jueves, 1 de octubre de 2026

FEDRO. Día 16. Platón 235b

Fedro se ha vuelto tan repetitivo como el discurso de Lisias e insiste, no sin recriminar antes a Sócrates que Sócrates no ha dicho nada, que el discurso realmente dice todo lo que hay que decir y que no se puede decir ni más ni mejor. Hasta en ese más y mejor resulta repetitivo en griego, queriendo hacer un juego de sonidos y musicalidad. Pero lo que dice es muy serio. 

En primer lugar, que alguien es capaz de agotar un tema. En segundo lugar, que ese tema es tan pobre que cabe, aun siendo algo como el amor, en un par de páginas escritas de un libro que puedan ser proclamadas o pronunciadas por cualquiera. Después, que es algo que debe decirse, como si hubiera una obligación humana de poner por palabras la vida en el mundo. 

Es un convencido. Está claro. Y frente a lo que quiere defender, otra cuestión que no hay que dejar pasar, ni olvidar. El hecho de que Sócrates haya dado una primera respuesta irónica y centrada en la retórica, más que en el contenido, pues de eso se trata en la sofística principalmente y no de otra cosa, es interpretado por Fedro justo al revés de como cabe esperar de un sabio. Cosa sorprendente. 

Φαῖδρος

οὐδὲν λέγεις, ὦ Σώκρατες: αὐτὸ γὰρ τοῦτο καὶ μάλιστα ὁ λόγος ἔχει. τῶν γὰρ ἐνόντων ἀξίως ῥηθῆναι ἐν τῷ πράγματι οὐδὲν παραλέλοιπεν, ὥστε παρὰ τὰ ἐκείνῳ εἰρημένα μηδέν᾽ ἄν ποτε δύνασθαι εἰπεῖν ἄλλα πλείω καὶ πλείονος ἄξια.

Sócrates vuelve a responder lacónicamente. "Esto es algo en lo que ya no puedo estar de acuerdo contigo." Aquí aparece la famosa distancia, la falta de "homología", aunque no se use el término específicamente (lo cual solo debe preocupar mucho a los más puritanos entre los señores del lenguaje). La discordancia, la separación que se produce entre dos personas que hablan de un tema revela algo importante: hay interpretaciones diversas, lo cual puede ser en muchos casos posible sin más. El problema es cuando se produce una contradicción, como bien apunta Sócrates al señalar que otras muchas personas del pasado -pues la escritura siempre es pasado-, y sabias además, dijeron otras cosas y, por lo que sea y del modo que sea, pudieran levantarse y plantar cara a Sócrates como si se tratara de un traidor juzgado en el ágora por la democracia entera de Atenas. Se levantarían, sobre todo, si "cediera" a Fedro como si no pasase nada por dar la razón a alguien que, en opinión de uno, no la tiene, sin discutir al menos un poco o ver quién refuta a quién. Lo interesante de la cuestión es este enorme pórtico sobre las reglas del juego socráticas que dibujan un mapa del que es difícil escapar. Sin decirlo, lo que está puesto encima de la mesa es que en la verdad no hay contradicción alguna. 

Σωκράτης

τοῦτο ἐγώ σοι οὐκέτι οἷός τ᾽ ἔσομαι πιθέσθαι: παλαιοὶ γὰρ καὶ σοφοὶ ἄνδρες τε καὶ γυναῖκες περὶ αὐτῶν εἰρηκότες καὶ γεγραφότες ἐξελέγξουσί με, ἐάν σοι χαριζόμενος συγχωρῶ.

Fedro, de forma un tanto perezosa, se queda extrañado y pregunta quiénes son esos testigos. O sea, de todo lo dicho, quiere interrogar lo último de todo. Imagino que para saber algo más de lo que sabe, porque si lo supiera lo hubiera dicho o se hubiera acordado de ellos o pudiera mostrar que lo conoce y que los ha refutado. Sin embargo, calla y pregunta por esos nombres. Y, además, por el lugar en el que Sócrates oyó de ellos, es decir, por el modo en que Sócrates los trató. No sea que no haya habido trato directo o el mensaje estuviera tergiversado o fuera manifiestamente engañoso. 

El caso es que pregunta. Entra ya en la conversación. Y Sócrates va a ampliar el mundo del que habla, como buen testigo que es de lo que va ocurriendo. La razón, por cierto, siempre es amplia y amplía. No es cualquier cosa. No se queda pegada a una cosa como si solo existiera esa en el mundo. 

Lo primero que dice Sócrates es que él no sabe de esas cosas. Pero ha escuchado ciertos nombres: Safo, Anacreonte, algún escritor de prosa. Y recuerda, acto seguido, dos temas importantes: que hoy se siente capaz de decir cosas bellas y que él calla porque, reflexionando sobre sí y sin olvidarse de quién es, sabe perfectamente que es un ignorante y no se deja, por tanto, llevar fácilmente. El Sócrates que sabe, insisto, que no sabe. Esa es la fuerza que tiene para dominarse a sí mismo, dirigir su vida y gobernarla de un sitio a otro yendo donde corresponde. Con más o menos sufrimiento. 

Como criterio fundamental, saber qué ha venido a la mente por uno mismo. Es decir, dónde hay trabajo personal racional, dónde ha habido esfuerzo por alcanzar una idea. Y no conformarse, ni por asomo, con aquello que llega de fuera como sombra, como un intento de conquista. Lo cual me recuerda, una vez más, el bello texto del Protágoras donde el Platón inicial hablaba en estos mismos términos de la acción de aquel hombre mayor que tanto le asombró. Dejarse llenar con cosas de otros, como si fuera un "tonel", sería poco menos que una locura o estupidez. 

Φαῖδρος

τίνες οὗτοι; καὶ ποῦ σὺ βελτίω τούτων ἀκήκοας;

Σωκράτης

νῦν μὲν οὕτως οὐκ ἔχω εἰπεῖν: δῆλον δὲ ὅτι τινῶν ἀκήκοα, ἤ που Σαπφοῦς τῆς καλῆς ἢ Ἀνακρέοντος τοῦ σοφοῦ ἢ καὶ συγγραφέων τινῶν. πόθεν δὴ τεκμαιρόμενος λέγω; πλῆρές πως, ὦ δαιμόνιε, τὸ στῆθος ἔχων αἰσθάνομαι παρὰ ταῦτα ἂν ἔχειν εἰπεῖν ἕτερα μὴ χείρω. ὅτι μὲν οὖν παρά γε ἐμαυτοῦ οὐδὲν αὐτῶν ἐννενόηκα, εὖ οἶδα, συνειδὼς ἐμαυτῷ ἀμαθίαν: λείπεται δὴ οἶμαι ἐξ ἀλλοτρίων ποθὲν ναμάτων διὰ τῆς ἀκοῆς πεπληρῶσθαί με δίκην ἀγγείου. ὑπὸ δὲ νωθείας αὖ καὶ αὐτὸ τοῦτο ἐπιλέλησμαι, ὅπως τε καὶ ὧντινων ἤκουσα.

Lo siguiente será un elogio. Pero tocará mañana.  


 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

FEDRO. Día 15. Platón 234e

La situación es la siguiente. Después del discurso leído y el primer intercambio, el único que no ha revelado la posición en la que está es Sócrates. Y de ahí su capacidad para actuar. Una estrategia que, con suma ironía, tiene desconcertado a Fedro, que en verdad ya ha manifestado todo lo que se puede esperar de él. ¿O no?

Analicemos la primera respuesta de Sócrates. En primer lugar, le da igual todo. Un buen punto de partida. Una radical indiferencia. 

Pero continúa negándose a sí mismo y preguntando si se tiene que alabar a alguien por decir lo que tiene que decir y poco más. Si es que este fuera el caso. Un elemento que aparece en otros muchos diálogos: la persona que se ajusta a lo debido, al tema propiamente hablando, y expresa su opinión de forma libre y pública, para otros. Aunque, en este caso, Sócrates le tira el guante al propio Fedro, respecto al contenido, mientras que él dice haberse fijado más en lo aparente y la forma, es decir, en lo retórico, en el uso de las palabras. Como a mí, sinceramente, el discurso le ha parecido repetitivo por escasez de contenido. Esto es, que el autor habla y habla, como diciendo cosas, porque en realidad solo tiene una que decir y es pobre, pequeña o insignificante. No se ajusta al contenido, entra en discrepancia formal con el tema y queda en un entretenimiento infantil, como le parecía a Fedro que Sócrates respondía de primeras. O sea, que se está tomando a broma lo que es más serio, en parte porque le da igual el tema y cree que con palabras más o menos bien usadas puede satisfacer populistamente a la masa que lo escuche. 

No le falta razón a Sócrates en este punto. En el fondo, lo que está en juego es el servicio que prestan las palabras como herramientas. De momento, solo son consideradas en su valor de medios portadores de algo más. Si cargan con mucho y se hacen pesadas por eso mismo, quizá no consigan su objetivo real que es llegar a buen puerto y transmitir algo relevante. Si se vuelven ligeras en exceso, será que nada soportan. Tendrían que ajustarse más bien entre ellas para alcanzar con éxito la meta. 

Las palabras pueden servir para profundizar. Una palabra se agarra, no se deja escapar y se la interroga para que suelte entonces todo lo que lleva dentro. Fijarse en la retórica es quedarse en lo superficial, cuando no está al servicio de la verdad. Este va a ser el tema realmente importante del diálogo a partir de ahora. Puesta la verdad en el medio, aunque solo sea intuitivamente, la retórica se vuelve problemática no solo por la calidad de sus formas, sino porque puede servir humildemente a la verdad o servir soberbiamente a su ocultación o engaño. Las palabras son el dedo que señala en medio del mundo en alguna dirección. No son cualquier cosa. Nuestra existencia entera, por así decirlo, es una palabra. Y sabemos que, al examinarla, lo relevante es qué porta, qué anuncia, qué confía y qué confirma. Sabemos que la existencia vivida así, como palabra, se somete por tanto a la luz de la verdad. 

martes, 29 de septiembre de 2026

FEDRO. Día 14. Platón 234c


Leído el discurso, su final es muy interesante. Primero dice que considera suficiente lo que ha dicho. Imagino que sobre el tema. Y tiene razón, en parte al menos, sobre la suficiencia de lo dicho. Nos hacemos de sobra una idea de por dónde van las cosas. Por otro lado, añade una invitación como cierre: "si echas en falta algo (es decir, si notas alguna carencia, hueco o problema), pensando que se ha omitido (esto es, que algo se ha restado a la exposición con una intención), pregunta." 

Dos verbos de pensamiento se oponen. El escritor se reserva para sí mismo el término más fuerte y poderoso, relacionado con hacer un juicio de valor y sancionar una realidad. Es el verbo, por así decir, propio del saber de los dioses, que sopesan la realidad y la tienen a la mano casi directamente. Mientras tanto, el segundo verbo (ἡγεμών) es más bien una interpretación personal. Cabe imaginar aquí como dos polos de tensión fortalecidos: la objetividad de quien defiende lo suyo y la subjetividad de quien está escuchando, que debe ceder y dar la razón al primero. 

Esta última palabra, como se ve abajo, tiene un sonido muy similar a "eros" que salta a la vida. La pregunta dice algo del amor. Si nos ponemos exquisitos, la pregunta es una invitación a amar, continuando el discurso y haciéndolo, como ahora mismo veremos a Sócrates procediendo, materia y cuerpo y alma de la conversación a viva voz.  

ἐγὼ μὲν οὖν ἱκανά μοι νομίζω τὰ εἰρημένα: εἰ δ᾽ ἔτι τι σὺ ποθεῖς, ἡγούμενος παραλελεῖφθαι, ἐρώτα.

Después de eso, Fedro pregunta a Sócrates con mucho valor. Todos esperamos que llegue su opinión lo antes posible y, con ella, termine ya este pobre discurso de palabras confusas e ideas repetitivas. Poco elegante, no digamos edificante. 

Φαῖδρος

τί σοι φαίνεται, ὦ Σώκρατες, ὁ λόγος; οὐχ ὑπερφυῶς τά τε ἄλλα καὶ τοῖς ὀνόμασιν εἰρῆσθαι;

Lo que Fedro pregunta es por el "parecer". Este es el grado en el que están trabajando, el de las impresiones. Es interesante que el discurso es "logos", en su conjunto. Es sobre lo que Sócrates está invitado a valorar. Mientras que, en la segunda pregunta, un hábil Fedro cree que puede adelantar ya el final dando a entender todo lo que hay que decir, que no es otra cosa que destacar que es algo superior por el empleo de nombres de cosas, de sustantivos con sustancia propia. 

Destaco que se trata de una valoración estética, de algún modo superficial, que vale para infinidad de discursos y no para "el discurso" propiamente hablando. Cabe esta opinión de casi todo, sobre todo si hay que opinar en el terreno de la buena educación y la compostura fina de quienes se mueven en sociedad. Ellos, por otro lado, se encuentran muy lejos de todo eso, tirados en el campo a la vista de nadie y, por lo mismo, podrán considerar las cosas que quieran. 

La respuesta de Sócrates resulta pura ironía, no difícil de reconocer. Se muestra extasiado y conmovido, traumatizado por semejante poderío. No el de las palabras, sino el de Fedro discurso en mano. O sea, que el discurso le ha dado igual. Y, una vez más, en un ejercicio de discreta juventud, se coloca por debajo del interlocutor, le cede el puesto de maestro y sabio para ver si se sienta en él con comodidad, y si accede a responder a lo dicho. Y lo dice a su modo, con el encanto amoroso y tierno que le acostumbra a poseer al inicio de cada encuentro. 

Haciendo de aedo, imitando a Homero, también él cautiva con sus palabras y se refiere a Fedro como "el de la cabeza inspirada". Así es como dice haber seguido su enseñanza, su lectura, entrando en trance con él igualmente, pues las palabras, y esto es verdad, nos conducen de un sitio a otro. ¿A dónde le ha seguido, dejando todo? ¡A una bacanal (συμβακχεύω)! ¡Qué locura! ¡Arrastrado por Fedro a una bacanal a través de este discurso y su rostro entregado! 

Lo que ocurre, y aquí está el juego, es que Sócrates se pone en el lado que ha sido duramente criticado por el discurso, como humillándose a sí mismo por adelantado, aunque nadie se lo creerá realmente. Ni Fedro. Tan es así que Fedro ahora pregunta, como bloqueado, si Sócrates no se está comportando como un niño que juega (παίζειν). Es decir, si Sócrates no está haciendo broma de algo que a él le parece tan serio y hermoso. Debe ser duro, la verdad, tener un amigo y que este responda con tanta crueldad ante la emoción ajena, dejando en ridículo el propio entusiasmo. Y Sócrates responde, preguntando muy hábilmente por la parte del conocimiento, que cómo es posible que Fedro piense semejante cosa de él y no que se lo está tomando en serio (σπουδάζειν). Porque Sócrates, redoblando la ironía, lo que hace aquí es mostrar que el discurso, para tomárselo en serio, lo que merece es que sea recibido en broma. 

¿Ha dicho algo Sócrates? No mucho. Pero ha usado la misma técnica retórica que con tanto ahínco se repite, hasta hartar, en el discurso. Esto de dividir en dos y tener que elegir o lo uno o lo otro. Imposible no dejarse ahora confundir porque qué responde Fedro para salir airoso. Lo primero sería dejar a Sócrates como un niño que juega con lo más grande. Lo segundo es ponerse en el lado de aquello que justamente el discurso critica, arrastrados por la locura. 

Fedro insiste, para no dejarse enredar, y retoma el momento inicial con una exageración, invocando a Zeus. ¿Hay algo más que decir sobre este asunto? ¿No es tan perfecto que es suficiente en sí mismo y tiene poder por sí mismo para convencer a cualquiera?


lunes, 28 de septiembre de 2026

FEDRO. Día 13. Platón 231a-234c

Fedro lee el discurso. Será el punto de arranque del diálogo. Sócrates escucha sin interrumpir. Permanece a la espera. Quizá guardando una o dos palabras clave sobre las que luego investigar a fondo. Fedro está orgulloso, pues cree que porta un tesoro sobre el que debe meditar y refrescar la memoria. 

Lo primero es ir contra el amor (eros), como una pasión contraria a la libertad y que, por eso mismo, lleva en su secuestro el arrepentimiento que será signo de estar despertando. Pues el enamorado es generoso sin medida y luego, cuando el frío llegue a su pecho, la razón pondrá blanco sobre negro. Sin embargo, frente a él, el modelo a seguir e imitar es quien se entrega al amor sin esa presión y dominación, como actuando por libertad. Y no le falta razón al discurso por tanto, pues quién quiere dejar de ser dueño de sí de semejante modo. Peor aún cuando lo que se cree perseguir es algo bueno, que concede dicha y felicidad, y, sin embargo, muta después en algo turbio. 

En segundo lugar, esta enfermedad une a uno tanto con otro que puede llegar a separar y romper la relación con los demás. Lo cual es muy significativo y muestra hasta qué punto llega la sinrazón, destruyendo la comunidad y la historia previa. Dice el texto que el enamorado está tan fuera de sí que, si el amado se lo pide, llegará a hacer mal a los que primero quiso. Según lee Fedro, los enamorados saben que "no están sanos, sino enfermos". Su enfermedad es "falta de dominio". O dominio excesivo del otro sobre uno. 

En 231d creo que la lógica se rompe, pues ahora habla de un enamorado que elige amante. No como antes, que era algo así como presa de un devastador monstruo. Ahora trata de la capacidad para elegir amante y subraya una diferencia. Si se elige "al mejor", se tiene que elegir entre pocos. Si se elige "el que mejor va", se puede hacer entre muchos. Pero me parece que esto no funciona así. 

Otro aspecto que trabaja, paradójicamente, es sobre la difusión de las relaciones, sobre su publicidad. Y vuelve a diferenciar entre dos opciones. Los que están enamorados creen que los demás compartirán su locura y, entonces, lo cuentan a todos esperando aplausos y alabanzas, aunque encuentren lo contrario. Sin embargo, "los dueños de sí mismos", que no aman, se mantienen en la discreción. Y vuelven entonces a escoger lo mejor. Es inevitable, dice el texto, que el amante vaya detrás del amado y todos lo vean. Y todos piensan entonces que está satisfaciendo sus necesidades o que pronto lo hará. Mientras que los que no aman, aunque estén juntos, no serán motivo para que nadie piense nada. Solo se pensará en que dialogan. Esta exposición o visibilidad del amor redobla, por lo mismo, los problemas del amor, sobre todo entre los jóvenes que no se dominan a sí mismos. 

Se suman los celos. El amado teme perder a su amante al encontrarse este con otros que le superen en riqueza o cultura. Lógico, en esta lógica. Y busca por ese motivo que el amante se enemiste y separe de los demás, para cerrar su círculo y visión, para que nada haya que pueda hacer sombra. Puro temor, cuya consecuencia es que, por miedo y poco amor real, impide la libertad del amado transformándolo en piedra que contemplar inmóvil. Y el discurso vuelve a contraponer otra vez a los que, por no amar, tampoco se preocupan ni sufren por estas cosas. Ellos, como no han estado bajo el influjo del amor, lo que tienen lo tienen por su propia acción y mérito. Y conscientes de esta posición de suficiencia, no temen como los otros. 

El eros, en este discurso al menos, tiende antes al cuerpo que a todo lo demás. Hace secundario el carácter de la persona y todo lo demás. Se queda fijo atendiendo al cuerpo y lo inmediato. De donde se deduce que no hay amistad todavía entre ellos y no se sabe si habrá amistad después de la satisfacción del deseo erótico. Al contrario, los que no aman sí tienen amistad y seguirán conservándola, "en memoria del buen rato pasado" y llegando a ser "promesa de futuro". No es poco. 

Avanza el discurso, a mi entender, en otra dirección poniendo ahora más en valor el amor de amistad que el amor erótico, destacando en él su parte más racional y fría, y no la física e impulsiva. Como consecuencia, el autor ve en la amistad algo mucho más firme que el eros, mucho más sólido y perdurable, que se sostiene por sí mismo en el ánimo de ambos, y no reposa en el alocado impulso de un amor que golpea más que conduce. Y además de ser más sólido, también le atribuye como característica o nota particular un cierto desinterés por sí mismo a causa de la entrega desbordada al amado, convirtiéndose así en fuente de ruina. Lo que elogia el discurso es, al contrario, a aquel que es capaz de mirar por sí mismo y calcular bien quién estará en deuda, quién tendrá que verse obligado a considerarlo por encima de sí a partir de ese momento, y no a la inversa, como le ocurre al desdichado amante. Es decir, hay que proveer de bienes a los que, como mínimo, puedan devolverlos de algún modo. Eso sería lo más inteligente. 

Un comentario, como si nada, deja a los jóvenes en periodo de prueba y tentación. En general, por supuesto, y sin matiz alguno. Frente a los jóvenes, algunos, no todos, mayores podrán "mostrar su excelencia" cuando se haya calmado, si es que eso ocurre en todo orden de la vida, el deseo. 

El cierre llama a considerar lo dicho. Deja todo delante, incluso aquello que suele pensarse y no se dice, revestido de una cierta nobleza que invita a ser acogido por encima y delante de todo lo demás. Lo fundamental, como se apunta, "el provecho", el "mutuo provecho", enemigo de la gratuidad. Y abre la puerta al diálogo invitando a preguntar. Tiempo le faltará a Sócrates para acoger esta última palabra por encima de todas las demás. Lo intuyo. 

Mi valoración primera sería la siguiente. Se habla mucho y se dice poco. Se tratan síntomas, no sin cierta malicia, sin profundizar en los entresijos de lo que ocurre. Y desde el inicio se condena a la esclavitud al amor, sin considerar en serio que pueda elegirse como lo mejor por encima de todo lo demás que pueda decirse del impulso juvenil erótico. Que tampoco convendría despreciar, sino sanar. Los juegos infantiles que separan blanco y negro con facilidad, a mi entender, siempre tienen trampa, siempre conducen intencionalmente a engaño. Y cuando se habla demasiado apelando a un sentido común excesivamente asentado en la mayoría, quizá se pretenda también apalancar a alguien en su ignorancia, sin querer más que hablar y hablar para confundir y ganar algo. Este discurso, conviene no olvidarlo, está hecho para enamorar a alguien como queriendo mostrar más virtud de la que realmente hay y ocultando en verdad toda la verdad que puede vivir el amado, aún siendo cierto que en el amor no se posee toda la vida, si es que alguien puede decir que se tiene a sí mismo gobernado en todo. 



lunes, 27 de octubre de 2025

FEDRO. Día 12. Platón 231a

En este momento, Fedro lee el discurso que lleva entre manos, el que ha sido escrito por Fidias y que él quería leer y ensayar en paz fuera de los muros de la ciudad. Curiosa situación y providente interrupción, pues Sócrates, tumbado en un sitio pintado como paradisiaco, escucha y atiende. 

Fedro le pide que escuche religiosamente. En modo orden, mandato. Convocando así su atención y no sólo su descanso y placer, tumbado en firme. 

El discurso es soso y plano. Cansa por su misma estructura y por ir apoyando argumentos aquí y allá en la misma línea continuamente. Su tesis básica, que parte de un error no poco común, sitúa al "éros" contra el "logos", de tal modo que lo más elevado y excelso en el ser humano debe ser preservado. Así, aquel que quiera ser bueno optará decididamente por el "logos", por su parte racional, y dejará de lado lo "erótico", tachado y considerado como mero impulso, deshumanizado y carente de más significado. De tal modo que habrá que elegir más bien contra el "eros" y situarse en otro plano. Como consecuencia, complacer a aquel por quien no se siente amor "erótico" será mejor que cualquier otra cosa, y satisfacer con él las ansias que del amor "erótico" nacen, para que no sigan alentando. 

Como estrategia general, una pena. Como discurso, lastimoso. La retórica, como juego para convencer a otro incluso contra lo que el otro mismo vive en sus entrañas, es una herramienta peligrosa a más no poder. Estas palabra que se ponen en boca de Lisias han pasado a la historia, en ocasiones, como tesis que el propio Platón, y hasta Sócrates, defenderían radicalmente. 

Primera pregunta, ¿el enamorado está fuera de sí? Está claro, o así me lo parece a mí, que en el enamorado no siempre actúa una fuerza. El enamoramiento es el impacto del amor, del que se puede ser consciente y es es plenamente consciente. El enamorado recibe una visita inesperada que le atrapa. No se puede buscar, no se puede atrapar, sólo se puede vivir, en algunos casos, ansiando que llegue ese momento. Pero quien no ha estado enamorado no sabe siquiera qué espera. Conviene, además, no confundir la visita del amor con ciertas carencias que anidan en el ser humano que, una vez que deciden salir de sí mismas y mostrarse, habitualmente se esconden de muchas maneras y con diversos ropajes. Es una confusión habitual fruto de la escasez de finura y elegancia a la hora de elegir palabras. En esto, como en tantas otras cosas, los límites del mundo se redactan, no se fijan. 

El enamorado no tiene necesariamente que vivir fuera de sí. El que vive fuera de sí es el enajenado, el alienado, el externalizado. Pero no necesariamente es así. 

Por otro lado, ¿por qué emparentar enamoramiento y posesión, vinculando este estado del alma al impulso de posesión material y a la fuerza destructiva de los celos? Me parece que gran parte de mi generación estaría de acuerdo plenamente con Lisias cuando este afirma cosas semejantes. Expresa una focalización tal que deja al individuo poseído por el "eros" al margen de todo su contexto y queriendo que el amado ocurra algo similar, al extraerlo de su contexto con una violencia similar al rapto. Quizá en este tipo no se conocían otras formas de relación más humanas, pero a nuestros ojos salta a la vista la carencia de dominio propio y el exceso de atracción en una única dirección, como dejando sin valor todo lo demás y evitando preguntas mayores. Quizá en ese tiempo, pero también en el nuestro. Sin duda, hoy le llamaríamos abuso. O hasta el plural. La descripción que se hace del enamorado en este punto es próxima a la del loco, al demente, al carente de sí mismo, al vaciado de sí que ansía ser llenado con otro. Y le vale hasta la fuerza para seguir adelante con su plan. 

Todo esto va a derivar en un discurso en el que se evita el amor por los cuatro costados. A cambio, un supuesto "logos", una aspiración "racional" vendida de tal manera que termina cayendo en el cálculo, la consideración de beneficios, la suma y la resta. No hay más. Un pragmatismo tan duro, aunque consensuado, que deja al alma a la altura de las pezuñas de cualquier animal que transita por el mundo. Y todo por una supuesta desconexión y falta de unidad en la persona, por escasez de sentido que culmina en una confesión absoluta de una absoluta desfachatez. Porque no debe olvidarse nunca que este discurso está hecho, bajo apariencia de exposición, como un puro argumento para convencen a otro y cumplir de semejante manera los propios deseos interior, los propios intereses y pasiones, las propias manías eróticas. Por decirlo a las claras, mejor no perder de vista que Lisias es un embaucador con muchas técnicas. Y aquí está mostrando lo que le interesa mostrar arropado en un desinterés que nadie, a mi entender, debería creerse. 




miércoles, 17 de septiembre de 2025

FEDRO. Día 11. Platón 230d

Para estudiar a Fedro, además del trato directo y pausado con el texto, que en eso consiste en gran medida la filosofía, también sería oportuno contrastar algunos de los principales estudios. De este modo, en las ambigüedades y nudos gordianos descubrimos que hay numerosos caminos que transitar y detalles que no pueden obviarse rápidamente. De lo contrario, se rompe el hilo invisible que nos conecta íntimamente con la intención que late en él. 

Fedro ha manifestado su opinión sobre Sócrates: "Me pareces un fuera de lugar (atopótatos)", alguien fuera de serie, alguien extraordinario. Y lo es por su forma de hablar, que le hace similar a un extranjero que, al no saber del lugar, se deja llevar para un sitio y para otro. Condición esta que ahora va a retomar Sócrates para mostrar qué le hace ser así: el ir detrás de los discursos, persiguiendo este o aquel, queriendo dialogar con cualquiera que, en la ciudad o fuera de ella, diga que es sabio o que tiene algo de sabiduría. 

Sócrates retoma la palabra. Primero, se excusa. "Compréndeme, tú que eres de lo mejor (ariste)." Segundo, se dice a sí mismo "amante del aprendizaje" (filomathes). Tercero, distingue quién quiere enseñar (didaskein): la naturaleza no quiere enseñar, pero los hombres sí. Está clara la distancia, y es muy notable, entre aprender y enseñar. Y Sócrates aquí la planta, incluso antes de empezar a a escuchar el discurso que ha preparado Fidias. Por un lado, él es amante y buscador del aprendizaje, de la sabiduría, del conocimiento. No le importa hacerse discípulo y seguidor (mathetes) de la sabiduría. Sin embargo, lo que encuentra a su alrededor es paradójico: la naturaleza calla y los hombres hablan con elocuencia, y lo hacen además enseñando a otros con su vida, con su acción y con su palabra. Los hombres, como recuerda algún ilustre filósofo contemporáneo, son ejemplo de vida entre sí, de unos con otros, en una suerte de copertenencia común. De ahí que se vayan enseñando unos a otros. 

Esta enseñanza no sabemos si se da o no, pero sí que es querida. Los "hombres de la ciudad" (astei anthopoi) son aquellos que quedan definidos por la materialidad de la ciudad, no tanto por las relaciones (y la polis). Serían aquellos que han perdido tanto su ser que son partes del sistema que se está construyendo en ellas, ajenos a la posibilidad de pensar por sí mismos, convirtiéndose en la repetición del discurso, aparentemente tan bueno como bello, de los que sí que piensan, sí que hablan realmente. Lo que describe, con mucha sorna e ironía, la posición de Fedro en posesión egoísta y aislada, del discurso de Fidias, que al principio tenía guardado a buen recaudo de la vista o la reclamación de otros. Estos hombres de la ciudad están deseosos de enseñar y convertirse en maestros adorados, revestidos de honores y cubiertos de glorias y riquezas. 

Recogiendo algo de las anteriores palabras de Fedro, Sócrates se ríe de sí mismo y se presenta como alguien doblemente extraño, que sale donde tenga que salir, y camina lo que tenga que caminar, con tal de escuchar "esos discursos escritos". 

Habiendo llegado al sitio concreto, al lugar apropiado, Sócrates coge posición y se tumba, como se está en el "simposio", y le pide a Fedro que lea. 

Σωκράτης

συγγίγνωσκέ μοι, ὦ ἄριστε. φιλομαθὴς γάρ εἰμι: τὰ μὲν οὖν χωρία καὶ τὰ δένδρα οὐδέν μ᾽ ἐθέλει διδάσκειν, οἱ δ᾽ ἐν τῷ ἄστει ἄνθρωποι. σὺ μέντοι δοκεῖς μοι τῆς ἐμῆς ἐξόδου τὸ φάρμακον ηὑρηκέναι. ὥσπερ γὰρ οἱ τὰ πεινῶντα θρέμματα θαλλὸν ἤ τινα καρπὸν προσείοντες ἄγουσιν, σὺ ἐμοὶ λόγους οὕτω προτείνων ἐν βιβλίοις τήν τε Ἀττικὴν φαίνῃ περιάξειν ἅπασαν καὶ ὅποι ἂν ἄλλοσε βούλῃ. νῦν δ᾽ οὖν ἐν τῷ παρόντι δεῦρ᾽ ἀφικόμενος ἐγὼ μέν μοι δοκῶ κατακείσεσθαι, σὺ δ᾽ ἐν ὁποίῳ σχήματι οἴει ῥᾷστα ἀναγνώσεσθαι, τοῦθ᾽ ἑλόμενος ἀναγίγνωσκε.

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domingo, 14 de septiembre de 2025

Fedro. Día 10. Platón 230b

Ayer comentaba la respuesta que había dado Sócrates a la pregunta de Fedro sobre los mitos. Una página cargada de significado y densidad, que marca un antes y un después en esto que llamamos filosofía. Creo que es la página a comentar para iniciarse en el pensamiento platónico. No tanto por la diferencia con el mito, sino por el cambio de objeto de estudio y, por lo mismo, de método. El saber que se persigue está intrínsecamente relacionado con el conocimiento propio. Todo lo demás vendrá después o conjuntamente con esta búsqueda. 

De la respuesta, otra cosa que destacar: no dice esta vez Sócrates con qué el hombre puede transformarse en un fiero Tifón o en una criatura suave, partícipe de lo divino. Lo deja callado. Lo deja en la sombra o indicado. Pero, con eso mismo, se apunta a una vida que se hace a sí misma y que no llega definida por su origen a una repetición de lo que encuentra más próximo. 

Habiendo llegado al plátano en el que querían reposar, Sócrates hace ahora una descripción y hondo elogio del lugar, como quien lo ve por primera vez. Es importante notar esta actitud filosófica ante la realidad, que indiscutiblemente, a la belleza que pueden ver los ojos, se añade la profundidad de la razón y el lenguaje en su totalidad. 

Si en la respuesta anterior ha criticado, de modo indirecto, a esa sabiduría ingeniosa que crea "ambientes" y se superpone a la realidad con el uso de la palabra, parece hacer ahora algo similar a eso mismo que ha cuestionado. Como una forma, quizá, de ponerse en pericia al nivel de tantos literatos creativos y lúcidos. Ahora Sócrates muestra con su grácil verbo que es capaz de hacer lo mismo que otros, pero no le interesa esa forma de hacer filosofía. Sea como fuere aquel rincón junto al riachuelo, el cuadro que Sócrates pinta se asemeja al paraíso. Uno que probablemente nunca ha existido en Atenas.

Σωκράτης

νὴ τὴν Ἥραν, καλή γε ἡ καταγωγή. ἥ τε γὰρ πλάτανος αὕτη μάλ᾽ ἀμφιλαφής τε καὶ ὑψηλή, τοῦ τε ἄγνου τὸ ὕψος καὶ τὸ σύσκιον πάγκαλον, καὶ ὡς ἀκμὴν ἔχει τῆς ἄνθης, ὡς ἂν εὐωδέστατον παρέχοι τὸν τόπον: ἥ τε αὖ πηγὴ χαριεστάτη ὑπὸ τῆς πλατάνου ῥεῖ μάλα ψυχροῦ ὕδατος, ὥστε γε τῷ ποδὶ τεκμήρασθαι. Νυμφῶν τέ τινων καὶ Ἀχελῴου ἱερὸν ἀπὸ τῶν κορῶν τε καὶ ἀγαλμάτων ἔοικεν εἶναι. εἰ δ᾽ αὖ βούλει, τὸ εὔπνουν τοῦ τόπου ὡς ἀγαπητὸν καὶ σφόδρα ἡδύ: θερινόν τε καὶ λιγυρὸν ὑπηχεῖ τῷ τῶν τεττίγων χορῷ. πάντων δὲ κομψότατον τὸ τῆς πόας, ὅτι ἐν ἠρέμα προσάντει ἱκανὴ πέφυκε κατακλινέντι τὴν κεφαλὴν παγκάλως ἔχειν. ὥστε ἄριστά σοι ἐξενάγηται, ὦ φίλε Φαῖδρε.

Lo que hace Sócrates, de este modo, es regalar el oído a Fedro, que queda admirado, como predispuesto más todavía a escuchar y atender, cautivo del amor que tiene por las palabras y el ejemplo que Sócrates ahora muestra. Fedro queda ensimismado y así le dice a Sócrates que le parece "un hombre rarísimo" por "cómo habla". 

Dice Fedro de Sócrates que le parece "un extranjero", por dos motivos. Uno es que se deja llevar y conducir. Así como quien viene necesita alguien que le oriente, así Sócrates parece no saber dónde estar y recibe con docilidad las indicaciones del joven amigo. En realidad, a Sócrates, para el fin que hoy le ocupa, le da muy igual el lugar y el modo. Así que una vez más demostramos que Fedro no está atento a lo importante aunque escuche de primera mano la ironía. 

Por otro lado, la segunda cuestión es que cree que Sócrates no sale mucho de la ciudad. Sin embargo, la memoria de Fedro le está fallando rápido, porque justo antes ha demostrado directamente que sabe de los mitos y de los lugares que pisa mucho mejor que él. Pero las palabras que está escuchando Fedro le han hecho olvidar lo de antes y centrarse sólo en lo de ahora. Fedro escucha sin descubrir la contradicción, sin darse cuenta de la ironía. Y sigue como si nada. 

Es verdad que Sócrates se muestra comúnmente afincado en la ciudad y sin salir de ella. Esas calles, peligrosas por estar llenas de hombres, son su hábitat común. Pero también se muestra en repetidas ocasiones a Sócrates paseando fuera, sin problema alguno. Tiene su aquel y es significativo que se ocupe de la filosofía abandonando las formas comunes de la polis, del trato con otros en un grupo grande. No lo evita, pero no es extraño verlo en otra circunstancia. 

Lo importante es notar que Fedro no está del todo atento a lo que está ocurriendo. Y que Sócrates, pese a lo que dice, es quien está llevando la conversación de un lado a otro, y Fedro es quien sigue sin saber que está siguiendo.  

Φαῖδρος 

σὺ δέ γε, ὦ θαυμάσιε, ἀτοπώτατός τις φαίνῃ. ἀτεχνῶς γάρ, ὃ λέγεις, ξεναγουμένῳ τινὶ καὶ οὐκ ἐπιχωρίῳ ἔοικας: οὕτως ἐκ τοῦ ἄστεος οὔτ᾽ εἰς τὴν ὑπερορίαν ἀποδημεῖς, οὔτ᾽ ἔξω τείχους ἔμοιγε δοκεῖς τὸ παράπαν ἐξιέναι.