Debido a esta investigación, surgieron contra mí, atenienses, muchos odios, durísimos y gravísimos, tanto más cuanto que dieron lugar a muchas calumnias: se me empezó a llamar así, se empezó a decir que soy sabio. Pues siempre los que están presentes piensan que soy sabio en aquellas cosas sobre las que refuto a otro. Lo que debe de ocurrir, atenienses, es que en realidad es sabio el Dios, y con este oráculo quiere decir que la sabiduría del hombre vale poco o nada.
sábado, 21 de enero de 2023
APOLOGÍA DE SÓCRATES. Día 20. (Platón, 22d - 23a)
lunes, 16 de enero de 2023
APOLOGÍA DE SÓCRATES. Día 15. (Platón, 21d - 21e)
El encuentro con el político no ha sido favorable, sino más bien todo lo contrario. Ni ha conseguido refutar el oráculo de Delfos, ni ha conducido a nada bueno para Sócrates mismo, ni para el político, ni para el pueblo. Es más, se podría incluso pensar que del examen, si surge la indignación, se ha vuelto una situación mucho peor de lo esperado. Ahora convendría empezar a temer. Porque el político, y el pueblo en su conjunto, deciden lo que ocurre en la ciudad. En Atenas se podía expulsar a cualquier ciudadano que no se considerara alineado con la vida común. Y no han sido pocos casos. Por supuesto, también se puede condenar a muerte o hacerle sufrir mucho. Mejor no pensarlo.
El caso es que si Sócrates ha comprobado que es sabio en algo, al mismo tiempo ha comprobado que ese saber no es "poder", en sentido estricto. No se impone sobre otros. Esto no estaba en lo que el oráculo había dicho. Pero de forma palmaria aparece. Queda en el resumen de lo sucedido. El político, que accedió a dialogar con él, ahora se ha vuelto en su contra. Y con él, porque él sí tiene poder, el pueblo, la opinión general, la opinión pública. En Atenas no había redes sociales, ni medios de comunicación como televisión y periódicos, pero sí había opinión general, opinión pública. La democracia se asienta en la salud o enfermedad de esa opinión, que es, en definitiva, un elemento constituyente de un "sentido común".
No solo el político, sino otros que también decían saber mucho y ser sabios, también estaban en la misma situación y respondían con el mismo esquema. Tras el diálogo convertido en examen, que en el fondo es examen de la sabiduría de Sócrates por un lado y no solo examen del interlocutor que dice ser sabio, se prueba que, si no se parte de la ignorancia del saber humano, todo se desmorona fácilmente. La evidencia está en que hablan y hablan contradiciéndose a sí mismos y sin querer solventar la contradicción, sin darse cuenta de ella o haciendo "como si" diera igual tal contradicción. Esto es lo trágico, fuera de la teatralidad en la que se pueden leer hoy los diálogos. No es una muestra escrita para ser contemplada, sino el modo habitual y común en el que las personas viven: la contradicción, la paradoja, la tensión. ¿Quién la resuelve? ¿Quién se apoya y cómo en semejante tensión? ¿Qué descanso posible queda?
En este punto se expone muy claramente el asunto. Sócrates no ignora que ignora, no pasa por alto la limitación, la crudeza de su falta de conocimiento, no da un paso más allá haciendo de su débil opinión una opinión fuerte para todos, sino que queda instalado en la pregunta, el misterio y, en cierto modo también, la duda, el paréntesis, la distancia. Si da un paso más adelante, y no queda otra al viviente, será por algo distinto a la seguridad que se atribuye a ciertos conocimientos y sabidurías. Mejor dicho, si da un paso adelante será por cierta sabiduría, que no es la que comúnmente se considera como tal en tanto que certeza total y cerrada. Será, y esto es lo más propio del ser humano, para abrir posibilidades y no solo para realizarlas, será para adelantar algo en la historia y no solo para cumplir un destino impuesto externamente.
Al irme, pensaba para mí: "Yo soy más sabio que este hombre. Seguramente, ninguno de nosotros sabe nada más que valga la pena, pero él cree que sabe, aunque ignora, y yo, ya que no sé, tampoco creo que sé. Así que, por este matiz, yo soy más sabio que él: porque no creo saber lo que no sé." Me dirigí entonces a otro de los que tenían fama de saber más que aquel hombre, y me pareció lo mismo, y de nuevo él y muchos otros se indignaron conmigo.
Este párrafo es fundamental en la historia de la filosofía. Muestra cómo la vida entera se asienta y sostiene en aquello que sabemos. La persona es racional no porque las ideas, tal y como lo entendemos hoy, en tanto que pensamientos, sean lo decisivo. Sino porque vivimos simbólicamente y actuamos en un mundo repleto de referencias, relaciones, visiones. O vemos, o no vemos. O hay salida, o no hay salida. O hay oportunidad de algo más, o quedaremos con el menos. En este sentido y dirección comprendo yo lo que aquí se dice. No como "intelectualismo", sino como un racionalismo realista, como sujeto inserto en la realidad, no constituido al margen de ella, y, sin embargo, diferente de todo lo demás incapaz de confundirse con un objeto en cualquiera de sus movimientos.
sábado, 14 de enero de 2023
APOLOGÍA DE SÓCRATES. Día 13. (Platón, 21a - 21b)
Si nos entendiéramos con palabras y hablando, todo sería mucho más fácil. Comunicamos cosas que no siempre se oyen, se entienden. Las palabras no son tan transparentes. Hay polisemias, sinonimias, relaciones internas y externas entre palabras y cosas, entre lenguaje y mundo.
Como en otras ocasiones, si al ser humano se le pidiera vivir en un único "mundo", en una única "realidad", todo sería más fácil y estaría integrado. Pero la complejidad deriva en tensión y requiere tensión para su expansión. Así, por ejemplo, la palabra propia tiene que vérselas con la palabra ajena, la palabra propia que es palabra del corazón tiene que exponerse y salir de su hogar cómodo y placentero donde encaja para ir al encuentro posible con el otro, llamando a la puerta y quedando a la espera de ser recibida. En ese tiempo que va de una a otra, en ese "entre" tan profundo, la palabra se ha vuelto donación y se hace también llamada. No es ni de uno, ni de otro propiamente hablando. O de los dos. Ambos quedan al margen de ella, en cierto sentido. Y los dos quedan implicados por ella, en cierto sentido. Alguien dirá que esa palabra es de quien la dice siempre, pero en tanto que el oyente puede hacer con ella lo que quiera es evidente que hay una separación. No diría absoluta y radical, pero hay una separación que comprender y entender para que pueda llegar a ser palabra oída por otro.
El caso es que Sócrates está ante el tribunal. Ha expuesto su sabiduría, que es lo importante, como sabiduría meramente humana. Sin el meramente: sabiduría humana, propia del ser humano. Hay otras sabidurías ya citadas. La primera, la del domador. Segunda, la de los sofistas. Pero en la ciudad hay más sabidurías. Así que ahora lo que toca es ponerse a ello y comprobar si la Pitia, después de que Querofonte "se atreviera a preguntar", tiene razón en lo que enigmáticamente dice o no. Sócrates dice o piensa que él no es sabio, pero eso haría que todo entrara en colapso y absurdo. Luego la Pitia debe haber querido decir algo que Sócrates quizá no comprenda del todo. A lo mejor Querefonte sabe más de esto que Sócrates, quién sabe.
El caso es que Sócrates ahora se va a pasear por la ciudad investigando su saber y el saber de otros. Esto es lo que narra al principio de 21b, con más sencillez incluso.
Considerad por qué os refiero esto, ya que voy a instruiros sobre el origen de la calumnia contra mí. Cuando oí aquello, me quedé pensando: "¿Qué dice el Dios? ¿Qué enigma me ofrece? Yo tengo plena conciencia de no ser sabio en absoluto. ¿Qué quiere decir, entonces, al afirmar que soy el más sabio? No puede decir algo falso, porque no le es lícito." Permanecí perplejo por mucho tiempo sobre lo que quería decir. Luego, a duras penas, me puse a investigar su significado de la siguiente manera. Me dirigí a uno con fama de sabio...
σκέψασθε δὴ ὧν ἕνεκα ταῦτα λέγω: μέλλω γὰρ ὑμᾶς διδάξειν ὅθεν μοι ἡ διαβολὴ γέγονεν. ταῦτα γὰρ ἐγὼ ἀκούσας ἐνεθυμούμην οὑτωσί: ‘τί ποτε λέγει ὁ θεός, καὶ τί ποτε αἰνίττεται; ἐγὼ γὰρ δὴ οὔτε μέγα οὔτε σμικρὸν σύνοιδα ἐμαυτῷ σοφὸς ὤν: τί οὖν ποτε λέγει φάσκων ἐμὲ σοφώτατον εἶναι; οὐ γὰρ δήπου ψεύδεταί γε: οὐ γὰρ θέμις αὐτῷ.’ καὶ πολὺν μὲν χρόνον ἠπόρουν τί ποτε λέγει: ἔπειτα μόγις πάνυ ἐπὶ ζήτησιν αὐτοῦ τοιαύτην τινὰ ἐτραπόμην. ἦλθον ἐπί τινα τῶν δοκούντων σοφῶν εἶναι
Tres cuestiones sobre este tema, a considerar brevemente. Primero, que quien ahora habla se ha situado antes a la escucha. Una escucha no comprensiva, sino interrogativa. Cuando oye lo que el oráculo ha dicho, lo que hace es preguntar. No darse por enterado y conforme, sino preguntar qué quiere decir. Porque en su sencillez hay enigma. Olvidar que las palabras son enigma, que no siempre se entienden a la primera, como las cosas a su modo y las personas en su misterio, es ya iniciar un camino. Ese camino se puede quedar en uno mismo o volverse pregunta sobre ello, que, además, en esta circunstancia es volverse pregunta uno mismo por el contenido mismo, tan directo, del oráculo. Quién soy. Dicho brevemente esta es la pregunta del oyente de la vida y del enigma. Quién soy. Y se da una confrontación entre lo previo y lo recibido. Un choque, un golpe, una oposición. Yo sé que no sé mientras el oráculo dice que sé. ¿Qué es lo que pasa aquí?
En segundo lugar, llama la atención el mundo afectivo, el mundo pasivo. "Permanecí perplejo mucho tiempo." No es tampoco cualquier experiencia. Se puede decir que la claridad aquí convoca la oscuridad, que la palabra llama al silencio, que la luz ennegrece la apacible existencia previa. Qué ha pasado. Y de ahí no se sale sin un trabajo duro, sin "a duras penas" ponerse a examinar, a investigar, a reflexionar, a pensar, a razonar, a darle vueltas, a considerar con atención qué quiere decir aquello y qué pasa aquí. Quién tiene más razón: o yo, o el oráculo. Con la salvedad de la confianza puesta, no demostrada, de que el oráculo no tiene legalmente la ocasión de mentir, decir algo falso. Así que, el cambio está servido en otra dirección más. Que es reconsiderar el propio pensamiento.
Y, tercero, la alteridad más próxima. El oráculo está lejos, pero el prójimo está cerca. Así que solo queda recuperar la alteridad del "más que" en diálogo, precisamente en diálogo, con el otro más cercano que dice ser sabio. O sea, intentar refutar al oráculo. Y la sabiduría trata del diálogo. Es sabio quien dialoga, se ve la sabiduría en el diálogo. No en la soledad, sino en el diálogo, en el encuentro con el otro. Allí es donde emerge posiblemente esto que llamamos sabiduría.
Quedan siempre muchas cosas por decir, pero quien escribe sabe poco. Ojalá pudiésemos dialogar más sobre estos temas, que nos harían, pienso yo, mejores en muchos sentidos.
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