Debido a esta investigación, surgieron contra mí, atenienses, muchos odios, durísimos y gravísimos, tanto más cuanto que dieron lugar a muchas calumnias: se me empezó a llamar así, se empezó a decir que soy sabio. Pues siempre los que están presentes piensan que soy sabio en aquellas cosas sobre las que refuto a otro. Lo que debe de ocurrir, atenienses, es que en realidad es sabio el Dios, y con este oráculo quiere decir que la sabiduría del hombre vale poco o nada.
sábado, 21 de enero de 2023
APOLOGÍA DE SÓCRATES. Día 20. (Platón, 22d - 23a)
sábado, 5 de marzo de 2022
LISIS. Día 45 (Platón, 213d)
Leyendo en otros sitios, que no citaré según la costumbre, se cuestiona que realmente haya dos caminos en la vida, como parece que también aquí se propone. Como se cita a Platón, es casi obligado pensar que están tratando el mismo asunto. Por un lado, lo general y acostumbrado es pensar que se dan la verdad y la mentira, el amor y el odio. Por otro, en cuanto pensamos seriamente nos entran dudas de si no será más bien un único camino y su negación, su destrucción, su muerte. Será el bien contra el mal, o será el bien y la destrucción del bien. Yo mismo, como el autor que he leído, incluso al plantearme la cuestión de los dos caminos me estoy preguntando por dos opciones y nada más. Efectivamente, es como si existieran dos miradas, dos principios en la misma persona. Partiendo de uno, la conclusión viene a ser gradación, hasta la degradación. Por otro, se viene a ver algo y algo más que eso. De algún modo pienso que esta forma de vivir la realidad está presente en toda la gran literatura, como partiéndola, vertiéndola. Y, sin embargo, sigo pensando en la verdad una.
Por otro lado, el mundo, el abrir los ojos de la vida al mundo y querer conocer lo que ocurre, casi desbarata todo sentido posible.
Volviendo.
El mero hecho de buscar no lleva a nada. De esto hay que darse cuenta cuanto antes. Aunque buscar es un movimiento que ya nos dice algo, normalmente no nos dice qué buscamos. O sí. Mejor dicho, sí. El buscar nos pone a buscar algo de un modo concreto. Ejemplos físicos hay muchos. También, aunque no en paralelo, deberíamos pensar lo mismo respecto de otras búsquedas más amplias, diferentes y propiamente genuinas. No comparten lo mismo, pero quizá sí una común estructura muy general que, a medida que se aproxima en análisis, deja percibir su raíz común y su desenlace propio.
Como se ha quedado sin palabras, retoman por ahí.
¿No será, dije, oh Menéxeno, que no hemos buscado bien?
Eso es lo que creo, Sócrates -dijo Lisis, y al punto que hablaba se puso colorado. Y me pareció como si se le hubiera escapado de mal grado lo que había dicho, debido a lo muy concentrado que estaba en el diálogo. Es claro que cuando atendía siempre lo hacía así.
ἆρα μή, ἦν δ᾽ ἐγώ, ὦ Μενέξενε, τὸ παράπαν οὐκ ὀρθῶς ἐζητοῦμεν;
οὐκ ἔμοιγε δοκεῖ, ὦ Σώκρατες, ἔφη, ὁ Λύσις, καὶ ἅμα εἰπὼν ἠρυθρίασεν: ἐδόκει γάρ μοι ἄκοντ᾽ αὐτὸν ἐκφεύγειν τὸ λεχθὲν διὰ τὸ σφόδρα προσέχειν τὸν νοῦν τοῖς λεγομένοις, δῆλος δ᾽ ἦν καὶ ὅτε ἠκροᾶτο οὕτως ἔχων.
Este "buscar" deberíamos estar atentos a que sea correcto o incorrecto, recto o torcido. Porque si no, el mismo movimiento del "buscar" por el buscar, el buscar "sin sentido", "sin orientación" conduce a un lugar equivocado, a no alcanzar el objetivo. Está claro, al menos para mí de algún modo, que el movimiento del buscar motiva y plantea un reto, aunque el medio, el camino y el instrumento utilizado para ello no sea siempre el adecuado. El buscar requiere de un camino, de una forma. Debe ser conformado con algo, o sea, no dejar de ser lo que es pero sí un cierto esconderse en otra realidad. Al amor le ocurre tanto, y es tan evidente aunque no lo hayamos visto bien, que es palmario. El amor no se encuentra como tal en ningún lugar, sino otras cosas donde se esconde que, en ocasiones, no tiene en apariencia incluso nada que ver. Como el sacrificio. Si en el sacrificio alguien ve amor y no otras cosas, que lo cuente. En el sacrificio y la entrega no se ve el amor. Si se viera, callaríamos. Y cuando alguien se entrega por nosotros no lo vemos, ni de lejos, salvo que atendamos bien a lo que ocurre. Se esconde ahí el amor y permanece en movimiento para llegar a algún lugar distinto de sí precisamente. El amor es solo el motor, esa fuente.
Dicho de otro modo. La búsqueda es salida, se descubre que al mismo tiempo es de alguna manera meta. Y requiere un medio, un camino en el que desarrollarse a sí misma para llegar a sí misma. Y ese camino no es el origen mismo, ni la fuente, pero debe recorrerse. En términos religiosos, el amor a Dios y el amor al prójimo. Y no hay otra forma. Perdón por sentenciar, o dar esa impresión al menos.
Lisis interviene ruborizándose. Otra vez. Está metido en la conversación y habla. Está en diálogo. Lisis está, como pocos, metido dentro del diálogo hablando. No es que Sócrates y Menéxeno estén hablando y él escucha. Sino que escucha participando y hablando para sí. Ahora, esa procesión del alma profunda, se muestra sorprendiendo y de forma inesperada. Altera el rumbo porque afirma. Está claro que Lisis sabe lo que está pasando y que se han torcido en algún momento en el que deberían haber seguido rectamente. Es curiosísimo. Lo único que dice es que es "evidente", que está "claro".
Una diferencia radical. Entre el plural de la pregunta de Sócrates y el singular de Lisis.
(Realmente fue el 19 de marzo de 2022)
jueves, 3 de marzo de 2022
LISIS. Día 43. (Platón, 213b - 213c)
Encontrarse con Sócrates es, a la vez, introducirse en la vida y planteársela en extremo. Qué preguntas tan raras hace y, simultáneamente, qué difícil escapar de ellas sin dárselas de frente con algo mucho más grande, de dimensiones improbables pero deseadas. En realidad, esta es la verdad. Quien se atreve a hablar así se descubre, como mínimo, viviendo en dos mentiras. La primera es la de lo que se da por supuesto y no se ha hecho realmente propio, que afectaría al ámbito de lo que se cree ampliamente. La segunda es la de la posibilidad por encima de todo lo ya realizado, es decir, la de la apertura en la que estamos más que instalados pese a los cercados que pensamos que nos dan seguridad y protección. Así de sorprendente es una conversación en la que se parte de una amistad vivida y, a base de cuestionarla, se recupera más fuerte habiendo pasado por su extraordinaria fragilidad y vulnerabilidad.
Pero sigamos.
Por tanto, si esto es imposible, el amante es el que es amigo del amado.
Así lo veo yo.
El que odia es, pues, el enemigo del odiado.
Necesariamente.
οὐκοῦν εἰ τοῦτ᾽ ἀδύνατον , τὸ φιλοῦν ἂν εἴη φίλον τοῦ φιλουμένου .
φαίνεται .
τὸ μισοῦν ἄρα πάλιν ἐχθρὸν τοῦ μισουμένου _
ἀνάγκη .
Hay dos afirmaciones que son suscritas. Sócrates enuncia y Menéxeno asiente. Están, como en otras veces, en sintonía, en acuerdo, en homología. No respecto a algo fácil, sino en la definición de términos. Han llegado a la conclusión de que ese que decimos que es "algo" lo es porque se sitúa en una relación respecto de otro "alguien". La relación le define. La acción a través de la cual se relaciona le define o, mejor dicho, nos permite hablar de él de un modo. O, mejor dicho aún, por si nadie se ha dado cuenta, le permite a uno mismo decirse lo que es, esto es, permite conocerse. Es en la acción donde la persona se conoce a sí misma, sabe qué es, quién es, en qué se está convirtiendo o qué viene a ser. En la acción se expone, se libera, se dice.
No se cuestiona la teoría, aunque estemos hablando, sino la vida misma. Conviene recordarlo, porque no se trata de un hablar por hablar, ni cabe decir cualquier cosa. Además, la presión de Menéxeno, lo mismo que en el auditorio, porque de lo que están hablando será probablemente aquello que creen que viven. Se está "juzgando" y "criticando" la vida misma. Es además quien obra quien carga con la responsabilidad, pero no solo. Porque en tanto que relación devine respuesta, exigencia de respuesta.
Las frases son aparentemente sencillas y, a la vez, no dejan
escapatoria. Parecen dibujar el mapa de las acciones y relaciones humanas en
dos grandes campos y modos. El del amor y el del odio. No están, al mismo
tiempo, y esto es interesante en la misma escala. Uno no es del todo
degradación del otro. Hace falta hablar del odio, no solo del amor. Hace falta
hablar del amor, no solo del odio.
Estrictamente presentados, diríamos que uno obliga a hablar del otro, pero en paralelo más que en escala. Y se pudiera incluso decir que la reducción a una sola cuestión a la hora de presentarlo, aunque del resto tuviéramos que hablar matizando con mucho tiento, ayuda a la compresión. Esta reducción es una radicalización de las cuestiones y los temas. Lo interesante igualmente es que responden a una misma lógica, si se acepta y ve, que comparten. Y es la lógica de la acción. De tal manera que el ser se expresa y se hace siendo, pero con la prioridad del ser que aparece más que lo que deja. Lo que deja siempre será imperfección respecto a su forma de aparecer.
Se ve en paralelo el "amigo" y el "odiado". Aunque respecto del amigo la unidad de la "filia" permite comprenderlo igualmente mejor, como más unido. En el caso del odio (miseo), la apelación a algo diferente que es el "enemigo" (echthros) obliga igualmente a pensar de otro modo. El odio es exclusión, separación, rechazo. Ha quedado así en nuestra lengua, más por lo negativo que en lo positivo. Pero esa negatividad provoca una aparición positiva de algo que se puede denominar, que se puede comprender oscuramente como algo vacío. Y vuelvo otra vez a pensar que aquello que se esconde tras "fileo" es realmente la unidad de la humanidad consigo misma en el otro, mientras que el "miseo" su oposición o grieta.
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