por su contudencia y enigmaticidad, dejan claro que dicen más de lo que dicen y no hacen que el continente eluda la responsabilidad del contenido, sino que lo ponen a su servicio diciendo, como es propio de la sabiduría, muchas cosas al mismo tiempo y permitiendo diferentes interpretaciones, lo cual sitúa la responsabilidad de aprender del lado de quien debe aprender más que del lado de quien se supone que está enseñando. De hecho, si tuviéramos que comprender lo que dicen estaríamos días enteros examinando. 

Algo parecido ocurre con otras culturas sapienciales en sus escritos principales. No son, al modo como entendemos conocimiento en nuestro occidente actual, conceptuales, definitorias. No conducen a algo, propiamente. Es más bien al revés, resitúan a quien las escucha o las lee, a quien las reciben. Le obligan a desaprender, a buscar. Le ponen en un dinamismo que no le ha calmado pacientemente. Le hacen probar el "filo" de la "sofía" y, por eso quizá, sean tomadas como las más sabias entre las sabias. Y digan, sin decirlo, que el aprender es de cada uno su responsabilidad. Y que sin vivir el camino no se puede disfrutar la meta. Porque el camino y la búsqueda que educa a quien la hace no se diera, se podría llegar al conocimiento sin la forma personal adecuada para hacerse -y ahora toca hablar de otra responsabilidad aún mayor- cargo del conocimiento que ha alcanzado. No lo puedo decir más fácilmente. Salvo que es conveniente proteger el conocimiento de quien no puede hacerse cargo responsable de él, no solo por su bien, sino también por el bien del resto de la humanidad. Algo que no practicamos demasiado hoy o probablemente nunca se ha hecho. Ni cuando dejamos que cada uno piense lo que quiera, ni cuando creemos que alguien sabe algo por el hecho de ser capaz de repetirlo sin haber hecho ningún tipo de esfuerzo integral con su persona para alcanzarlo y sostenerlo. 



sábado, 17 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 69. (Platón, 341e - 343a)

Cuando se habla de Dios como "el que lleva una vida fácil" se está dando la razón a más de uno que, frotándose las manos, encuentra en la ignorancia de algunos la justificación, que no prueba, para atacar la fe de los creyentes. Una vida fácil o una vida difícil son cosas de las personas, que al cambiar de plano quizá resulten, como en buena teología se sigue diciendo, poco más que "idolatría", es decir, atribuir a Dios lo que a Dios no le corresponde. En este caso, la antropomorfización es griega y es lo que ellos fueron capaces de descubrir poéticamente en muchos casos. Al menos en mi caso, participo bien poco de todo esto en estos términos.

Cierto es que aquí se trata de un conocimiento, y ahí nos movemos, cualitativamente diferente. Incluso para el que conviene usar palabras distintas y que no se confundan la una con la otra. Mostrando que la razón humana pueda ser imagen de una Imagen mayor, en tanto que la humana es no inmediata, y esa no inmediatez la conduce directamente a una vía y la necesidad de metodologías exigentes rodeadas en su trayecto de numerosas desviaciones o equívocos, mientras que la divina es inmediata y no requiere de nada más que de sí misma para "conocer". Lo cual, dicho sea de paso, también nos lleva a considerar seriamente que las personas necesitamos, o nos vemos involucrados en este campo antes de que podamos darnos cuenta, de mediaciones ajenas a nuestra propia experiencia y vivencia. No así el conocimiento divino. 

De eso va todo lo que trata el diálogo en este apartado y mucho más. Es fácil ver el recorrido que va a tener en la historia esta intuición y palabras. 

Sócrates se ofrece como intérprete de la poesía de Simónides, si es que Protágoras quiere escucharle y examinarle. Y el supersabio accede. No solo él, sino que más gente, entre la que Platón cita al mismo Pródico, que ha sido ganado para la causa y todavía tendrá que recibir más elogios en este discurso, e Hipias. 

Toma la palabra y expone lo que piensa. Primero nombrando la filosofía, de la que dice ser antigua y muy grande entre los griegos en Creta y Lacedemonia, y contando numerosos sofistas en sus tierras. 

φιλοσοφία γάρ ἐστιν παλαιοτάτη τε καὶ πλείστη τῶν Ἑλλήνων ἐν Κρήτῃ τε καὶ ἐν Λακεδαίμονικαὶ σοφισταὶ πλεῖστοι γῆς ἐκεῖ εἰσιν:

Pero ellos no niegan y fingen ser ignorantes, para no ser descubiertos. Y se hacen pasar por "fuertes" para que nadie sepa de dónde procede su superioridad. 

ἀλλ᾽ ἐξαρνοῦνται καὶ σχηματίζονται ἀμαθεῖς εἶναιἵνα μὴ κατάδηλοι ὦσιν ὅτι σοφίᾳ τῶν Ἑλλήνων περίεισινὥσπερ οὓς Πρωταγόρας ἔλεγε τοὺς σοφιστάς, ἀλλὰ δοκῶσιν τῷ μάχεσθαι καὶ ἀνδρείᾳ περιεῖναιἡγούμενοιεἰ γνωσθεῖεν  περίεισινπάντας τοῦτο ἀσκήσειντὴν σοφίαν

A dónde conduce todo esto. A que los que quieren ser como ellos les imiten en cosas externas que no son las que realmente les hacen ser sabios. Hacen "mímesis" de lo que no es, creyendo que así alcanzarán fácilmente el bien que les hace superiores. Al no conocer la realidad, no pueden ser verdaderos "imitadores", no pueden hacer lo que realmente les hace ser lo que son. Para lo cual podríamos tener miles de ejemplos en la actualidad que confirman esta diferencia entre el ser y el aparecer, y de cómo la apariencia y la imitación puede ser "controlada" en cierto modo por las personas para lo verdadero y lo bueno o lo contrario. Algo en lo que profundizar y que daría para mucho más de lo que acabo de decir reflejando lo que aparece en el texto. 

Los de Lacedemonia no pueden ocultar su superioridad, pero se reservan para sí mismos el camino hacia ella. Es más, Sócrates sigue hablando y describiendo que, para que no se ponga en peligro todo esto, de vez en cuando purgan a los que están entre ellos, se reúnen a escondidas para dejar las cosas claras y, por supuesto, no permiten a nadie salir de allí, no sea que "desaprendan" la verdadera sabiduría y se contagien con otros, con las enseñanzas de otros. Mientras están juntos hay fuerza suficiente para mantener esta apariencia. 

Orgullosos de su educación, dice por ahí también. Por educación se entiende algo muy diferente a lo que entendemos hoy. Mejor dicho, por educación aquí no se habla de un sistema educativo reglado, sino más bien de una forma de transmisión local de generación en generación, no solo la reproducción de patrones de unos en otros para buscar una forma común. Se llama "paideia" a todo este asunto, que es más problemático de lo que parece a simple vista. 

Sócrates insiste en que lo puede comprobar cualquiera hablando directamente con cualquiera de ellos. No es una afirmación general, sino concreta para cada uno de ellos. Tal es su estima por el asunto. Dice que, aunque puedan parecer ignorantes en algunos momentos de la conversación, siempre tienen una "palabra adecuada" para tal asunto que da en el clavo. La descripción es muy bella y cargada de elogios. Aunque, de este modo, revela que no se oculta para siempre su saber y aparece para quien está atento en forma de "palabra digna de atención, breve y condensada". 

εἰ γὰρ ἐθέλει τις Λακεδαιμονίων τῷ φαυλοτάτῳ συγγενέσθαιτὰ μὲν πολλὰ ἐν τοῖς λόγοις εὑρήσει αὐτὸν φαῦλόν τινα φαινόμενονἔπειταὅπου ἂν τύχῃ τῶν λεγομένωνἐνέβαλεν ῥῆμα ἄξιον λόγου βραχὺ καὶ συνεστραμμένον ὥσπερ δεινὸς ἀκοντιστήςὥστε φαίνεσθαι τὸν προσδιαλεγόμενον παιδὸς μηδὲν βελτίω.

En español todavía conservamos "lacónico", con significado de sabiduría decisiva. Pues eso. Que los de allí estaban "perfectamente educados" en todas estas artes, que al inicio ha dicho Sócrates que eran "filosofía". Y sigue citando una serie de nombres que elogiaban tal educación y que se referían a esto que él está diciendo también.