viernes, 16 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 68. (Platón, 341c - 341e)

Ayer se presentó "lo difícil" como tema. Después de hablar de si esto o aquello es difícil o no, lo de siempre: alguien se para, toma distancia y se pregunta qué está pasando aquí. Una primera llamada a todo lector sería igualmente darse esa pausa que puede hacer para reflexionar a qué llamamos habitualmente "difícil" y qué es, por qué es así y qué comporta. Más directamente, cómo lo vivimos, es decir, cómo vivimos la dificultad, cómo se presenta la dificultad y cómo la afrontamos, si es que lo hacemos o si es que no queda otra en la vida que vérselas con ella. 

Intuyo que por ahí van más bien los caminos. Vivir es inevitablemente vérselas con la dificultad o que la dificultad se las vea con nosotros. No lo digo con orgullo alguno. Es que no sé bien qué es, de momento, lo primero. Y pediría que lo pensásemos antes de hablar. 

La primera pregunta es qué es aquello a lo que llamamos difícil. ¿Se trata de pretender algo, algún objetivo, y que la acción se frene? ¿Un obstáculo? ¿Se trata de algo que en nuestro plan no estaba contemplado y que lo retarda o lo impide? ¿Un problema inesperado? ¿Se trata de nuestra ignorancia de la realidad, que nos parecía de otro modo y ahora se muestra como es, quizá porque en la acción vemos de otro modo la realidad por la cercanía y trato que comporta? ¿Se trata de algo que requiere nuestro esfuerzo, a diferencia de la vida normal que no exige nada de esfuerzo por nuestra parte? ¿Hay algo que no sea difícil para la persona, así en general? ¿O todo se trata de algo difícil, en mayor o menor grado? O al revés, ¿todo es fácil, algunas cosas más fáciles y otras menos fáciles? ¿Lo difícil señala lo deseable, pero inalcanzado o hasta inalcanzable? ¿Qué es lo difícil? 

Antes de que nadie diga nada de nada, tiempo para pensar. Lo de después será reflexión. A posteriori. No queda otra tantas veces... Pero hagamos el esfuerzo esta vez, tal y como comenzaba el diálogo. 

Si lo difícil es aquello a lo que llamamos vida o aquello a lo que llamamos obstáculo para la vida. Y si entonces la vida es bien y lo demás mal. O algo así. Cada cual debería hacer este esfuerzo. Enfrentarse a lo que no es, ni de lejos, evidente por mucho que lo hayamos vivido cientos de veces, sin aprender del todo todo lo que nos enseña vivir. 

Vuelvo al texto. Sócrates le pide a Pródico que intervenga y hable. ¿De qué hablamos cuando Simónides habla de "difícil"? Y Pródico responde: "A un mal." Y ahora lo muy difícil de entender, en verdad: Entonces Simónides critica a Pítaco que Pítaco diga que ser digno es un mal. 

Ya está la confusión hecha. Y quieren cargarla sobre quien habla desconociendo la lengua. Así que Pródico interviene para matizar lo que antes ha expresado muy rápidamente: No se trata de "mal" como si lo difícil fuera "malo", sino aquello que es contrario a lo que se hace fácil y "se hace con apuros". 

Por lo tanto, lo difícil es una acción, vinculada al mundo de la acción, es decir, de la persona en una dirección, en una tendencia, en una tensión que no alcanza de primeras y cómodamente, sino que comporta trabajo y actividad incómoda, sin garantizar el éxito, la buena salida. En este sentido quiere decir "difícil" el poeta. Muy próximo, por tanto, a lo que es la vida cotidiana. Donde todo aquello que se hace se hace con cierta dificultad. Algunas veces se supera para siempre, otras es como una barrera que permanece sin que se encuentre salida posible a ella, sin resquicio, sin apertura, sin más allá, como imponiéndose tan directamente a la persona que en su violencia frena toda la acción pese a cualquier otra aspiración que pretenda dar un paso más. Un impedimento en ese sentido. Una clausura total. No hay más. No se puede cruzar. No se puede avanzar. Es el fin. Aunque la persona siga pensando que no es así, aunque la razón indique algo diferente, aunque sea imaginable otra opción, otra posibilidad, y no meramente la imposibilidad radical de algo diferente a la dificultad en sí misma. 

En lo anterior parece que hablo de "lo imposible" más que de "lo difícil". Porque "lo difícil" es, por definición, superable de alguna manera, quizá exigente hacia la persona porque demande salir de rutinas, hábitos, respuestas fáciles y cosas por el estilo. Pero no imposible. "Lo difícil" es esta cara inesperada de la realidad que lo más probable es que nos esté enseñando que hay en nosotros algo a lo que no habíamos prestado atención, no habíamos considerado, no hemos normalmente requerido. Y esa búsqueda ante "lo difícil" es una vuelta recapacitadora sobre uno mismo. 

Bien pensado, lo "fácil" es solo propio de dioses y todo lo humano, en tanto que vida, es "difícil". Curiosamente entonces, en esta vuelta, lo difícil es lo más propio de la persona, aunque resulte costoso incluso aceptarlo, mientras lo fácil será lo más alejado de nuestra condición, de nuestro ser. 

Insisto en que no intento explicar a Platón, ni hacer un comentario de texto, ni nada por el estilo. Esto es más bien un pensar a propósito del texto, un volverme a la escuela con la libertad que da el saber que puedo pensar, aunque sea torpemente, no para repetir lo que otros dicen saber, sino para saber algo de lo que no sé y encontrar y vivir algo de verdad en todo esto. Sin duda Platón lo permite, no como tantos otros que han venido después. 

Sócrates está de acuerdo con Pródico. Lo de antes ha sido una exageración, quizá para mostrar por qué camino no entender las cosas y prevenir de un uso de las palabras al modo como precisamente Pródico suele hacer. Una crítica y una corrección sanadora "en su propia cara" de la que parece que Pródico no se ha enterado, dada la dulzura del interlocutor. 

"Solo un Dios puede tener tal dominio."

θεὸς ἂν μόνος τοῦτ᾽ ἔχοι γέρας,











jueves, 15 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 67. (Platón, 340d - 341c)

Protágoras tiene que discutir algo, lo que sea. Y ya que lo de Simónides no le parece suficiente para dejar en evidencia a Sócrates, recurre a referirse a Hesíodo en la frase que toma Sócrates para suscribir la diferencia entre "ser" y "llegar a ser". Ese leve matiz, que sitúa "lo difícil" en otro ámbito distinto al considerado dando profundidad a la realidad, impide que la contradicción se dé con la ligereza con la que la percibe Protágoras. 

Es más, la contradicción es solo un momento del conocimiento. Si ambas realidades contrarias son verdad por separado es que encajan en una propuesta mayor, que debemos pensar. Y toda la realidad es una en última instancia. Luego las partes no pueden contradecir al todo. Sería una locura. Algo se ha visto mal en ese caso.

Como el tema deriva hacia otro punto, Sócrates se ve interesado en él y acepta la nueva línea en la que Protágoras quiere dialogar para trabajar la sabiduría, que sigue siendo el asunto central en todo esto. No lo perdamos de vista. ¿Qué es por tanto lo difícil y a qué se refiere lo difícil? Cuando hablamos de "algo difícil" o "lo difícil", ¿qué realidad estamos señalando? Blanco o negro son palabras que dicen algo concreto. Pero "difícil", ¿qué es? ¿Tiene un único sentido o son muchos dependiendo de en qué se concrete esa dificultad?

Así es como Pródico vuelve a la conversación por cercanía con Simónides. Un guiño a una lengua que, en muchos casos, tiene matices propios de la zona, a un lenguaje que se construye desde abajo. O al menos así lo veo. De tal forma que Pródico es requerido para que ilustre, con su sabiduría y dominio de las palabras, esta cuestión. Ya sabemos que su habilidad retórica, su arte de dotar de significados a tal o cual expresión corriente es aplaudida de manera general por todos. Pródico está a caballo entre algo interesante y algo inteligente. Cuida las palabras como pocos y la pregunta siempre será si están conectadas realmente con la vida y el mundo o si son poesía y poco más. Todo el que habla, no digamos quien escribe, está bajo esta tesitura permanentemente. 

El corte de Protágoras ha sido muy brusco y carece de toda delicadeza. Señala en Sócrates un defecto mayor que el poeta. Volviendo un poco atrás en el diálogo se hace alusión a lo terapéutico, a la razón sanadora. 

ὁ μὲν οὖν Πρόδικος ἀκούσας ταῦτα ἐπῄνεσέν με: ὁ δὲ Πρωταγόρας, τὸ ἐπανόρθωμά σοι, ἔφη, ὦ Σώκρατες, μεῖζον ἁμάρτημα ἔχει ἢ ὃ ἐπανορθοῖς.

καὶ ἐγὼ εἶπον: κακὸν ἄρα μοι εἴργασται, ὡς ἔοικεν, ὦ Πρωταγόρα, καὶ εἰμί τις γελοῖος ἰατρός: ἰώμενος μεῖζον τὸ νόσημα ποιῶ.

ἀλλ᾽ οὕτως ἔχει, ἔφη.

Tres por aquí y tres por allá continuamente. Uno de un lado, otro del otro y ¿el último dónde? 

La respuesta socrática ahonda en la tesis de Protágoras y no lucha contra ella. No hace enfrentamiento, no cultiva la diferencia, sino que alarga la tesis más allá. Si fuera como Protágoras dice, entonces estaría enfermando más al paciente de lo que ya lo estaba. Lo cual sería como crear más confusión y oscuridad en el alma, más mentira en la mentira y todo con apariencia de luz, de evidencia y de verdad. Un enorme jaleo. Que señala, por otro lado, lo delicado de todo este asunto. Que quizá de lo que no se sabe, mejor callar, dejar de escribir y no ser descuidado. Porque lo que se dice, lo que se analiza, la idea que se cree poseer tiene como consecuencia o bien el bien, o bien el mal. Sin término medio. Dicho muy a las bravas. No por asustar, sino por responsabilizar. Una responsabilidad a la que siempre se llega tarde en la vida. Una responsabilidad no solo con lo dicho, sino con lo vivido en todo esto. 

Volvamos a "lo difícil". ¿Qué es "lo difícil"? Y Pródico responde: un mal. 

Lo dejo aquí para que se vea la conexión entre la respuesta de Protágoras, la no contradicción de la respuesta de Sócrates y la conclusión de Pródico. ¿De qué estamos hablando ahora? De si la dificultad y lo difícil en la vida es una forma de mal que, de esta u otra forma, impide por su propia tensión que la persona alcance el bien y la dignidad y se mantenga en todo ello. ¿Es así? ¿Es "lo difícil" consecuencia del mal? ¿Expresa la relación que hay entre mal y bien, su inencajable realidad? Pero, ¿no habíamos dicho que todo es lo uno? ¿Ahora qué hacemos con esto?

Sócrates se ve interesado y conduce allí la conversación, mientras la mala educación de Protágoras, de momento, se queda al margen. 



miércoles, 14 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 66. (Platón, 340a - 340d)

Los temas no cesan. Salen una y otra vez nuevos asuntos que observar, clarificar y comprender, de modo que lo pequeño se hace grande o lo grande se hace pequeño. Tanto lo pequeño como lo grande resultan problemáticos de contemplar. Con cada tema nuevas oportunidades. Parece que se dilatan a pesar de la intención de contenerlos, que se resisten a ser atrapados. Aunque van dejando su estela formando escuela. 

Sócrates, tras la crítica de Protágoras al poeta por su contradicción, reclama que Pródico, que es de su patria y artes, intervenga con alguna de sus famosas distinciones. A esto se dedicaba el sofista. Por ejemplo, a aclarar que no es lo mismo querer que desear. Y así, mientras va hablando, llega Sócrates al punto central, que tanto recorrido filosófico ha tenido y que ahora nos puede parecer lo más evidente del mundo: no es lo mismo "ser" que "llegar a ser", luego no hay contradicción en el poeta y sí mucha ignorancia en Protágoras, que no ha sabido atender este detalle tan significante. 

ταὐτόν σοι δοκεῖ εἶναι τὸ γενέσθαι καὶ τὸ εἶναι ἄλλο;

La disertación se me puede ir de las manos. No sé si es asunto relevante para este momento tratar el "ser" y el "llegar a ser", junto a los contrarios "no ser" y "no llegar a ser". El último, por cierto, es el menos investigado de todos, pero es una pieza esencial, quizá la más interesante de ver en conexión con todo lo demás. El de la posibilidad negativa, el de la negativa posibilidad. Pero también está escrito ahí otro asunto que es fundamental para la pregunta: ¿Te parece que...? 

Usando las artes de Pródico, que habitualmente despiertan aplausos, se sale del embrollo sin más complicaciones. Lo misterioso es, en todo esto, lo vinculado al tiempo y lo vinculado de la vida con el tiempo. El trasfondo ético de esta metafísica, por decirlo fácilmente, que se deja oscurecer al poner el énfasis en lo ontológico: el hombre de bien y ser digno. 

A cualquiera le parecerá, más como a Pródico que como a Protágoras, que es difícil "llegar a ser" e no es difícil "ser" cuando se ha alcanzado "ser". Sócrates incluye, de este modo, una distancia o coloca un inicio en el ser que no es el aparecer en el mundo. Hay un camino que recorrer hasta el ser y, una vez alcanzado, se preguntará si es fácil o no permanecer en él. Por lo cual no habría corrección alguna al poema del clásico. Dicho en términos de sabiduría, es difícil alcanzarla, pero no es igualmente difícil permanecer en ella. Para lo cual Sócrates recurre a Hesíodo, en una de las primeras utopías de la historia de la humanidad. Vuelvo a otro ejemplo, quizá ridículo: es difícil llegar a ser un ciclista, que sería algo así como saber montar en bicicleta, pero una vez alcanzado el ser ciclilsta es más fácil permanecer siendo ciclista que dejar de serlo, o siempre quedará algo. Es decir, por repetirlo de otro modo, la dificultad del llegar a ser, en forma de esfuerzo, sudor o lo que sea, no es comparable o es otra dificultad distinta a la de permanecer en el ser, en el saber que sea, en el bien alcanzado. Lo cual me parece certero. Aunque no tanto, si se ve en su conjunto. Lo difícil, sin más, es vivir. Y alcanzar un saber no es alcanzar la vida. 

Pródico elogia a Sócrates. Es decir, Pródico se elogia a sí mismo y piensa, a buen seguro, que Sócrates se ha fijado en su arte y ahora la utiliza, porque la ha aprendido a las mil maravillas. Sin darse cuenta de la ironía, porque comienza usando sinónimos para ganar su atención y se desvía de ellos muy rápidamente. Pero esto es otro cantar. Solo ese detalle de fina literatura platónica que queda habitualmente sin comentario. Sócrates usará a buen seguro el aplauso de Pródico para pensar que hay algo que revisar en lo que ha dicho pues no puede haber homología tan pronto, con dos o tres frases. Y o bien él no se ha expresado adecuadamente, o bien Pródico no ha entendido nada de nada. 

Sin embargo, por el momento ha salido del jaleo que se había montado en torno a la poesía. Protágoras recupera el protagonismo y vuelve con más argumentos sobre lo que ha dicho Sócrates. Como respecto del poema anterior ya ha tropezado, ahora comienza su comentario a partir de la cita de Hesíodo. Espero que los que escuchen se den cuenta de estos movimientos, nada sutiles pero sí eficaces para distraer, y vayan aumentando su precaución en ulteriores exposiciones. 

Seguimos. 



martes, 13 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 65. (Platón, 339a - 340a)

Resulta muy evidente que nuestras palabras no son nuestras. Por lo cual ya deberíamos estar agradecidos. E igualmente es palmario que tienen una historia que nos supera, que han acumulado con el paso de los siglos significados y trayectorias. Por tanto, al aprenderlas aprendemos más que palabras. En el mejor de los casos nos enseñan realidades y la realidad, nos adentran en ella. Más que mera interpretación las veo como un cierto camino para llegar a algún lugar, en el que vivir algo concreto. Es decir, las palabras nos conducen también a vivencias y no solo nos explican "cosas". La visión de conjunto no son palabras, sino mucho más alrededor de las personas que las viven, como las relaciones con otras personas con las que podemos hablar. 

Por supuesto, el diálogo no se establece con quienes están al lado. También se puede hacer, a través de libros, con otras personas muy lejanas. Unos que leen, otros que escribieron. La predominancia la tiene quien escribe. El esfuerzo, incluso en la propia lengua, lo hace quien lee. Con la oportunidad que le da el pararse, volver sobre las palabras o ir a otras palabras de otros lugares. Pero las palabras yacen muertas. Es indiscutible. Algo que son ellas las ha separado de quien las dijo, las pensó, las vivió, las estaba viviendo. No es que tengan autonomía propiamente, sino que quien las lee en muchas ocasiones las separa definitivamente de quien las escribió, olvidándose de su vida y apropiándose lo dado ocultando el dador. Es arriesgadísimo. Creo. Si no se toman con esa humildad en que se ofrecen queriendo transmitir algo. 

Protágoras está hablando, pero bajo la escritura platónica. Hace las veces de Sócrates en lo que representa y se dispone a examinarle con preguntas más o menos cortas. Fluye bastante bien esta parte, que comienza con un alegato de la educación, en el que vamos a pararnos un poco. 

Educar es aquí tratado como el saber poesía. Esto puede significar muchas cosas. Desde conocer poemas enteros, con sus palabras, con su sensibilidad, con la sabiduría que pretenden condensar y sobre la que dar que pensar. O puede ser, sin más, ser capaz de repetirlas. Volvamos a lo del principio. Exponerse al pensamiento de otro, sin el ejercicio de pensar, es como meterse en el mar sin saber nadar. Lo mismo ocurre con las letras. Las mías también. Sin diálogo que las haga conversación son peligrosas. 

El sabio cita aquí al poeta. Cogida una frase de aquí, para ejemplificar ciertamente mucho más. Otra de allá. Ambas transmiten experiencias de vida, sin duda valiosas. Quizá cualquiera que las lea puede pensar que eso ya lo sabe, de sobra, por sí mismo. Salvo que sea quizá un niño, a quien le caen sin saber a cuento de qué viene todo aquello. 

La primera de Simónides dice: "Difícil es, por cierto, llegar a ser de verdad un hombre de bien, bien equilibrado de pies, de manos y de mente, forjado sin tara." Conviene leer el poema íntegro. Porque de eso va el tema. Protágoras pregunta por la frase, a ver si Sócrates conoce el poema y le parece correcto, para luego ir en busca de la contradicción. Tema candente. La contradicción. Que insisto que debe darse de múltiples modos y no tiene una única forma, según el plano en el que se utilice, de tal manera que sean, como aquí Protágoras lo pretende, excluyentes una y otra mutuamente en tal forma que solo una se sostenga como verdad frente a la otra. Ahora bien, hay aparentes contradicciones que no son tales, que son solo o bien paradojas, o bien otros realidades mal conjugadas, o bien una parte de la otra sin más. La contradicción no es, en cualquier caso, tan evidente como se dice comúnmente. Y quien la pronuncia no suele darse cuenta de ella. Igualmente, algunas realidades tomadas como tales no lo son, solo le parecen así a quien las dice porque no las ha examinado con más cuidado o con más ayuda que su propia intuición. 

La segunda frase de Simónides, en la que el poeta critica a otro poeta notable, dice: "Ni siquiera me parece ajustada la sentencia de Pítaco, aunque dicha por un mortal sabio: Difícil, dice, es ser un hombre digno." Y Protágoras quiere ridiculizar a Sócrates porque no se ha dado cuenta de la contradicción y que Simónides dice una cosa y la contraria en el mismo poema, mientras Sócrates sospecha que hay una maniobra más allá de lo que él está pensando. 

Pensemos. Por un lado, "difícil es llegar a ser hombre de bien" y, por otro, "no es difícil ser un hombre digno." ¿Hay concordancia o contradicción? Porque las primeras palabras son del propio Simónides, según parece, pero las segundas, que también son de Simónides, sirven para contradecir a Pítaco que parece decir lo mismo que Simónides, luego Simónidesse contradice a sí mismo al juzgar negativamente a Pítaco si es que Pítaco está defendiendo lo mismo que Simónides. Es fácil. Si sumamos que Protágoras está usando este argumento para ir contra Sócrates, que dice ser sabio en contradicciones y no se da cuenta de esta, entonces significaría que Protágoras al criticar lúcidamente a un Simónides que se niega a sí mismo está haciendo oposición a Sócrates desvelando su ignorancia. Es más fácil de lo que parece. Salvo que Protágoras no ha dicho nada. Y muy probablemente esto que está ahora sacando a la palestra le tumbe definitivamente al arriesgarse a considerar como contradicción lo que no lo es. 

La multitud, cómo no, aplaude. Despierta el aplauso y la admiración. De todos y, en este momento, incluso Sócrates describe que casi se deja llevar por la multitud. Pero resiste. Una vez más. Y piensa. Y se toma su tiempo, que es distancia. Y para pensar lo que está diciendo realmente el poeta y abrir espacio respecto de todo lo que está ocurriendo, entonces acude a Pródico. 

Esa separación crucial es el tiempo para pensar, el tiempo para examinar. ¿Se ha dicho todo ya o queda algo por decir en todo esto?



lunes, 12 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 64. (Platón, 338c - 339a)

Si hay que escoger un juez, mejor que sea "superior a nosotros". Esto vale para todo en la vida. Y dado que muy probablemente lo necesitemos, casi continuamente, que sea en lo posible amigo y consejero. Mejor si el juez puede hablar antes de la sentencia, porque de lo contrario nos quedaremos sin respuesta. Y, por poco que hayamos vivido y nos hayamos tomado en serio, la escapatoria será imposible y caerá la sentencia como una lápida que todo lo cierra para siempre. Si el juez habla antes, si el juez acompaña, entonces todo cambiaría. 

Volviendo el texto, a todos les ha parecido magnífica la opinión de Hipias. Los sofistas son así. En seguida cautivan. En los dos sentidos que se puede dar a esta palabra. Y lo que dejan a su paso son, por lo tanto, cautivos. Aunque aplaudan, aunque sientan alegría, aunque parezca magnífico. 

Como en tantas ocasiones, volvamos a algo muy básico. Igual que debemos ordenar la realidad en capas y confundirnos y situar las cosas en un único plano se resuelve en una competición ridícula y totalitarismos de todo tipo, igual que hay que aprender a distinguir con finura partiendo de la misma realidad y con mucha prudencia, igual que hay que hacer eso con toda la realidad, de igual forma debemos proceder con las personas y cuidado con situar a unos fuera de un plano común y fuera del diálogo, porque en ese caso las personas pasan a gobernar lo ingobernable que es el otro y a dominar lo que es indomesticable que es la libertad ajena. La igualdad, como principio, es salvífico. Constituye como principio el espacio público en el que es propio el diálogo social. O dicho con otras palabras, que también han aparecido aquí aunque con otras intenciones, podríamos hablar de lo salvífico de la amistad e incluso de la fraternidad. 

Volvamos. Hipias quiere salir del plano público en el que se encuentra con otros y situarlo todo bajo la fuerza de un semidios sentenciador llamado juez. Y Sócrates alerta de lo ridículo que sería eso. De modo que Protágoras quedaría como ignorante y, aprovechando su ironía, recuerda cómo se vería en tal situación el sabio que dicen tener delante. 

Salgamos del embrollo, pero mantengamos la forma. Sócrates propone que Protágoras pregunte, si es que teme responder. Es más, Sócrates dice algo más. Atención. Sócrates le pide a Protágoras que él pregunte para poder mostrarle "cómo creo yo que el que responde debe responder". Y cuando aprenda, que responda entonces. Y, si se niega, entonces le rogaremos que cambie. 

Cualquier cosa menos "destruir el coloquio", es decir, que todos actúen en común. ¡Qué bello! ¡Qué gran verdad, de paso! Como he dicho antes, lo común es lo que situaría a todos en igualdad ante el discurso. Lo que sea menos destruirlo. Porque muy probablemente entonces la verdad no se hará paso en la comunidad. Porque si se actúa de otra forma no habrá salida para ello. Todo se resolverá en la división y, por tanto, en el enfrentamiento. Pero usar el diálogo es siempre posible si se quiere vivir su exigencia con respecto a la verdad, siendo los que hablan cauces para hablar escuchándose, escucharse hablando, tanto en uno mismo como en el otro. Y hacer el contraste, para que las palabras no sean todo el logos. 

El párrafo que resume todas las preguntas de Protágoras, que el diálogo platónico esconde sin dar ninguna importancia, como una fase de aprendizaje cansado en el que el sabio ha entrado ya de mala gana y cansando, entonces, después de un rato supuesto y puesto aquí entre paréntesis. 

"Empezó a preguntar."




domingo, 11 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 63. (Platón, 337c - 338c)

Ahora le toca a Hipias. El quinto en aparecer, tras Calias, Alcibíades, Calias y Pródico. Aquí no se cansa nadie. Esto parecen los entremeses del descanso en los teatros. Es la pericia de Platón que trae, a lo que hay, a otros que en su tiempo pululaban por allí expandiendo sus doctrinas. Tan abreviados y esquemáticamente expuestos que, como viene exigiendo Sócrates, se ve claramente su entraña. Se hacen trasparentes.

Hipias despliega su encanto ganándose con su apuesta por "lo natural" frente a "la ley", dejando así la ley para él o alguno de los suyos, que fuera de la escena, pueda ser árbitro en la contienda. Porque diga lo que diga, aludiendo a la amistad y la concordia como un amigo que pide a otros amigos tranquilidad está subrayando la necesidad de la ley por encima de todo lo demás. Pero esa ley, mejor que quede de su lado. Si no lo ves de primeras y te cautiva "el punto medio", vuelve a repasar el poder que quita a quienes escucha para dejarlo en cesión a su juez, que no es parte. 

De hecho, ya pide en su propio discurso recortar tanto la libertad de Sócrates como la de Protágoras, de modo que ninguno haga lo que quiere y cree que es bueno. Ni Sócrates podrá exigir respuestas breves buscando la verdad. Ni Protágoras podrá hacer sus largas intervenciones buscando convencer. Atención, que ya no queda más criterio que el suyo, dicho con elocuencia y con esa falsa moderación y equilibrio que tomarán otros como referente de toda su ética poco después. Que salga uno y otro de lo suyo, de su morada y de su ética, que el sofista así habrá hecho valer antes incluso de que se den cuenta la fuerza que les succiona con tanto encanto. 

¡Ay, cuánto atención y con cuánto cuidado hay que ir andando!

A ver. Una cosa es la moderación de uno consigo mismo, es decir, el propio control, autocontrol, la fortaleza sobre las propias pasiones, y otra muy diferente es esta supuesta moderación que se trata de encajar a una persona en el hueco que hay hecha para ella dentro del mundo, del sistema para que no piense, ni sueñe, ni busque un centímetro más allá de su fina piel. Hipias es el gobernante magnífico encajapersonas en tal o cual situación, al que no cabe preguntar por más libertad que la suya, porque rápidamente considerará que es una amenaza impropia, imprudente a su sabiduría. Diríamos que es un listillo. 

Los presentes, ¿qué dicen, qué hacen, cómo reciben todo esto?

Aplaudiendo. Y Calias, empoderado por el discurso de Hipias, sigue sujetando a Sócrates y "no lo soltará" hasta arrojarlo de nuevo a la arena, el lugar que le toca. Y punto. 

¡Qué más necesitamos que este discurso de Hipias y su confluencia con el asentimiento de la asamblea! ¡Fin! 

Todos gritan: ¡Un árbitro! ¡Un árbitro! 

Me pregunto. ¿Saldrá Sócrates de esta? Es más, ya estoy preocupado también por Protágoras. ¿Por qué anda tan callado el sabio entre los sabios y por qué deja a otros hablar tanto sin decir nada? ¿Están en parada?

Sócrates vuelve sobre su propias palabras. Ahora ya tiene que intervenir. Sería una vergüenza escoger un árbitro. Y, para que le quede claro a Hipias, no sería justo escoger a alguien inferior a ellos. ¡Ahí lo deja! Y, para que quede más claro aún, si fuera semejante haría las cosas de sus semejantes. ¡A derecha e izquierda se escucha el argumento y cae como una losa! ¡Ahí lo deja! 

Si alguien quiere un árbitro, entonces que sea superior. Si no, mejor que no ocupe tal lugar por el destrozo que puede hacer con su ignorancia. 

En el siglo XXI parece que todavía no hemos leído a Sócrates. Nos hemos quedado en el aplauso a Hipias. Esto lo digo fuera de toda lectura. Supongo. No sé. Lo dejo ahí. 




sábado, 10 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 62. (Platón, 337a - 337c)

La situación es la siguiente. La asamblea de asistentes al diálogo o debate entre Sócrates y Protágoras está hablando, casi entre ella misma, sobre las condiciones en las que debe producirse. La pregunta sería es si vale cualquier cosa, si cada cual debe poner sus reglas, si hay condiciones que lo hacen posible o no. Y las posiciones van, hasta el momento, desde la defensa de uno y otro, la neutralidad, y veremos qué llega ahora. Calias, Alcibíades, Critias han intervenido dando su parecer. Pero no tienen claro lo que está pasando. No todos. 

Es muy interesante verlo así, porque algo de lo vivido comienza a ser aprendido por ellos. Salir de su anonimato, exponerse, dar su parecer, contrastarlo. Dejan más o menos claras sus motivaciones y pasiones. Se pueden leer entre líneas. Tanto lo que han comprendido como lo que se está escapando de su mirada. Es un ejercicio entre todos, que el papel modera. En la escritura es imposible la interrupción, la superposición de unos y otros, como bien puede ocurrir en la sociedad y el diálogo. A lo sumo es el lector quien, con su pensamiento, puede estar interrumpiendo en lugar de escuchando. Pero es difícil que suceda. El papel, la escritura calma esa violencia. 

En todo esto hay que, a mi modo de ver, usar una precaución: no jugar con las palabras, sino atender a las realidades y procurar definirlas lo mejor posible. Esa insistencia en el límite, en lo que refieren, en la correlación o relación sin más, lo más nítida posible, lo más acordada y verificada, lo más conforme a la verdad. Enredarse en distinciones inútiles es peligroso. Las palabras no son juguetes. 

Ahora le toca a Pródico. Para él, el lugar de la asamblea, como conjunto de oyentes y en cada oyente suponemos que también hay que valorarlo, debe ser imparcial, pero no indiferente. Es extraordinariamente luminosa su explicación. El oyente, como un juez, debe escuchar a todos respetándolos, dándoles tiempo, ofreciéndose a recibir lo que tengan que decir. Ahora bien, en una actitud activa de pensamiento y crítica. Esto es, "no conceder una adhesión neutra, sino dar más al más sabio". Un discurso así, que es para enmarcar, resulta de lo más ingenuo. 

Pensemos bien lo que dice. Hagamos, en la distancia, de jueces. 

Pródico defiende, en el fondo, que el que escucha sabe más que los que hablan, porque puede distinguir entre uno y otro la sabiduría, desde la imparcialidad de la distancia y sin ser activos en el diálogo en primera persona. Una situación extraordinaria, como si fuera un dios de los míticos al margen de toda realidad con una bola de cristal. O como si, por ser más benévolo con él de lo que he dicho hasta ahora, en el diálogo apareciera misteriosamente iluminada una verdad contemplable por todos los que están allí presentes, sin más. Algo muy angelical. 

Este joven no tiene la prudencia y prevención con la que comenzaba el diálogo entre Sócrates y su amigo Hipócrates. Se ha quedado sin esa lección. No asume con seriedad la exposición de quien escucha a lo escuchado y el bien o mal que provoca o puede provocar, simplemente por escuchar o ver, la participación pasiva en el diálogo ajeno. Espero haberme explicado mínimamente. Lo que quiero decir es que Pródico parece un sofista más al lado de tantos otros sofistas. Con Pródico volvemos a la ingenuidad del inicio del diálogo. Aunque suena bien lo que dice, claro. 

Repito. A Pródico, en el fondo, no le hace falta el diálogo porque puede, por su misma sabiduría, saber a quién debe prestar más adhesión y a quién no. Y no dice en ningún caso que no debe prestar adhesión a ninguno de los dos, sino al bien y a la verdad. El bien y la verdad quedan para él. Luego, en definitiva, lo mejor sería adherirse a Pródico. Y Sócrates y Protágoras estarían obligados a ello, a sumarse religiosamente a la sentencia del público, especialmente de sabios como Pródico que no participan en el diálogo. 

Pródico continúa. Una cosa es dialogar y otra disputar. Dialogan los amigos por su propia amistad y por amor. Disputan los enemigos, movidos por pasiones y sin razón alguna. Los amigos sí usan la razón. El corazón, para Pródico, parece ir antes. Una voluntad antecede a la inteligencia y el entendimiento. Y, como en patio del colegio, Pródico quiere ser el profesor que desea que sus alumnos se quieran y haya paz, y se puedan hablar las cosas. Y, en paralelo entonces, diferencia entre estimación y elogio. Lo primero sería por deslumbramiento, lo segundo por auténtico asentimiento de la persona hacia quien está hablando. Lo mismo al distinguir entre goce y placer en quien escucha y además aprende. 

La intervención está cargada de detalles y Pródico hace una distinción clara entre dos situaciones completamente diferentes que, según parece, puede confundir quien escucha, el oyente no maduro. Suscribiría la mayoría, en el papel. Está claro que es más complejo verlo en la vida misma. Nos ayudaría a ver muchas situaciones actuales. El caso es el siguiente, en rasgos generales: Pródico habla de lo que puede pasar en toda conversación, pero esconde en sus palabras las precauciones extraordinariamente importantes que el diálogo platónico expone al inicio. No se da, sin más, lo que Pródico dice, por bien que suene. Por poner otra objeción: ¿Hay placer en aprender algo y participar de la sabiduría con la propia inteligencia? ¿Cómo es ese placer? ¿Como el placer de comer para el cuerpo? 

Entiendo lo que quiere decir, pero... 

Muchos aprueban la sabiduría de Pródico. Otra vez la asamblea aplaude. Pródico se ha ganado a los que están allí presentes. ¿Esto es porque es sabio y su sabiduría es reconocida por "la masa" congregada? ¿Es así como ocurren las cosas en la vida política, social, relacional? ¿Es esto así? Dudo mucho que sea así. Al menos no tan común. Al menos no tan directamente. Lo que dice Pródico es tan simple que... 

Pródico es, a mi entender, muy simple. El aplauso final lo deja claro. En el fondo, ha dicho muy poco de lo importante. 

Hipias interviene acto seguido. El "sabio" Hipias. 




viernes, 9 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 61. (Platón, 335d - 337a)

Como esto es filosofía narrada y a posteriori, que involucra al lector, ¿qué pensamos que puede suceder al ver levantar a Sócrates? ¿Se irá o se quedará? Si se va, ¿cómo puede alguien tomar su relevo? Si se queda, ¿por qué motivo, contradiciéndose a sí mismo tal vez, en lo práctico? ¿En qué queda Sócrates en opinión de los asistentes? ¿Lo que queda del diálogo es para que Protágoras asuma la revancha y hable sin miramientos? ¿Platón permitiría eso?

El primero que reacciona es Calias, que sujeta a Sócrates a dos manos en claro ademán de sentarlo de nuevo. Ya se había levantado. Y sin miramientos le dice que no le permitirá que salga de allí. Una reacción un tanto violenta movida por su deseo de continuar escuchando un diálogo de "alta calidad". Pero pasado este primer impulso le ruega que se quede y lo pide con amabilidad. Aún así, por delante va expuesto el impedimento que ha puesto para que haga lo que quiera con su vida y su buen juicio. 

Calias es un buen exponente de lo que en tantas ocasiones sucede en la asamblea. Lo podemos presentar por su lado benévolo: Calias está aprendiendo. Lo podemos acoger también desde lo más negativo: Calias está comodísimo, disfrutando de un espectáculo en el que no quiere verse a sí mismo. Además, Calias habla por muchos. 

Sócrates lo recibe por el lado del "amor a la sabiduría" a la vez que vuelve a sacudir a Protágoras por hacerlo imposible. Se lava las manos de responsabilidad y se presenta metafóricamente como un mal corredor siguiendo a un atleta de primerísimo orden. Sin más: ¡Calias, es que no puedo complacerte porque Protágoras no accede! 

Lo importante, además del reclamo por lo lento, que realmente es la exigencia de lo breve, es la diferencia que aparece al final. Una cosa es la filosofía y otra la política al modo como se hace en la asamblea. En la filosofía no son los grandes discursos los prevalentes, sino que su modo de proceder es otro: la argumentación. Y el método de la filosofía es el diálogo "uno con otro". Es muy interesante esta cuestión. 

Calias no escucha el final y se sitúa como defensor de Protágoras, para que él escoja la herramienta que considere más apropiada. En su cinismo escaso lo que quiere es que continúe el diálogo como sea, pero que continúe. No tenían televisión y aquello le resulta el mejor de los ocios posibles. Probablemente antes se estaba aburriendo y ahora, no sabemos cómo, le está divirtiendo lo que sucede. 

Alcibíades, que ya sabemos de qué lado hablará antes de que diga nada, elogia a Sócrates. Si se va es por algo. Porque, conociéndole, no se iría de una conversación si pudiera mantener el diálogo en ella. Pero sin diálogo, para qué. Tiene mejores cosas que hacer. Protágoras no le ha absorbido su tiempo, como a otros, ni su presencia resta importancia y relevancia a la suya, con sus ocupaciones y dedicaciones. Que probablemente son ir a buscar a otros con quienes seguir dialogando aquí o allá. Si no está dispuesto, mejor irse. 

El motivo es vuelve a remarcar. Aunque Alcibíades lo deja ya patente, pues entiende bien el lenguaje socrático. Si Sócrates se va delante de un Protágoras que dice no poder hablar bien en discursos cortos, en respuestas claras, es porque el sofista no es tal sabio, ni de lejos. Sócrates habría mostrado su ignorancia por la vía práctica. O, al menos, que Protágoras no está dispuesto a mostrar su saber ante todos. Algo que a un sofista que se precie... De nuevo, Alcibíades hace una descripción extraordinaria del discurso largo: el que hace resonar palabras sin dar razón alguna de todo lo que se pregunta, hasta el punto de que el auditorio quede cautivado por ellas y olvide la propia pregunta. Qué arte tan perverso de adormecimiento, de suavidad heladora de la razón. Como una droga para el alma o algo así. Y ya sabemos de qué va lo de olvidar y cuál es la relación griega que tiene con la verdad. 

Por si fuera poco con Calias y Alcibíades, ahora interviene también Critias. Todos van mostrando, en el fondo, lo que está ocurriendo allí y el horizonte en el que hay que conducir (o reconducir) el diálogo si es que tal intercambio de palabras se hiciera merecedor de ese nombre. Y Critias quiere la mesura y el equilibrio, ni ponerse de un lado ni del otro, ni ser parte de Protágoras, ni ser parte de Sócrates. Y su equidistancia le hace, de otra manera, responsable. En cualquier caso, expone su realidad con sus palabras y hace un juicio con ellas de lo que ve, de lo que escucha y, también, de lo que quiere ver y quiere escuchar. De paso, deja entrever en su mucha humildad y buen juicio que él es superior -con suavidad- a Calias y Alcibíades. Con lo cual solo reclama que no disuelvan en el intermedio esta discusión. ¿En el intermedio? Pues parece ser que tiene razón en ello. Ahí están, en medio del diálogo. 

Quedan más por intervenir. Pródigo, Hipias. Veremos en qué termina el asunto. 





jueves, 8 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 60. (Platón, 335a - 335d)

Estamos con el tema de la brevedad de las preguntas y respuestas, que en el mundo socrático bien pueden ser vistas con miras a la homologación con las cosas mismas, a la desposesión de artes confusas y bélicas de los discursos que vencen creando confusión, caos y cediendo el contenido al continente, maleando la realidad para adecuarla a la persona y así hacerse uno a sí mismo ante los demás como digno de todo elogio, casi como un dios o cercano a los dioses. Una locura. Perdón por la no brevedad. 

Sócrates pide brevedad. Protágoras no la quiere, porque se ve a sí mismo perdiendo pie en el combate, en un tira y afloja, y llevado al campo de Sócrates. Sócrates, sin embargo, lo hace buscando que se separe muy bien y quede claro lo que es la persona y lo que es el discurso y dejar las cosas parcas y lo más reluciente posible. Es más, aquí encontramos una alerta sobre el uso de las palabras en su conexión con el ser, que de forma ambivalente se ven unidas y también con capacidad para sustituirse una a otra. En ocasiones hay palabras que sabemos que rozan sin más el ser, en otras lo ocultan y quieren sustituirlo en forma de engaño, en otras -y deberíamos empezar quizá por aquí- carecemos de ellas y buscamos las palabras impactados por el ser. Queda aquí, para cuando corresponda. 

Sócrates insiste en que Protágoras es capaz de enseñar. Y que él ha dicho que puede hablar extensa y brevemente, usando tan pocas palabras que nadie podrá usar menos. Y Sócrates reclama esta presunción de Protágoras. Una interpelación directa dentro del discurso para que no abandone el discurso. 

Entonces, Protágoras se engrandece nuevamente a sí mismo como si fuera un héroe que ha combatido numerosos combates y ha vencido a numeroso adversarios. Pero nunca hizo caso de lo que decían, ni de lo que pedían. Porque si lo hubiera hecho, según él reconoce, no hubiera ganado. Así que no quiere ceder. 

Es más que curioso este modo de hablar, en forma de enfrentamiento, en forma de combate. Porque se ve claramente que la lucha de la sabiduría de Protágoras no es, ni trata, ni intenta tratar, ni nadie puede espera que lo intente o trate, sobre discursos y argumentos, sino contra personas. No vence al ser, al que no se vence. Pero sí se puede ser más que otros. Quedar por encima. Ser reconocido por otros por encima. Incluso, supongo, por su adversario. La victoria es contra el otro. 

A lo que Sócrates responde por la vía práctica. Levantarse e irse, dejar el diálogo. Tal cual. ¿Darle entonces la victoria? ¿Quedar en tablas? ¿Qué ocurre aquí? ¿Reflejar así que Protágoras no quiere dialogar con él respondiendo, que no quiere permanecer, que no quiere figurar? ¿Reflejar así que Sócrates no está dispuesto a otra cosa que el diálogo y la realidad, pero que no está interesado en Protágoras? ¿Reflejar, mostrar y decir con los hechos, que la homología entre ellos no es posible, que no se ha alcanzado nada de lo que se dijo al principio que se iba a hacer? ¿Es Sócrates un cobarde? ¿O es que el diálogo necesita de los dos? ¿Por qué no permanecer?

Platón escribe una posible explicación, a la que Sócrates se levanta y se va. Pero quiere irse con la ironía con la que empieza todo siempre. Dejando como sabio a quien va a examinar y a sí mismo con una debilidad enorme que le hace ignorante, en asimetría, en una altura inferior, en una posición de precariedad. Y él, que dice saber que no sabe, se presta siempre a aprender en sus condiciones. Y se va porque tiene otros asuntos y no dispone de tiempo para largos discursos. (¡Madre mía, con la de horas que se ha llevado de la humanidad en su conjunto y la de tareas que hemos dejado por escuchar y aprender en los diálogos! ¡Qué ironía!) 

Así que, a la que se va, le paran. Y el detalle es verlo vestido con ropa inapropiada y distinta, e interpelado por los que supuestamente son sus amigos, sus compañeros habituales, sus conocidos. Y frenado. ¿Tal y como él frena a otros tantas veces cuando quieren irse? ¡Quizá! 

Es muy curioso ver a Sócrates saliendo de la conversación y "haciendo esa salida". Del diálogo se sale. Es verdad que, igual que se entra, se sale. Y es deseable solucionar todo dialogando, con la razón de por medio, porque decimos ser racionales y nos gloriamos de eso. Sin embargo, no solo somos personas racionales. Nuestra razón, en el mejor de los casos, vive ampliada más allá de sí misma en nuestra acción, por ejemplo, o en el campo de los afectos. Y por eso es racional levantarse de un diálogo, salir de una conversación. Al igual, por lo tanto, que la acción es un discurso que dice algo sobre la realidad. Es muy curioso verlo así también. Aquí está Sócrates diciendo algo, con ese decir que tiene que ver con el ser. 



miércoles, 7 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 59. (Platón, 334d - 335a)

Protágoras tiene que notar el impacto de Sócrates mucho más que los aplausos. Una cosa está clara, desde el inicio del diálogo: Protágoras se ha dado cuenta de sí mismo, se ha notado en el tema más que el tema en él, se ha metido en la conversación al mismo tiempo que en el tema, se ha colocado en contraste en lugar de en posesión. Respecto de la verdad, que en el fondo es el asunto, y de si hay, por así decir, sabiduría en él o no. Porque la sabiduría no pulula. En su época, no se podía pensar que estuviera ni entre libros. Era de las personas, no de papeles, no de letras, no de discursos. Estos solos son medios, en el mejor de los casos. 

Hablemos de la brevedad. Como elogio en este caso. Sócrates pide respuestas breves, para que el diálogo fluya. Sus preguntas lo son. En ocasiones. Unas veces tampoco respeta su norma. Pero la brevedad es en este caso expresión de comprensión, de ajustarse, de homologarse. Tener tiempo para pensar bien la pregunta en lugar de imaginar una respuesta. Moderación y concentración. Ser la lógica, por así decir, del discurso en general. Situarse en él. Que es la sabiduría. 

Pero tampoco se puede forzar a Protágoras. Que no quiere "aprender" siendo "maestro". Le cuesta acceder a lo simple. Algunas veces es así, cuando se vuelven complejos los asuntos, que duele volver a atrás. Expresando las cosas a lo alto, por decirlo de alguna manera, para ser capaz de enseñar, es decir, de mostrar lo que hay, toca hacer camino de vuelta y no quedarse en aquello. Volver a la vida. Eso es brevedad. Entonces se queda la parte importante. Se puede hablar de lo que se sabe en estos tonos claros, sin envolver demasiado el conjunto. 

A esto le llamaremos brevilocuencia. Hablar brevemente. Quien es sabio y sabe enseñar.

Me gustaría profundizar el tema. Hoy no tengo más tiempo. 

martes, 6 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 58. (Platón, 334d)

Si se leen solo las palabras de los diálogos, sin tomar en serio la posición de cada uno, en el fondo no se examina la vida o no se deja ver la vida en su amplitud y contundencia. Para leer así hace falta algo más de atención de la usual y un poco de mirada entre líneas, pausadamente. La tensión que se experimenta en uno y en otro respecto de sus palabras es constante. El sabio que se pega a lo que dice y se hace responsable de su expresión. El otro que habla quizá por hablar o dice más de lo que hay para, en el fondo, escapar de sí mismo. 

Son salidas distintas desde sí. Palabras que concuerdan en un plano en el que pueden encontrarse, aunque vayan cargadas de modo diferente. Algo tan cotidiano como filosófico. Si la filosofía no es un ejercicio de razonamiento formal, sino algo más. 

Los grandes filósofos, reducidos a sus esquemas, resultan excesivamente ridículos. En algunos, el contraste con su vida es tan grande que, en el fondo, ellos mismos dicen que no hay verdad alguna en nada y van vaciando de sentido todo.

Hoy me detengo aquí. Releyendo desde el principio a Platón otra vez. Desde 309a. Estoy aproximadamente en la mitad. Podré ir más rápido que en otras ocasiones. Viendo panoramas e hilos. 

La sabiduría, que es de lo que trata el libro, tiene mucho que ver con lo que cada uno hace. Sin duda. Tomada como "sabiduría" parece que es "conocimiento de cosas extrañas y propias de unos pocos". Pero mis abuelos eran sabios, en cierto modo, sin leer demasiado. Lo que hace la filosofía es otra cosa. Situarse en esa senda y profundizar en ella. Y, algo muy importante, desenmascarar, desvelar, desolvidar algunas fundamentales. La verdad es esa desmemoria. Porque, y es así, lo que hay que hacer es recordar lo fundamental para seguir adelante. Porque, y es así, la vida enseña lo que debería ser inolvidable. 

La tensión socrática es ajustarse con las palabras. No usarlas sin más para decir, sino para esclarecer y vivir. Protágoras está probando, y con él muchos otros estarán probando, como yo mismo estoy haciendo, esta medicina, esta terapia del alma, que también alcanza al cuerpo. No me cabe duda. 

Perderse en la largura del ser no es perderse en el ser, sino en las muchas cosas que son sin preguntarse por lo que es y podría no haber sido, por lo que es y necesariamente es. Distinguir delicadamente, cuidadosamente lo breve de lo eterno, lo concreto de lo infinito, la persona de carne y hueso de los discursos superpuestos. Y así, una y otra vez, repetir, para no olvidar y recordar, lo fundamental, lo primero, lo original y originante, la fuente. 

lunes, 5 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 57. (Platón, 334a - 334d)

Hay cosas buenas. Muchas cosas buenas. Pero no todas las cosas buenas son buenas para todos, ni en todo momento. Ni siquiera todas las buenas son útiles. O algo así. Es Protágoras quien habla. A quien Sócrates ve ya cansado y con quien usa suavidad. Digamos que Sócrates quiere, en lo concreto, ser bueno para Protágoras. Léalo bien el lector, que estas cosas se pasan por alto. Lo bueno no siempre es útil. Y Sócrates persiste en hacer bien a Protágoras. Se supone, porque todo el diálogo va sobre esto, que Protágoras quiere también hacer bien a sus discípulos y puede que incluso a Sócrates. Insisto. Léalo bien el lector. Léalo en su contexto y no lea solo las letras. Lea entre ellas. En lo que sucede. 

Sócrates pregunta: "¿A qué llamas tú bueno?" Aunque en relación con lo útil, por si lo bueno es útil o hay cosas inútiles que son buenas también, o sus contrarios mutuos.

Protágoras -esto lo pongo en parte yo, que ya estoy muy metido en el diálogo- suspira, toma aliento, mira a un lado y a otro a los que hace un momento estaba dispuesto a criticar y tratar como inútiles -véase el paralelismo- y comienza su detallada descripción aristotélica de sustancias y accidentes, y cómo unas a unos parecen ser provechosas en ocasiones, pero no a todos, y cómo otras parecen no ser provechosas para unos en ocasiones, pero sí para otros. Y en toda su larga intervención va haciendo un repaso naturalista de curiosos ejemplos para un historiador, un biólogo, un médico o un carpintero. Se dedica con ahínco a eso, a ver partes y relaciones que en apariencia son útiles. 

Al término de lo cual, los asistentes rompen el silencio y aplauden. Por fin tiene algo de "paga" en todo lo que lleva de diálogo. Por fin, un reconocimiento más, un aliento para seguir adelante. Por fin se dice qué es lo importante de Protágoras y se vuelve al inicio. Protágoras es aplaudido "por lo bien que hablaba". ¡Qué frase tan demoledora!

εἰπόντος οὖν ταῦτα αὐτοῦ οἱ παρόντες ἀνεθορύβησαν ὡς εὖ λέγοικαὶ ἐγὼ εἶπον:

Puede que Platón tenga un arte especial para escribir por el que ha pasado a la historia. Pero una vez más, un contraste que en castellano está traducido peligrosamente por "hablar bien" en paralelo con las "cosas buenas" que hay en su intervención. Y no, no se dice tal cosa, ni se emparenta a Protágoras con el bien propiamente. Sin más, su elocuencia. Sin más, por tratar bien las palabras. Pero no el bien. Del bien -y si es necesario hay que repasarlo- no ha dicho nada. Lo ha escabullido con casos y casos, con ejemplo tras ejemplo, con supuesto matiz tras supuesto matiz, percepción tras percepción, y todo lo que ha dicho es algo sabido por los allí presentes como lo más básico. Y se aplaude solo eso. Lo bien que dice lo que todos saben. ¡Qué grande es Platón! ¡Qué forma de, con un aplauso, encerrar a su personaje -por salvar a Protágoras, si es que lo necesita- en sí mismo, para sí mismo, consigo mismo! 

Y, sin terminar esa frase, Sócrates: "Y yo dije."

Y Sócrates viene a decir que es incapaz de seguir lo que dice, por extenso, si es que se trata de un argumento. Que no lo es. Y haciéndose el sordo le pide que levante un poco más la voz. Es decir, que sea breve. 

ὦ Πρωταγόρα, ἐγὼ τυγχάνω ἐπιλήσμων τις ὢν ἄνθρωπος, καὶ ἐάν τίς μοι μακρὰ λέγῃ, ἐπιλανθάνομαι περὶ οὗ ἂν ᾖ ὁ λόγος. ὥσπερ οὖν εἰ ἐτύγχανον ὑπόκωφος ὤν, ᾤου ἂν χρῆναι, εἴπερ ἔμελλές μοι διαλέξεσθαι, μεῖζον φθέγγεσθαι ἢ πρὸς τοὺς ἄλλους, οὕτω καὶ νῦν, ἐπειδὴ ἐπιλήσμονι ἐνέτυχες, σύντεμνέ μοι τὰς ἀποκρίσεις καὶ βραχυτέρας ποίει, εἰ μέλλω σοι ἕπεσθαι.

Con todo, qué importante es esta desmemoria que se cita a sí misma como defecto al inicio -y al final- para conocerse a sí misma y superarse en búsqueda de la virtud. Así que ojo. Una vez más, leamos con calma la petición de Sócrates a Protágoras, que, como enfermo necesitado de médico, le está pidiendo a él que sea su medicina, al mismo tiempo que -qué curioso- Sócrates quiere corregir a Protágoras para que no se pierda en las larguras del ser y se centre en la importante brevedad que deben adquirir algunas respuestas. Repito. Sócrates desmemoriado quiere curarse y para ello necesita de Protágoras, quien, a su vez, debe curarse con la acción socrática. Es decir, ambos tan íntimamente relacionados que, tratando uno con el otro, ambos alcancen la sabiduría. Y así un día y otro día, de los míos, aunque en su caso sucediera todo en el mismo tiempo. 

Suma y sigue. Con calma. Espero que se comprenda, aunque no me esté esforzando en decir con claridad ninguna de estas cosas que van surgiendo. 



domingo, 4 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 56. (Platón, 333d - 334a)

Ocurre aquí, en este texto de hace milenios, lo mismo que hoy. Aunque los términos sean diferentes. Y por eso precisamente es un clásico. En el intento de Protágoras por salir de la presión de la situación y del diálogo, lo que propone es hablar de lo general. ¡Vayamos a los muchos! ¡Critiquemos a las masas! ¡Busquemos los temas comunes de los que todos hablan y que a todos preocupan! 

Y Sócrates parece responder algo así como: tienes razón, pero distingamos entre esos temas y lo que hay de general en esos temas de los que todos tratan y que les hacen vivir así o asá, e intentemos reducirlos a lo fundamental, que no es exactamente simplificarlos. La huida de Protágoras de sí mismo, de su prisión y de su rutina puede convertirse así en abandonar la seriedad de lo que realmente importa y pasarse al "lenguaje común" incierto e indeterminado. 

Un aviso. No nos planteemos demasiado seriamente la vida y demos la razón a los que simplemente la disfrutan, parece que tienen éxito y reciben elogios. Pase lo que pase. Da igual lo que estemos viendo y notando en la conversación. Mejor seguir, dentro del sistema, haciendo que todo funcione como debe funcionar. No busquemos un lugar en la vida, sino en el sistema, en el mundo, en lo que hay, con realismo y pleguemos velas para no ir tan lejos. Mejor en la orilla. Sin explorar otras cosas. Mejor en lo seguro. Mejor en los temas comunes. 

La insistencia de Sócrates, que terminará en muerte, mantiene a Protágoras. Primera pregunta, que es en sus términos una vuelta al inicio, aunque sabemos que ya aquel inicio está perdido. Pero vamos a intentarlo una vez más. Reconstruyamos, mostremos la confusión en la que estamos tratando uno y otro asunto, y todos los demás, sin adecuarnos a lo importante:

- Venga, dije yo, responde desde el principio. ¿Te parece que algunos que obran injustamente son sensatos?

- Sea, dijo. 

-¿Al ser sensato llamas pensar bien?

- Sí. 

- ¿Por pensar bien entiendes decidir bien aquello en lo que se obra injustamente?

- Sea. 

- ¿Cómo, si obtienen éxito al obrar injustamente, o si malo?

- Si bueno. 

- ¿Dices, entonces, que hay algunas cosas buenas?

- Lo afirmo. 

- ¿Acaso, dije yo, son buenas las que son útiles a los hombres?

- ¡Oh sí, por Zeus! Y aun si no son útiles a los hombres, yo las llamo buenas. 

Me parecería que Protágoras ya estaba muy apurado y receloso y que se había puesto en guardia para responder. Al verle en tal disposición, tomando precauciones le pregunté con suavidad... 

Así está en griego:  

ἴθι δή, ἔφην ἐγώ, ἐξ ἀρχῆς μοι ἀπόκριναι. δοκοῦσί τινές σοι σωφρονεῖν ἀδικοῦντες;

ἔστω, ἔφη.

τὸ δὲ σωφρονεῖν λέγεις εὖ φρονεῖν;

ἔφη.

τὸ δ᾽ εὖ φρονεῖν εὖ βουλεύεσθαι, ὅτι ἀδικοῦσιν;

ἔστω, ἔφη.

πότερον, ἦν δ᾽ ἐγώ, εἰ εὖ πράττουσιν ἀδικοῦντες ἢ εἰ κακῶς;

εἰ εὖ.

λέγεις οὖν ἀγαθὰ ἄττα εἶναι;

λέγω.

ἆρ᾽ οὖν, ἦν δ᾽ ἐγώ, ταῦτ᾽ ἐστὶν ἀγαθὰ ἅ ἐστιν ὠφέλιμα τοῖς ἀνθρώποις;

καὶ ναὶ μὰ Δί᾽, ἔφη, κἂν μὴ τοῖς ἀνθρώποις ὠφέλιμα ᾖ, ἔγωγε καλῶ ἀγαθά.

καί μοι ἐδόκει ὁ Πρωταγόρας ἤδη τετραχύνθαι τε καὶ ἀγωνιᾶν καὶ παρατετάχθαι πρὸς τὸ ἀποκρίνεσθαι: ἐπειδὴ οὖν ἑώρων αὐτὸν οὕτως ἔχοντα, εὐλαβούμενος ἠρέμα ἠρόμην. πότερον, ἦν δ᾽ ἐγώ, λέγεις, ὦ Πρωταγόρα μηδενὶ ἀνθρώπων ὠφέλιμά ἐστιν  μηδὲ τὸ παράπαν ὠφέλιμακαὶ τὰ τοιαῦτα σὺ ἀγαθὰ καλεῖς;

Se nota el cansancio y que ya no se "pelean" las cosas. ¿Alguien injusto que obra sensatamente, pensando en lo que hace? ¿Dicho así tan rápido y sin explicación alguna? ¿Será que los que están en el diálogo están aceptando, en lo que dicen, una injusticia más como tantos otros, precisamente por lo contrario de lo que están diciendo, porque realmente no están pensando en lo que dicen? ¿Será eso? ¿Será que hay un pensar superficial, que parece pensar y no lo es realmente, y otro pensar profundo, que realmente sea pensar aunque no siempre lo parezca, que es lo que verdaderamente se puede llamar sensatez y que conduce a la justicia? ¿Será pensar, dicho de otra manera, una actividad menos solitaria de lo que nuestro tiempo comprende y que se ejercita y da y sale a la luz en el diálogo, más que en el monólogo? ¿Será pensar el examen y todo lo demás otra cosa parecida a ello?

Pongo énfasis en lo que se dice de Protágoras: "muy apurado y receloso y se había puesto en guardia para responder". Eso le "parecía" a Sócrates. Que decide un camino más suave para seguir avanzando. ¿Cuál será el camino suave para Protágoras? Aquel en el que Protágoras tenga la oportunidad de explicarse ampliamente. Y por ahí irá. 

De lo anterior, insisto en que es muy posible y más que posible, que haya conexión entre la sensatez y la injusticia. Que no se puede decir, sin explicarlo más, que sí o que no. Porque quien hace eso, es un bárbaro que elimina de su vista la complejidad de la vida, la afectación de las personas y se muestra incapaz para el detalle. Pero comprender en qué sentido justicia y sensatez están conectadas, y por tanto también sus contrarios y relacionados una y otra con el contrario opuesto es sumamente interesante. Porque mostrará lo que tantas veces estoy exponiendo: la hondura y amplitud de la vida y, por lo tanto, de la razón. 



sábado, 3 de julio de 2021

PROTÁGORAS. Día 55. (Platón, 333b - 333d)

El giro en el diálogo -y en Protágoras- está siendo memorable. ¿Se acordará dentro de un rato de lo que está pasando y permanecerá en la tensión de lo que está viendo, con su propia luz, cuando esto se ponga más intenso? ¿O cederá y volverá al mundo común del que está saliendo? Sócrates está firme y no se mueve ni un milímetro. 

¡Venga, pues, Protágoras, no nos fatiguemos, sino examinemos también el resto. 

¿Qué es lo que hay que examinar? El tema es el siguiente: la proximidad entre algunas virtudes, como la sensatez, la sabiduría, la justicia y la piedad. Va cargada la intervención en este punto con lo más elevado, con lo más destacado, con lo más buscado y querido. Proximidad aquí tiene que ver con cercanía, evidentemente. Pero entre distancia, diferencia, contrariedad y demás palabras de ese espectro convendría saber diferenciar. Igual entre cercanía y proximidad, entre familiaridad y trato, entre participación y contigüidad... ¿Qué es lo que hay que examinar? Cómo está cada persona, sea Protágoras, sea Sócrates, sea Platón que escribe para sus discípulos, sea el lector de este u otro siglo. ¿Qué tomamos por distancia, a qué distancia miramos, qué nos parece próximo y a qué? Y la metáfora sirve para decir algo más importante. La pregunta ayuda a situarse. Y desde lejos, sin caminar un rato largo, todo se confunde y difumina. Sin embargo, al acercarnos, al estar más próximos a eso de lo que hablamos, los matices lo llenan todo. ¿A qué distancia y de qué estamos?

De ahí la pregunta final, tan concreta como práctica. 

- ¿Es que te parece que es sensato un hombre que comete injusticia, en tanto que la comete?

- Me avergonzaría yo al menos, Sócrates, dijo, de reconocer eso, aunque lo aceptan muchas personas. 

- Entonces, ¿voy a hacer mi diálogo con ellas o contigo?

- Si quieres, discute primero contra la opinión de la mayoría. 

- No me importa, sólo con que tú respondas, tanto si es tu opinión como si no. Pues yo examino sobre todo el argumento, aunque sucede que eventualmente nos sometemos a examen el que interroga, yo mismo, y el que responde. 

- Al principio, Protágoras nos ponía reparos, porque achacaba que la tesis resultaba incómoda; pero luego, sin embargo, concedió responderla. 

Atentos a cómo se dicen las cosas. Algunas cosas siempre cambian.   

ἆρά τίς σοι δοκεῖ ἀδικῶν ἄνθρωπος σωφρονεῖν, ὅτι ἀδικεῖ;

αἰσχυνοίμην ἂν ἔγωγ᾽, ἔφη, ὦ Σώκρατες, τοῦτο ὁμολογεῖν, ἐπεὶ πολλοί γέ φασιν τῶν ἀνθρώπων.

πότερον οὖν πρὸς ἐκείνους τὸν λόγον ποιήσομαι, ἔφην, ἢ πρὸς σέ;

εἰ βούλει, ἔφη, πρὸς τοῦτον πρῶτον τὸν λόγον διαλέχθητι τὸν τῶν πολλῶν.

ἀλλ᾽ οὐδέν μοι διαφέρει, ἐὰν μόνον σύ γε ἀποκρίνῃ, εἴτ᾽ οὖν δοκεῖ σοι ταῦτα εἴτε μή: τὸν γὰρ λόγον ἔγωγε μάλιστα ἐξετάζω, συμβαίνει μέντοι ἴσως καὶ ἐμὲ τὸν ἐρωτῶντα καὶ τὸν ἀποκρινόμενον ἐξετάζεσθαι.

τὸ μὲν οὖν πρῶτον ἐκαλλωπίζετο ἡμῖν ὁ Πρωταγόρας—τὸν γὰρ λόγον ᾐτιᾶτο δυσχερῆ εἶναι—ἔπειτα μέντοι συνεχώρησεν ἀποκρίνεσθαι.  

Por favor, leedlo irónicamente. Porque Protágoras quiere bajarse del diálogo al vivir lo que realmente está sucediendo, que sus opiniones y su vida está siendo examinadas. Pero, como buen retórico, ahora quiere poner el foco de atención lejos de sí en la estúpida masa. Algo en lo que estarán de acuerdo todos los presentes. Y creerá que así complace a Sócrates y ambos están cerca. Porque ahora la distancia que está viviendo no es solo de discurso y argumento, sino también respecto de Sócrates y su sabiduría en forma de preguntas, y el camino por donde le está conduciendo sin poder escapar a un lugar en el que él tome las riendas y sea quien dirige el "cotarro". 

Volvamos a la pregunta final, tan práctica y tan cotidiana. Aquí, dicho en palabras abstractas, todos los presentes podrán ver aquello de lo que habitualmente ni quieren hablar, ni quieren que salga a la luz, ni quieren que se pronuncie. [Recuerdo una reunión muy seria, con personas de bien, en la que había que decidir algo importante para la vida de otras personas. Alguien dijo, sin más, que había que dejar de hablar de justicia. Se hizo un silencio incómodo. El tema, a mi modo de ver, tenía mucho que ver con aquello. Sin embargo, tuvo éxito. Y es que no hay nada mejor para que todo funcione en ocasiones que hable "el director" de la reunión. No me callé, pero no volvieron a invitarme. Sé el nombre de la persona de la que estábamos hablando. Los otros se me han olvidado.]

El tema que Sócrates pone delante de Protágoras es el siguiente. Hago recapitulación breve. Si Protágoras está confuso y unas veces dice una cosa e inmediatamente es capaz de contradecirse sin titubear, qué ocurre respecto de la justicia. ¿Lo mismo? ¿Sin sensatez se puede ser justo? ¿Sin sensatez se será siempre, salvo casualidad, injusto? 

Y añado algo más, porque lo da el mismo discurso en su forma de diálogo ante muchos silentes. ¿Es lo mismo lo que decimos ante los demás que aquello que vivimos a solas? ¿Es lo mismo lo que vivimos ante los ojos y los oídos de los otros que lo que hacemos cuando nadie ve, cuando nadie oye? ¿Es lo mismo, por concretar, lo que se dice ante una persona o cuando esta escucha, que lo que se dice de ella cuando sabemos que ni nos ve, ni nos escucha, ni probablemente sabrá de esto? Y la respuesta concreta y real, la verdad sobre lo que ocurre y lo que sabemos -porque lo sabemos- qué debería ser y ocurrir es la siguiente: ... ¡Aquí lo dejo! 

Ese paso es el que lleva a Protágoras a desviar la atención y la presión de sí mismo hacia la masa. Y acusa a la masa, a los muchos. Y así se separa de ellos y quiere distinguirse y ennoblecerse. 

Pero creo que todos lo han visto tan claro, que ya no hay nada más que decir. Por supuesto, Sócrates lo refleja irónicamente. ¡Claro, claro! ¡Protágoras, tú no eres como los demás, tú eres excelente y sabio y bueno y justo! ¡Háblanos de lo que sabes, de la justicia, de tu excelencia...! 

Pura ironía.