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LISIS. Leyendo el diálogo platónico

Publico la primera entrada sobre el diálogo llamado  Lisis  de Platón el 1 de enero de 2022. Nadie piense que sé mucho. Más bien lo hago, al...

domingo, 16 de enero de 2022

LISIS. Día 16. (Platón, 207c)

El escenario está. Los personajes están. Falta la acción. Comienza el diálogo de nuevo. En otros parámetros. Una investigación del otro, de los otros, iniciada muy bruscamente. Como gustan quizá los jóvenes de hablar de esto o aquello, sin definir. Ni uno solo pregunta qué quiere decir mayor, noble o bello. Se da por sabido. Pertenece al lenguaje común, al cotidiano. En él nos manejamos, en él existimos, conforma nuestro mundo y va significando nuestra época y tiempo. Así nos comprendemos. La palabra tiene esta grandeza en el trato con el otro, amplía el mundo en el que vivimos. Pero, como suele suceder, en primer lugar se recibe como perteneciendo al mismo mundo, al mundo común. Solo, quizá, después de un rato de conversación, amanece y aparece una sorpresa, un interrogante, una disonancia o confusión. Por el camino se puede incluso uno ir engañando creyendo que entiende y que hablan de lo mismo, pero lo mejor sería que, cuanto antes, apareciera ese tema en el que los dos se dan cuenta de que no están hablando de lo mismo, ni expresando lo mismo. Ya sabemos de los riesgos de la identidad y que el principio lógico de no contradicción se esconde en el fundamento de toda conversación socrática. 

En cualquier caso, no sé dónde se mete Sócrates. Una conversación ha sido siempre una aventura arriesgada. Aunque pueda controlar el inicio no sabe dónde puede terminar. Nadie sabe el final. Nadie debería empezar creyendo que sabe el final. Sócrates es un ignorante. Los demás se acercan igualmente ignorantes. Como de costumbre, ¿quiénes saben que ignoran?

Ignorar y discutir no es lo mismo. Ignorar y dialogar tampoco son lo mismo. Porque en la discusión se produce un enfrentamiento entre los que saben, no entre los que ignoran. Dos personas que piensan distinto discuten porque una de ellas lleva razón, tiene verdad, y otra no. Dicen lo contrario. O bien porque tanto la una como la otra ignoran y lo suyo es una mentira, pero dos mentiras contrarias. O bien pueden discutir porque ambas son parciales en su conocimiento de la verdad. Lo suyo no es la verdad, sino un aspecto de la verdad, pero no se dan cuenta de ello. O bien, lo cual es incluso peor, ninguna sabe qué es la verdad, pero hablan por hablar, discuten por discutir, y lo que hacen siempre es llevar la contraria a otro. El término final de la conversación se da, el auténtico diálogo se da, en tanto que hay salida de uno y otro de sí mismos hacia la realidad que procuran. Es decir, tanto cuanto acontece algo diferente a ambos capaz de medir su realidad y altura. Es maravilloso que todo diálogo socrático comience con una pregunta de altura. Por simple que parezca. 

Si no saben de los dos quién es el mayor, ni quién es de mejor origen, ni quién es el más bello, Sócrates se rebaja hacia la objetividad pura y dura, hacia la del número, hacia la del dinero, que en realidad sabemos que en tantas y tantas ocasiones es la fuente real de toda discordia, pero de una discordia absolutamente "objetiva", como que una cosa mide la altura de la persona, la define, la sitúa. Y desde esa mundanidad repite su ejercicio reiteradamente ampliando su espectro al poder, la gloria y todo lo demás de lo humano, oscureciendo cualquier palabra propia que pudiera salir de este, en su subjetividad, contra el mundo impuesto de la razón económica, material, mundana. Llevados a ese punto de la realidad, en lo que lo no personal define la persona, todo estaría perdido y no habría más conversación humana real. No aparecería el amor, por supuesto. Nada divino. Quien defiende la mundanidad, a buen seguro tiene precio y conoce su precio. Sócrates está en otra órbita. No en vano es el giro de la filosofía frente a la naturalización de todo. Ejerce la resistencia y marca la distancia. 

No preguntaré, les dije, quién de los dos es el más rico. Ambos sois amigos. ¿O no?

Claro que sí, dijeron. 

οὐ μὴν ὁπότερός γε, ἔφην, πλουσιώτερος ὑμῶν, οὐκ ἐρήσομαι: φίλω γάρ ἐστον. ἦ γάρ;

πάνυ γ᾽, ἐφάτην.

No os pregunto por lo que puede decir el dinero, sino por algo distinto a lo que puede decir el dinero de vosotros. Es interesante. Lo que no se quiere preguntar, lo que se quiere preguntar y se pregunta, y que sea sobre el dinero de la discordia y la amistad de la concordia. Algo complicado de decir. Sobre la base de la comparación hablar resulta complejo, porque algo debe establecerse como medida, es decir, que el concepto debe aparecer con claridad suficiente como para iluminar ambas realidades en la comparación y la comparación misma. A simple vista, sin considerar, alguien puede pensar que es fácil, pero nada más engañoso que eso. Porque ambos pueden realizar parte sin que esas partes puedan ser comparables entre sí, por ejemplo, respecto a la bondad o la belleza. No es que sea subjetiva la apreciación, que es esto un engaño más de nuestro mundo de aquel mundo, sino que las partes iluminadas no son comparables entre sí fácilmente. 

Sin embargo, sobre lo que une, quizá sea más fácil dar una palabra. Porque no cabe la discordia en la respuesta a dos amigos sobre la amistad. Se dice mutuamente y a la vez. En términos generales, como bien es sabido, los dos estarán de acuerdo, por lo que reciben y lo que ofrecen. Aunque no siempre estén concordes en la definición misma de la realidad que los mide a ambos. Espero que esto se entienda bien y mis palabras no oscurezcan el asunto. En términos humanos, lo humano mismo está referido fuera de sí a una realidad que, no siendo de cada uno de ellos en propiedad, sino vivida, sigue siendo personal y no objetivante u objetivadora, como podría suceder con el dinero. Mantiene la densidad de lo humano, su altura, frente a la mundanización y concreción del dinero. 

Ya sabemos y no lo digo, que aquí se trata de "amistad" y no "amor" como antes se estaba hablando. Si alguien piensa que son parecidas, que se lo haga mirar o que lo mire en profundidad. 

Por otro lado, la respuesta concorde y a la par, homologada entre ambos es esta y rotunda: "Claro que sí." Como son jóvenes, mejor no examinarlo demasiado. No sea que se sorprendan. La belleza de la amistad es que comienza sin haberse realizado. Solo quienes perseveran en esa unidad de cercanía, en esa unidad de comunión serán quienes al final puedan decir que han vivido algo de la amistad y vean que la amistad es capaz de crecer aunque, en primer término, comience a definirlos como tales y les ofrezca un horizonte de realización altamente humano, denso y exigente. La amistad, como palabra dada mutuamente, falta todavía por realizarse pero comienza confesándose. 

Algunas veces pienso en lo realmente importante que es ofrecer a los jóvenes en su educación estos horizontes primeramente y no darles una crítica de su realidad que les destroce y les haga ver que no han vivido todavía nada, dejándoles caer en el vacío. Otras veces pienso, a decir verdad, que cuanto antes se enfrenten a su propia realidad, antes la voluntad que quiere lo mejor se despertará. Pero eso es mostrarle la maldad del mundo y dejarles sin bondad en ellos suficientemente vivida como para que puedan aferrarse con su humanidad entera a ella. Pero esto es otro cantar. Mi cantar y debate cotidiano. Si me dan a elegir, lo primero es lo mejor para los jóvenes. Y los adultos, o lo que tengamos hoy en nuestro mundo, deberían someterse continuamente a su propia revisión, a su propio examen. Encontrar la pregunta fundamental para su vida que no abandonen jamás. 



sábado, 15 de enero de 2022

LISIS. Día 15. (Platón, 207b - 207c)

Una conversación que comience con paz. Así, como al margen de todo. Esta cesura, ruptura en el diálogo nos coloca en un segundo momento de este diálogo llamado LISIS. Todo lo anterior ha sucedido a las puertas de la palestra, ahora ya están dentro. Antes, en pie y como conociéndose, ahora sentados juntos y tratando directamente temas. Dos situaciones completamente distintas o no tanto. Porque el escenario general no es capaz de explicar todo lo demás. De quien, de momento, no se sabe nada es de Micco. Se ha desvanecido el sofista. Ni se le nombra. Lisis ocupa su atención e Hipotales ha cobrado una relevancia que ahora oculta por vergüenza, aunque es su problema, que Sócrates ha hecho suyo, intentando mostrar algo de él. A ver si aparece, a ver si se muestra, a ver si funciona la convocatoria y lo llaman adecuadamente. 

Sócrates se vuelve hacia Menéxeno. Cambia de interlocutor. Por algún tema hay que comenzar. De nuevo, una comparación. Como como cuando se habló de Micco o como hace un momento se describía a Lisis. Más que una comparación, propiamente se busca lo que destaca, lo que es más significativo, lo que se ve con más claridad. 

Y yo, volviéndome hacia Menéxeno, le dije: Oh, hijo de Demofonte, ¿quién de vosotros es el mayor?

Siempre lo discutimos, dijo. 

καὶ ἐγὼ πρὸς τὸν Μενέξενον ἀποβλέψας παῖ Δημοφῶντοςἦν δ᾽ ἐγώπότερος ὑμῶν πρεσβύτερος;

ἀμφισβητοῦμεν, ἔφη.

Esto puede resultar extraño, pero Sócrates pregunta por una cuestión de cantidad y nada más. Algo sencillo de responder hoy, que nos preocupamos del nacimiento y apuntamos fecha y hora rigurosamente. Sabemos quién es el mayor con absoluta facilidad en todo lugar. Hasta los más pequeños podrían ordenarse de semejante modo. Pero no era así en el mundo antiguo. Se nacía, pero no se prestaba demasiada atención, ni se anotaba en ningún sitio. Salvo excepciones, desconocemos ampliamente este dato que conecta a quien está con su propio origen, con su momento de llegar o venir, de aparecer y presentarse, de salir. Y esto es lo que ocurre con Menéxeno, que ignora la respuesta sobre la cantidad, matemática, numérica. Por cierto, que para ser más irónico, lo que Sócrates pregunta es quién es el más anciano, quién es el mayor en ese sentido de 

La respuesta de Menéxeno va en la misma dirección que la pregunta. No es que no lo sepa, sino que es discutible, está entremedias, pertenece a unos y otros. O sea, que cada cual responde lo que quiere y dice lo que le conviene. Suponemos que, entonces, unas veces querrán ser como los mayores y otras como los pequeños. Son jóvenes. Es así. Sin hacer mucha psicología con esto, sin entrar en el alma, es ese tiempo que no pertenece ni a un lado, ni al otro, que se decantará por uno de los dos. O una vida hacia delante, o una vida hacia atrás. Tal cual. Y, aunque lo digo sabiendo que no es tan así, entonces la vida enseñaba rápidamente a volverse hacia la vida adulta y mirar al tiempo cara al futuro, no hacia atrás y pretendiendo volver a donde ya no se puede volver, como ocurre hoy, que los jóvenes pugnan por seguir siendo niños y los adultos por ser jóvenes. Perdón por el comentario, que tampoco viene tal al hilo. 

E igualmente, continuando la ironía, si se discute quién es el mayor, no digamos otras cualidades, precisamente no cuantificables. Algo también propio de la juventud, ligado más a la pregunta por el quién y la identidad todavía sin esclarecer. 

¿Y también discutiríais quién es el más noble?

Sin duda, dijo. 

¿Y, también, quién sería el más bello?

Los dos se rieron, entonces. 

οὐκοῦν καὶ ὁπότερος γενναιότερος, ἐρίζοιτ᾽ ἄν, ἦν δ᾽ ἐγώ.

πάνυ γε, ἔφη.

καὶ μὴν ὁπότερός γε καλλίων, ὡσαύτως.

ἐγελασάτην οὖν ἄμφω.

Cuando se lee noble, hay que leer bien nacido, de cuna, de origen: γενναῖος. Espero que se aprecie el matiz, que las palabras no son lo mismo. Mayor y origen tienen la misma procedencia. Una por cantidad y otra valorativamente, apreciativamente. Con la poca subjetividad que tenía entonces, no como ahora. La pregunta que hace Sócrates es para los antiguos algo que se puede investigar, que se puede aprender y recibir, que se puede descubrir. No está en la persona que valora, sino en el valor del otro, de la familia del otro. Pero los jóvenes, lo discuten: ἐρίζω. Lo discuten todo, lo cuestionan todo, lo problematizan todo. Una palabra común. Supongo que el "erizo" recibe el nombre de aquí, como también las Érides -las Discordias- de las que hablaba Hesíodo. Que si tocas al que vive así, salta y lo enturbia todo. En la falta de claridad máxima. Así de jóvenes son los jóvenes, así de pasionales. Aunque hoy por hoy los adultos sean más de lo mismo, prolongación de esta circunstancia vital fruto de la ruptura con la infancia.    

Pareciera que pasan todo el día discutiendo quién es más en unas cosas y otras. Porque las conversaciones son así. Para ganar y tener razón. Quizá el sofista esté escuchando por ahí en la multitud sin aparecer. Lo suyo es hacer fuerte al débil, como sabemos. Es decir, que no se muestre lo que es, sino lo que conviene, según las artes, según el momento, según la hipótesis del momento y del otro. 

Los dos se ríen. Es decir, Menéxeno y Lisis. Implicado en la conversación y dejando la admiración, la curiosidad y la atracción, y participando por primera vez, apareciendo cordialmente a través de la sonrisa. ¡Buen inicio! Dicen, además, que la sonrisa acompaña la belleza, trasluce más belleza aún en la persona. Y que la risa, que ha sido profundamente estudiada, la humanidad también se deja ver, como un gesto que, más que propio y único, es un movimiento del alma misma, una aportación de la vida a la vida misma. Aunque en el arte del teatro sea una deformación patética que da miedo. 

Último apunte. Sabiendo un poco de qué va a ir el diálogo en general, según los expertos filósofos de todos los tiempos, aquí tenemos a Menéxeno y a Lisis en discordia y concordia al mismo tiempo, con las palabras del alma y con las palabras del cuerpo. 




viernes, 14 de enero de 2022

LISIS. Día 14. (Platón, 206e - 207b)

Sócrates describe, como en otras ocasiones y diálogos, el lugar y la actividad de las personas, agrupadas y entretenidas en actividades que se esperan del lugar. Nada llama la atención, más sabiendo el tiempo en el que se realiza el encuentro. Aunque comienza fijándose en la ofrenda a los dioses, se va rebajando el nivel de intensidad pasando por juegos diversos, hasta topar con Lisis. Todo absolutamente normal salvo por la intensidad de la presencia de Lisis de quien se dice todo lo que se puede decir de una persona con palabras humanas: bello y bueno. 

En torno a éstos había otros mirando, entre los cuales estaba Lisis de pie, entre niños y jóvenes con su corona, destacando por su aspecto y mereciendo, no sólo que se hablase de su belleza, sino también de todas sus otras cualidades.

ὧν δὴ καὶ ὁ Λύσις ἦν, καὶ εἱστήκει ἐν τοῖς παισί τε καὶ νεανίσκοις ἐστεφανωμένος καὶ τὴν ὄψιν διαφέρων, οὐ τὸ καλὸς εἶναι μόνον ἄξιος ἀκοῦσαι, ἀλλ᾽ ὅτι καλός τε κἀγαθός.

Insisto en que esto es decir mucho "a simple vista" y del todo ilógico. Más aún sabiendo que hay cuestiones no descritas que se usan a la ligera y que no entran dentro del diálogo, para que otro pueda frenar a Sócrates y pedirle explicaciones, sino en la figura del narrador que es Sócrates hablando con el lector de los diálogos platónicos. Quizá cumpla una función provocadora para el lector, para el que escuche después este diálogo condensando los dos temas de los que, en gran medida, trata este diálogo y toda la filosofía socrática. Que no se ocupa de naturaleza, cosas o edificios, ni de organizaciones de este u otro tipo, sino de personas. ¿Alguien puede mostrar su belleza y bondad, en los términos en los que Sócrates los usa corrientemente? ¿Aparece ante nosotros la bondad y la belleza "a esta distancia", "a simple vista", "de primeras"? ¿Es Sócrates aquí una especie de divinidad, movida por un diosecillo que habla positivamente? ¿Por qué todo esto?

El experto traductor apunta que ha querido cumplir con la tremenda y admirable apariencia en la que Lisis se muestra totalmente, de ahí su licencia, que al tiempo oculta los términos propios del original griego, lo que pensaría que es un terrible error. Efectivamente, más allá de la triste distinción entre "interno y externo" a la que tan acostumbrados nos tiene la cultura occidental empobrecida hoy, ambas palabras no juegan en tanto en ese plano como en una dimensión de la persona en la que se hacen presente tensiones a lo más elevado, a la excelencia. Cumple ampliamente la definición de lo más elevado, pero en esa conexión que se da entre bello y bueno casi estrictamente en lo racional, pero no en lo sensible. Sería una locura de vida, no habría secreto alguno, quedaríamos desprovistos de misterio, de singularidad, disueltos en el mundo sin los límites, sin la capacidad de definirnos libremente. 

Es bello constatar cómo aquí se despliega la vida. Cambiando de tema o volviendo al inicio otra vez, Hipotales lo tenía todo tan claro y era en él tan fuerte que cantaba y componía sin parar, hasta el hartazgo de los cercanos. Pero un encuentro sencillo con Sócrates, al que invita a distraerse con ellos, si no tiene otra cosa que hacer, se vuelve para él problemático. Y ahora quiere entender, porque no entiende. A diferencia de Ctesipo, que dice que sí, que él lo explicará todo. Pero lo importante es lo que le ocurre y refleja Hipotales. Aunque con una gran docilidad, para lo que suele ser habitual fuera de los diálogos socráticos. Lo más hermoso de estos diálogos es, efectivamente, que se da diálogo, que se comunican las personas, que los dos parece que saben y no saben al mismo tiempo de qué están hablando y quieren investigarlo más. 

Los matemáticos, que eran los únicos que podían entrar en la Academia de Platón, son los que aprenden. Eso es lo que significa matemática en Grecia. No lo de ahora, sino lo de entonces. Vivir aprendiendo, ejercitarse en el aprendizaje, querer aprender. Y hacerlo con un cierto rigor. O, como luego sucede, al menos darse cuenta de que hay realidades que escapan de ese rigor. Sin embargo, funcionamos con ellas, las damos por supuestas, las tenemos presentes sin saber por qué están presentes. Y fijarse en ese presente lleno de vida, con realidades dadas por supuesto, o ponerlas entreparéntesis para que se muestren una vez más a ver si se captan nuevamente, más íntegramente, más plenamente, a eso le llamamos filosofía. Pero qué se yo. 

Como si se tratara de una espiral, la conversación así vivida atrae. El círculo en el que comienza Sócrates, que pasa "integradamente" de Lisis y se coloca en otro lugar para hablar con otros, sirve de atracción. ¿Será curiosidad? ¿Será por interés? ¿Qué es ese deseo que refleja? ¿Qué es eso de reflejar el deseo? En cualquier caso es movimiento. 

Eligen un lugar tranquilo. Un lugar sereno. Y tratan "de sus cosas". 

Lisis no se atreve a ir solo y solo se acerca cuando Menéxeno se aproxima, al que se suma. Al formar el grupo, cada uno ocupa su lugar. E Hipotales se oculta entre la gente para que Lisis no lo vea. Porque siente vergüenza. Esta descripción de la escena, efectivamente teatral, va empleando términos relevantes para la investigación de qué es ser humano y qué es ser amante y amado. Por no hablar de las que serán desde entonces importantes para la filosofía, como el grupo, que es lo que aparece sin ser nombrado. O la paz del diálogo entre unos pocos. Un movimiento de reunión en medio de todo lo demás que esté sucediendo en la palestra y en Atenas y en el mundo, sin que nada más les ocupe que las propias palabras. Un movimiento no vuelto sobre sí, sino sobre todo lo demás. 







jueves, 13 de enero de 2022

LISIS. Día 13. (Platón, 206b - 206d)

Cuál es el arte que puede mostrar Sócrates: el del diálogo, cuyo enemigo fundamental es la palabrería suelta y lejana, que no toca carne ni humanidad, dicha al aire. No puede dar consejos al margen de todo eso. Si algo puede mostrar, convencido está que aparecerá en el diálogo y no fuera de él. Lo mismo que le está ocurriendo a Hipotales y que le ha colocado en una situación de precariedad que antes veía como desbordante y magnífica. 

No es fácil de decir, le contesté, pero si quisieras hacer que viniese a hablar conmigo, tal vez podría mostrarte aquellas cosas de las que conviene hablar, en lugar de aquellas que, como estos mismos dicen, recitas y cantas. 

οὐ ῥᾴδιον, ἦν δ᾽ ἐγώ, εἰπεῖν: ἀλλ᾽ εἴ μοι ἐθελήσαις αὐτὸν ποιῆσαι εἰς λόγους ἐλθεῖν, ἴσως ἂν δυναίμην σοι ἐπιδεῖξαι ἃ χρὴ αὐτῷ διαλέγεσθαι ἀντὶ τούτων ὧν οὗτοι λέγειν τε καὶ ᾁδειν φασί σε. 

O sea, a estas alturas, es Sócrates, el que no ha entrado, el que invita a una conversación a Lisis, para que Hipotales aprenda. Ejemplo, una vez más, de lo que después será una de las acusaciones principales frente al tribunal y por lo que será condenado. Nos parece ridículo pensarlo, pero es así. Allí se dijo que "corrompía jóvenes enseñándoles", porque luego le imitaban, y aquí está ocurriendo tal cual en labios de Sócrates.  

Se distingue claramente el diálogo con la libre expresión poética o musical. A lo mejor entendemos ahora por qué el lugar del amor no es el canto solitario, sino el diálogo con el otro. En el diálogo no se está solo, a diferencia de lo que ocurre en poesía o canto, que el alma se expresa y libera, pero poco más. Ante la poesía o el canto no hay respuesta, solo contemplación estética. Las palabras que entran en diálogo pueden entrar en comunión, en concordia, en amor. 

Insisto en ese punto en el que ya Sócrates no tiene intención alguna de entrar en la diatriba que se llevaban al principio y sí está dispuesto a tratar sobre el amor, en concreto, con Hipotales. Casi como auxiliándolo. Lo que convierte, lamentablemente, a la posible conversación con Lisis en un escenario teatral o didáctico, pero habrá que ver si se da una auténtica conversación o no. Y Sócrates, para mayor distancia, pide que sea el interlocutor quien salga. 

Hipotales responde con una resistencia, pero encontrando fácilmente varias posibilidades. No era entonces para tanto. Indica entonces dos seguridades: que no saldrá Lisis y que, en caso de que Sócrates entre, se acercará a escuchar, bien por él mismo o a través de la mediación de Ctesipo. En cualquier caso, que Sócrates entre es la opción y se siente a hablar "como si tal cosa". ¿Está diciendo que Sócrates atraerá a Lisis con la palabra y que Lisis es atraído por la palabra? Sin duda, la presencia de Sócrates en la palestra provocará y llamará la atención de todos. No son tantos los que están allí reunidos. Es "la atracción" y "la novedad" del momento en la palestra recién estrenada. Además, están de fiesta y, con motivo de tales, se permite más "mezcla", más "juntarse unos con otros". El contexto es un lugar para niños y jóvenes en un tiempo que se permiten reuniones que, en circunstancias normales, los tendrían separados para ejercitarse cada cual según su desarrollo. 

Sócrates accede, con una fórmula solemne, como respondiendo al deber. 

Esto es lo que hay que hacer, dije yo. 

ταῦτα, ἦν δ᾽ ἐγώ, χρὴ ποιεῖν.

Y narra la entrada en la palestra con detalle. Hasta encontrar a Lisis, a quien ahora reconoce, y describirlo en su belleza y bondad. 




miércoles, 12 de enero de 2022

LISIS. Día 12. (Platón, 206b)

La filosofía no es un juego de palabras entretenido. El corte cotidiano de la propuesta platónica, en su escenario, no debería ocultar la raíz que está en juego y por lo que ha despertado el alma de la humanidad. Sócrates no es dios, ni héroe. Solo un dialogante, un cuestionante hiriente e incisivo, decisivo en sus afirmaciones y tan contundente que deja habitualmente sin respuesta. Pero volviendo un poco atrás, en la conversación con el joven Hipotales, bien se podría achacar que el razonamiento que hace es excesivamente plano y poco detallado, muy a la ligera. Y eso sería una terrible injusticia y falta de delicadeza.

Por preguntarlo de otro modo, ¿está Sócrates manteniendo una actitud cordial con Hipotales o agresiva y violenta? ¿Tiene efectivo interés en el tema hasta el punto de que pasa como un tanque de guerra, como un ejército en formación por encima de las personas? ¿No usa su experiencia aquí y el prestigio que le acompaña para hacer enmudecer y someter al joven enamorado? ¿No repite demasiado que es ridículo, como despreciándolo, lo que Hipotales considera lo más honesto y bello?

Irónicamente, si Sócrates alabara su talento poético, lo que conseguiría sería hincharlo aún más. Parece estar templando y moderando su ánimo. Con el impacto, ha bajado el entusiasmo de quien creía que sabía lo que vivía y ha dejado al descubierto que está dispuesto rápidamente a cambiar de parecer, como si no estuviera sujeto a su propia experiencia y más bien se sometiera a la interpretación, según el momento. Antes aquello, ahora esto. Hipotales ha cambiado muy rápido. No ha soportado ni dos minutos las preguntas. ¡Y todavía Sócrates sigue a las puertas, en los muros, por fuera! 

Dando un salto más. 

Mira, pues, Hipotales, que no te hagas culpable de todo esto por tu poesía. En verdad se me ocurre que un hombre que se perjudicaría a sí mismo no irás a decirme que, haciendo lo que hace, es un buen poeta. 

No, por los dioses, me dijo, porque sería una gran insensatez. Por ello precisamente, Sócrates, te consulto y, si tienes otro medio, aconséjame sobre lo que hay que decir o hacer para que sea grato a los ojos del amado. 

σκόπει δή, ὦ Ἱππόθαλες, ὅπως μὴ πᾶσι τούτοις ἔνοχον σαυτὸν ποιήσεις διὰ τὴν ποίησιν: καίτοι οἶμαι ἐγὼ ἄνδρα ποιήσει βλάπτοντα ἑαυτὸν οὐκ ἄν σε ἐθέλειν ὁμολογῆσαι ὡς ἀγαθός ποτ᾽ ἐστὶν ποιητής, βλαβερὸς ὢν ἑαυτῷ.

οὐ μὰ τὸν Δίαἔφηπολλὴ γὰρ ἂν ἀλογία εἴηἀλλὰ διὰ ταῦτα δή σοι Σώκρατεςἀνακοινοῦμαικαὶ εἴ τι ἄλλο ἔχειςσυμβούλευε τίνα ἄν τις λόγον διαλεγόμενος  τί πράττων προσφιλὴς παιδικοῖς γένοιτο.

Volvemos con las imágenes. De nuevo, donde dice "culpable" estaría bien decir paralizado, sujeto, atrapado, metido dentro de la pena, del dolor. En claro contraste con el orgullo que saca a alguien de sí, cuando dice superar lo que es y se pierde, por lo tanto. Aquí el culpable es alguien que permite ser contenido en el sufrimiento, en el mal, en el sin sentido. Continúa el mismo hilo de la conversación anterior. Que no se paralice. Y, por otro lado, el verbo "perjudicar" es más bien un ponerse trabas para seguir adelante, obstaculizarse, inhabilitar, incapacitar. No es solo un "mal que se recibe", como parece querer mostrar el "perjudicar", sino que implica una permanencia en él, una ligazón con lo ocurrido, quizá por medio de la responsabilidad y de la acción guardada en la memoria. 

El insensato es alguien que carece de logos, sin palabra y sin alma. No puede estar a la altura. Pero Hipotales reacciona a tiempo y toma las riendas para preguntar a Sócrates, colocándose en una situación extraña. Quiere aprender de él, quiere ser aconsejado y lo pide extrañamente. ¿Sócrates es percibido como buen consejero para los temas de amor? ¿Tanto éxito y pasión despierta? ¿Es acaso conocido por algo similar? ¿Qué relación tiene esto con su posterior condena, acusado entre otras cosas de corromper a jóvenes?

Como con todo, ya se ha dado un giro. Y el que antes amaba con alegría y cantos, ahora se pregunta por sí mismo y cómo puede agradar con sus palabras y acciones. Quiere volverse agradable. No solo cantar las "amabilidades" del amado. 



martes, 11 de enero de 2022

LISIS. Día 11. (Platón, 206a - 206b)

El impacto ha sido grande. Desconcertado Hipotales, pero dócil. De todo el discurso de Sócrates, del que ayer subrayaba una frase en concreto, se parte solo de su final. De hecho, de algún modo es una cierta extracción o derivada de lo anterior, una muy concreta. Por recordar: a los más bellos -no a todos, según parece-, cuando alguien los enlanza y alaba -o sea, reconoce su belleza y los elogia con sus palabras-, se hinchan de orgullo y arrogancia -es decir, se pervierten, se transforman en feos, se vuelven desagradables los que antes eran agradables-. 

καὶ ἅμα οἱ καλοί, ἐπειδάν τις αὐτοὺς ἐπαινῇ καὶ αὔξῃ, φρονήματος ἐμπίμπλανται καὶ μεγαλαυχίας: ἢ οὐκ οἴει;

Una palabra, la que canta Hipotales, apunta en una dirección. Decía el verbo en concreto que se "estira" en un sentido, que porta por tanto eso que nombra. Sin embargo, al final se usa otra comparación para referirse al efecto de las alabanzas: desbordan, se llenan en exceso, quedan sobrepasados, no pueden hacerse cargo de lo que se dice y los rompe. Dos imágenes. Dos tipos de palabras y dos actitudes, como dos también son, y no más de momento, los implicados: el amante y el amado. ¿Qué hace el amado con el amor que quiere tanto? Quedar superado y no saber qué hacer para recogerlo, lo que deriva en orgullo, un conocimiento extraordinario de sí o algo parecido, y arrogancia, es decir, que no sabe de dónde viene, que cree que tiene un origen superior. ¿Y todo esto porque recibe bonitas y bellas palabras, cantos elevados por su belleza, cantos exaltados por el amor del amante? ¿Así termina, siendo desagradable como persona quien es bello sin más en la apariencia o agradable en el primer trato? ¿Su destino, al ser amado, es entonces resistirse a sí mismo al ser amado con prudencia y recordando su origen, sin dejar de hacer pie en su tierra? 

Hipotales, que es muy dócil, ante la pregunta de Sócrates responde, sin más: 

Sí que sí, dijo. 

ἔγωγεἔφη.

O sea, el joven parece que sí que sabe más de lo que Sócrates ha supuesto antes y ya tiene algún tipo de experiencia en esto. Porque no lo duda. Su asentimiento fiducial es total. Está entregado. ¡Con lo que cuestan en tantas otras ocasiones las concordancias y aquí la tenemos al principio mismo del diálogo!

Sócrates remata. Ojo a la conexión. Porque igual que las palabras señalan, el amor, por sí mismo y todavía sin definir, parece ir derecho a un tipo de realidad concreta, y no a todas. No se resiste ante unas, se separa de otras. Quiere apegarse de unas, distanciarse y perder de vista otras. 

Por consiguiente, cuando más arrogantes son, más difíciles se hacen de agarrar. 

οὐκοῦν ὅσῳ ἂν μεγαλαυχότεροι ὦσιν, δυσαλωτότεροι γίγνονται;

Se ha perdido el orgullo, se ha quedado con la arrogancia. Pero ya no se habla, propiamente, de amor. Sólo de "agarrar", en la misma raíz de "verdad". No se llega a atar, no se llega a sujetar. Su "megalauchos" lo impide, lo hace inasequible, lo hace desproporcionado. Pero ha sido por la propia forma en la que parece que el amor se expresa libremente y sin ataduras, curiosamente. Uno se desata, el otro se disloca. 

La forma de la frase, que es una conclusión, no termina nada. Solo empieza, como en otros casos, con las comparaciones varias a las que estamos acostumbrados en los diálogos platónicos. Ahora bien, la temática cambia. 

¿Qué clase de cazador crees tú que sería el que asustase a la caza e hiciese, así, más difícil la presa?

Es claro que malo. 

¿Y no es el colmo de la torpeza utilizar el señuelo de los discursos y los cantos para espantar?

A mí me lo parece. 

ποῖός τις οὖν ἄν σοι δοκεῖ θηρευτὴς εἶναιεἰ ἀνασοβοῖ θηρεύων καὶ δυσαλωτοτέραν τὴν ἄγραν ποιοῖ;

δῆλον ὅτι φαῦλος.

καὶ μὲν δὴ λόγοις τε καὶ ᾠδαῖς μὴ κηλεῖν ἀλλ᾽ ἐξαγριαίνειν πολλὴ ἀμουσία: ἦ γάρ;

δοκεῖ μοι.

Qué desastre. Ahora es responsabilidad de Hipotales y está cargando con su culpa. Aunque no sé, a decir verdad, si está hablando del amor o de los sofistas y esto está siendo todo ironía y poco más, y lo estamos recibiendo aquí como palabras serias cuando es Sócrates jugando con el joven enamorado de Lisis. Qué duda. Por un lado, "parece". Por otro, "el discurso como sueño". Conclusión, el espanto. ¡Qué torpeza más grande!

Hipotales responde que es fácil lo que está diciendo Sócrates. Lo ve claro fuera de sí en sus palabras, no en sí mismo. 

Una palabra. Comparar al amante con un cazador dice ya mucho de la idea que hay detrás. Por otro lado, las armas son las palabras. Pero el cazador, atrapa o mata, o pierde. El mal cazador.  No se debería llamar cazador siquiera. 



lunes, 10 de enero de 2022

LISIS. Día 10. (Platón, 205d - 206a)

Directamente al tema. Hipotales se ha quedado sorprendidísimo. Con lo contento que estaba con ese amor tan fecundo que le inundaba y le hacía componer y cantar poemas. Curiosamente, mientras él piensa que se está olvidando de sí mismo al estar tan centrado en otro, viene Sócrates y se lo desmorona todo. Lo que vive, según el maestro con el que él mismo ha querido dialogar, aunque no de esto sino de otras cosas, para pasar el tiempo, le dice que lo suyo solo es un engañoso amor a sí mismo. Y eso, se llamará de muchas formas, pero no es amor propiamente hablando. El argumento que lo tumba todo es que no hay amor real porque no hay otro, solo un sí mismo. Ego en expansión. Hoy se dice amor posesivo. Quizá lo han leído aquí. En la historia de la filosofía se llama amor propio, que de amor tiene tan poco como de exceso en la apropiación. 

Sócrates le cuenta a Hipotales, que no entiende lo que quiere decir: 

Más que a nadie, dije, apuntan a ti esos cantos, porque si llegas a conseguir un muchacho de esta clase, va a ser tú el que salgas favorecido con tus propios discursos y canciones, que serán como un encomio al vencedor, a quien la suerte le ha deparado tal muchacho. Pero si se te escapa, cuanto más encomios hayas hecho a él tanto más ridículo parecerás por haber sido privado de tales excelencias. El que entiende de amores, querido, no ensalza mucho al amado hasta que lo consigue, temiendo lo que pudiera resultar. Y, al mismo tiempo, los más bellos, cuando alguien los ensalza y alaba, se hinchan de orgullo y arrogancia. ¿No te parece?

πάντων μάλισταεἶπονεἰς σὲ τείνουσιν αὗται αἱ ᾠδαίἐὰν μὲν γὰρ ἕλῃς τὰ παιδικὰ τοιαῦτα ὄντακόσμος σοι ἔσται τὰ λεχθέντα καὶ ᾀσθέντα καὶ τῷ ὄντι ἐγκώμια ὥσπερ νενικηκότιὅτι τοιούτων παιδικῶν ἔτυχεςἐὰν δέ σε διαφύγῃὅσῳ ἂν μείζω σοι εἰρημένα  ἐγκώμια περὶ τῶν παιδικῶντοσούτῳ μειζόνων δόξεις καλῶν τε καὶ ἀγαθῶν ἐστερημένος καταγέλαστος εἶναιὅστις οὖν τὰ ἐρωτικά φίλεσοφόςοὐκ ἐπαινεῖ τὸν ἐρώμενον πρὶν ἂν ἕλῃδεδιὼς τὸ μέλλον ὅπῃ ἀποβήσεται. καὶ ἅμα οἱ καλοίἐπειδάν τις αὐτοὺς ἐπαινῇ καὶ αὔξῃφρονήματος ἐμπίμπλανται καὶ μεγαλαυχίας οὐκ οἴει;

Recordemos la breve conversación anterior sobre las palabras y los significados, porque aquí se dice algo más. Que todo lo que ocurre apunta en una dirección. Evidentemente, en el caso de las palabras, como signos, está claro que significan algo, que señalan, que muestran o ponen delante algo. Pero igualmente las acciones, como tantas otras cosas cotidianas, se tienen a sí mismas y más que a sí mismas. Dice el verbo que se estiran, que se alargan, que ceden. Y logran alcanzar algo más allá. Aquí, en el caso de Hipotales, diríamos que se han estirado tan poco que solo llegan a sí mismo, a envolver al sí mismo, a ser "autos". Es lo que tiene el amor propio, que esta solo. 

Lo siguiente es igualmente interesante. Como el canto que entona Hipotales habla de lo que no se posee, en el caso de que llegue a poseer lo que con tanta altura ha proclamado, quien quedará bien será él mismo. Porque el amor, insisto, aquí es posesivo. Quien ama, tiene, conquista y gana. Es igualmente lo propio de los himnos de los juegos y de los héroes. El contenido no es el amor, sino el amado, el objeto, convertido en objetivo, al que se pretende conquistar llamando la atención con las palabras y otras formas, destacando en el baile celoso de todo lo demás y exaltado. 

Un amor posesivo. Que pone a la persona que ama en juego, en la rueda de la fortuna de la que solo se puede salir o victorioso o perdedor, sin opción intermedia. A lo que se añade, por el modo de proceder de Hipotales, que ha sido hecho cuestión pública, a la vista de todos. Hipotales no tiene más opción para salir de allí que una u otra. Está en medio, delante de la batalla que decidirá su fortuna. O la gloria o el ridículo. 

Esto es así, y se aprende algo con la vida según Sócrates, que el que se sabe en medio de la batalla aprende con el tiempo a callar en paz. No se la juega ante otros. Conoce igualmente cuál es el término. Siempre ridículo, por otro lado y haga lo que haga. Porque incluso alcanzando al "amor de su vida", cuando lo tenga, quedará aún mucho más por hacer. O se habrá engañado a sí mismo. Es decir, que con el tiempo, con la experiencia en la vida, la moderación se impone. Porque ni es tanto lo que se siente, ni es tan alocada la pasión. Pero con el tiempo. Algo que Hipotales no tiene, ni puede tener. No se le puede imputar culpa alguna, si se aprende de la vida y del tiempo. 

Quien ama, en definitiva, aprende igualmente a temer. Solo quien entiende de amores, quien sabe. Amor y temor, pronto van de la mano. Es la frase que he subrayado arriba, la más compleja. Los amores se mezclan y van dividiendo, lo mismo que el saber sobre el amor y el saber sobre lo que se teme. Descubre el amor, en quien vive el amor, una zona de sí que no estaba igualmente a la luz, una precariedad mayor que comienza a luchar, no solo fuera de sí. 

Además, y el final puede ser muy importante considerarlo, ensalzar y alabar termina por deformar. O sea, lo contrario de lo que pretende. En lugar de poner de relieve y a la vista de todos, destruye lo que canta y engrandece. Justo al revés. Lo cual, por aquello de las palabras y los significados, implica algo mucho mayor respecto del poder de lo que se dice y de la precariedad en la que se recibe comúnmente, que no se ve de primeras, pero está.