Fedro lee el discurso. Será el punto de arranque del diálogo. Sócrates escucha sin interrumpir. Permanece a la espera. Quizá guardando una o dos palabras clave sobre las que luego investigar a fondo. Fedro está orgulloso, pues cree que porta un tesoro sobre el que debe meditar y refrescar la memoria.
Lo primero es ir contra el amor (eros), como una pasión contraria a la libertad y que, por eso mismo, lleva en su secuestro el arrepentimiento que será signo de estar despertando. Pues el enamorado es generoso sin medida y luego, cuando el frío llegue a su pecho, la razón pondrá blanco sobre negro. Sin embargo, frente a él, el modelo a seguir e imitar es quien se entrega al amor sin esa presión y dominación, como actuando por libertad. Y no le falta razón al discurso por tanto, pues quién quiere dejar de ser dueño de sí de semejante modo. Peor aún cuando lo que se cree perseguir es algo bueno, que concede dicha y felicidad, y, sin embargo, muta después en algo turbio.
En segundo lugar, esta enfermedad une a uno tanto con otro que puede llegar a separar y romper la relación con los demás. Lo cual es muy significativo y muestra hasta qué punto llega la sinrazón, destruyendo la comunidad y la historia previa. Dice el texto que el enamorado está tan fuera de sí que, si el amado se lo pide, llegará a hacer mal a los que primero quiso. Según lee Fedro, los enamorados saben que "no están sanos, sino enfermos". Su enfermedad es "falta de dominio". O dominio excesivo del otro sobre uno.
En 231d creo que la lógica se rompe, pues ahora habla de un enamorado que elige amante. No como antes, que era algo así como presa de un devastador monstruo. Ahora trata de la capacidad para elegir amante y subraya una diferencia. Si se elige "al mejor", se tiene que elegir entre pocos. Si se elige "el que mejor va", se puede hacer entre muchos. Pero me parece que esto no funciona así.
Otro aspecto que trabaja, paradójicamente, es sobre la difusión de las relaciones, sobre su publicidad. Y vuelve a diferenciar entre dos opciones. Los que están enamorados creen que los demás compartirán su locura y, entonces, lo cuentan a todos esperando aplausos y alabanzas, aunque encuentren lo contrario. Sin embargo, "los dueños de sí mismos", que no aman, se mantienen en la discreción. Y vuelven entonces a escoger lo mejor. Es inevitable, dice el texto, que el amante vaya detrás del amado y todos lo vean. Y todos piensan entonces que está satisfaciendo sus necesidades o que pronto lo hará. Mientras que los que no aman, aunque estén juntos, no serán motivo para que nadie piense nada. Solo se pensará en que dialogan. Esta exposición o visibilidad del amor redobla, por lo mismo, los problemas del amor, sobre todo entre los jóvenes que no se dominan a sí mismos.
Se suman los celos. El amado teme perder a su amante al encontrarse este con otros que le superen en riqueza o cultura. Lógico, en esta lógica. Y busca por ese motivo que el amante se enemiste y separe de los demás, para cerrar su círculo y visión, para que nada haya que pueda hacer sombra. Puro temor, cuya consecuencia es que, por miedo y poco amor real, impide la libertad del amado transformándolo en piedra que contemplar inmóvil. Y el discurso vuelve a contraponer otra vez a los que, por no amar, tampoco se preocupan ni sufren por estas cosas. Ellos, como no han estado bajo el influjo del amor, lo que tienen lo tienen por su propia acción y mérito. Y conscientes de esta posición de suficiencia, no temen como los otros.
El eros, en este discurso al menos, tiende antes al cuerpo que a todo lo demás. Hace secundario el carácter de la persona y todo lo demás. Se queda fijo atendiendo al cuerpo y lo inmediato. De donde se deduce que no hay amistad todavía entre ellos y no se sabe si habrá amistad después de la satisfacción del deseo erótico. Al contrario, los que no aman sí tienen amistad y seguirán conservándola, "en memoria del buen rato pasado" y llegando a ser "promesa de futuro". No es poco.
Avanza el discurso, a mi entender, en otra dirección poniendo ahora más en valor el amor de amistad que el amor erótico, destacando en él su parte más racional y fría, y no la física e impulsiva. Como consecuencia, el autor ve en la amistad algo mucho más firme que el eros, mucho más sólido y perdurable, que se sostiene por sí mismo en el ánimo de ambos, y no reposa en el alocado impulso de un amor que golpea más que conduce. Y además de ser más sólido, también le atribuye como característica o nota particular un cierto desinterés por sí mismo a causa de la entrega desbordada al amado, convirtiéndose así en fuente de ruina. Lo que elogia el discurso es, al contrario, a aquel que es capaz de mirar por sí mismo y calcular bien quién estará en deuda, quién tendrá que verse obligado a considerarlo por encima de sí a partir de ese momento, y no a la inversa, como le ocurre al desdichado amante. Es decir, hay que proveer de bienes a los que, como mínimo, puedan devolverlos de algún modo. Eso sería lo más inteligente.
Un comentario, como si nada, deja a los jóvenes en periodo de prueba y tentación. En general, por supuesto, y sin matiz alguno. Frente a los jóvenes, algunos, no todos, mayores podrán "mostrar su excelencia" cuando se haya calmado, si es que eso ocurre en todo orden de la vida, el deseo.
El cierre llama a considerar lo dicho. Deja todo delante, incluso aquello que suele pensarse y no se dice, revestido de una cierta nobleza que invita a ser acogido por encima y delante de todo lo demás. Lo fundamental, como se apunta, "el provecho", el "mutuo provecho", enemigo de la gratuidad. Y abre la puerta al diálogo invitando a preguntar. Tiempo le faltará a Sócrates para acoger esta última palabra por encima de todas las demás. Lo intuyo.
Mi valoración primera sería la siguiente. Se habla mucho y se dice poco. Se tratan síntomas, no sin cierta malicia, sin profundizar en los entresijos de lo que ocurre. Y desde el inicio se condena a la esclavitud al amor, sin considerar en serio que pueda elegirse como lo mejor por encima de todo lo demás que pueda decirse del impulso juvenil erótico. Que tampoco convendría despreciar, sino sanar. Los juegos infantiles que separan blanco y negro con facilidad, a mi entender, siempre tienen trampa, siempre conducen intencionalmente a engaño. Y cuando se habla demasiado apelando a un sentido común excesivamente asentado en la mayoría, quizá se pretenda también apalancar a alguien en su ignorancia, sin querer más que hablar y hablar para confundir y ganar algo. Este discurso, conviene no olvidarlo, está hecho para enamorar a alguien como queriendo mostrar más virtud de la que realmente hay y ocultando en verdad toda la verdad que puede vivir el amado, aún siendo cierto que en el amor no se posee toda la vida, si es que alguien puede decir que se tiene a sí mismo gobernado en todo.
