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sábado, 7 de diciembre de 2024

APOLOGÍA DE SÓCRATES. Día 36. (Platón, 29b - 30a)

En el texto sigue hablando Sócrates. Es una pequeña defensa propia en medio del juicio, y va dirigido muy directamente a la asamblea democrática de Atenas, que ostenta ciertamente el poder de decisión. En este caso, está sobre la mesa su futuro próximo e inmediato. No es cuestión de dilatar mucho la decisión. Por eso contrapone la posición a la decisión. Por posición entiende el lugar recibido, bien desde dentro de la propia conciencia, o bien desde fuera por una orden. No es existencialmente individual, sino personalmente comunitario. 

Es habitual hablar de la ignorancia de Sócrates y su sabiduría, uniendo ambas. Pero eso genera una confusión lamentable, que en este texto queda maltrecha. La sabiduría de Sócrates es saber qué ignora y en qué saber puede realmente afianzarse, posarse con fuerza y no ceder ni un ápice. Lo que ignora es aquello que muchos temen, que es la muerte. Lo que sabe es aquello que muchos no quieren reconocer, que es el mal que alguien puede hacer. Si, como él viene diciendo, se trata de estar anclado en el bien, de suyo está que hay que evitar en todo momento posible el mal, que sí se puede hacer. No sabe si el bien se puede hacer, pero sí se conoce el mal que no se quiere. De ahí que la posición en la que se está y se ha recibido signifique un bien y no mal. En primer lugar, porque nos ayuda a tener un punto de vista sobre la realidad en diálogo con el bien. Sea donde sea que hayamos caído, ahí estamos en diálogo con el bien. En segundo lugar, porque desde ese punto se reciben muchas acciones, que modificarán el punto de vista original, si dejamos que sea así. Permanecer es importante para continuar. La fidelidad, la lealtad, la constancia en el punto recibido. 

Por lo tanto, ignora y sabe. ¡Y también se fía! 

Sócrates manifiesta aquí que, en una escala, hay mejores y peores. Los humanos no son iguales entre sí respecto al bien. Los hay mejores y conviene aprender de ellos al máximo. Se puede escuchar el bien, y de hecho se escucha. No cabe duda de ello. Toda persona tiene esa capacidad despierta para el bien en su conciencia. 

Yo, atenienses, seguramente es en esto en lo que me diferencio de la gente, y si en algo dijera que soy más sabio que otros, diría que en esto: en que ya que no sé lo bastante sobre las cosas que hay en Hades, pienso que las ignoro; en cambio, que delinquir y desobedecer al que es mejor, tanto si es Dios como si es hombre, es malo y vergonzoso, esto sí lo sé. De modo que por males que sé que son males jamás temeré ni rehuiré lo que no sé si no resultará ser un bien. 

ὅτι μέγιστον τῶν κακῶν ἐστι. καίτοι πῶς οὐκ ἀμαθία ἐστὶν αὕτη ἡ ἐπονείδιστος, ἡ τοῦ οἴεσθαι εἰδέναι ἃ οὐκ οἶδεν; ἐγὼ δ᾽, ὦ ἄνδρες, τούτῳ καὶ ἐνταῦθα ἴσως διαφέρω τῶν πολλῶν ἀνθρώπων, καὶ εἰ δή τῳ σοφώτερός του φαίην εἶναι, τούτῳ ἄν, ὅτι οὐκ εἰδὼς ἱκανῶς περὶ τῶν ἐν Ἅιδου οὕτω καὶ οἴομαι οὐκ εἰδέναι: τὸ δὲ ἀδικεῖν καὶ ἀπειθεῖν τῷ βελτίονι καὶ θεῷ καὶ ἀνθρώπῳ, ὅτι κακὸν καὶ αἰσχρόν ἐστιν οἶδα. πρὸ οὖν τῶν κακῶν ὧν οἶδα ὅτι κακά ἐστιν, ἃ μὴ οἶδα εἰ καὶ ἀγαθὰ ὄντα τυγχάνει οὐδέποτε φοβήσομαι οὐδὲ φεύξομαι: 

Sócrates habla como expresando un principio fundamental, del que sacará después conclusiones prácticas. Pero tiene un principio. No es, por lo mismo, una acción cualquiera. Se sitúa aquí entre dos obediencias: a lo mejor y a lo peor, al Dios y a los envidiosos o perezosos o ignorantes interesados. ¿Le queda al ser humano alguna opción? ¿Por qué obedecer lo peor, pudiendo escuchar a lo mejor y obrar así lo mejor? ¡Por miedo! ¡Porque matan! ¡Porque dan muerte!

Así que, tanto si me absolvéis, sin prestar oídos a Ánito, que ha dicho que o bien habría habido que empezar por no conducirme hasta aquí, o, una vez que he venido, no queda otro remedio que hacerme morir, ya que os ha dicho que si escapo de ésta vuestros hijos se van a dedicar a lo que Sócrates enseña y se van todos a echar a perder por completo...; si me decís luego: "No vamos a hacer caso a Ánito, Sócrates, sino que te absolvemos, con la única condición de que jamás vuelvas a pasar tu tiempo en tu investigación y viviendo como un filósofo, de modo que si te sorprende volviendo a las andadas morirás"... Si, como digo, fuerais a absolverme con esta condición, os tendría que hablar así: Yo, atenienses, os aprecio y os quiero bien, pero he de obedecer antes al Dios que a vosotros; así que mientras respire y sea capaz de ello, no dejaré de vivir como filósofo y de exhortaros y conminaros a cualquiera de vosotros a quien me encuentre, diciéndome lo que suelo: "Querido amigo, que eres ateniense, ciudadano del Estado más poderoso y más célebre por su sabiduría y su fuerza, ¿no te avergüenzas de cuidarte de tener todo el dinero posible, y de la reputación y de los honores, mientras no te ocupas, en lo que hace a la sabiduría, la verdad y el alma, de cómo llevarlas a la perfección, ni piensas tal cosa?". 



 

lunes, 30 de enero de 2023

APOLOGÍA DE SÓCRATES. Día 28. (Platón, 25d - 26a)

Sigue el interrogatorio. Por recordar, primera cuestión sobre quién no se preocupa y no busca el bien de los jóvenes. Todos excluidos, menos Sócrates. Añado que tampoco los jóvenes se preocupan por sí mismos según Meleto. Segunda cuestión de calado, sobre dónde queremos vivir, si rodeados de buenos o de malos. Y, de otro modo, si alguien quiere estar rodeado de malos, que perjudican a quienes están cerca. Y Meleto lo tiene claro. Sócrates parece que también. Porque en la teoría, cosas tan complejas como esta, casi imposibles, se ven nítidamente y con una enorme sencillez. 

Sigue Sócrates y vuelve a preguntar: 

Bien. ¿Me has traído aquí porque corrompo a los jóvenes y los hago peores adrede o sin querer?

Adrede. 

Adrede significa con intención y con voluntad, a sabiendas y queriéndolo, con ese fin, con ese objetivo. Luego Meleto dice, ante el tribunal, que Sócrates desea el mal de los jóvenes y que los perjudica y corrompe voluntariamente. Es eso lo que hace y lo hace porque quiere hacer eso y no otra cosa. No su contraria, sino su mal. 

Es un tema de "corrupción", por tanto, de interés personal por encima de todo lo demás. Sócrates, al estar preocupado de sí mismo, descuida la relación con otros, podríamos pensar. Pero la "corrupción" implica de suyo una voluntad consciente de hacer algo "a sabiendas" de que se hace mal, de que se daña. En este caso, a los jóvenes. 

Por otro lado, "corromper" aquí es "empeorar". Son un bien que se destruye. Se ve, de alguna manera, positiva la juventud. Y negativa su relación con Sócrates. 

Sigue Sócrates preguntando. 

¿Cómo es esto, Meleto? Tú, con los años que tienes, ¿eres tanto más sabio que yo, con los que tengo, que sabes que los malos causan siempre daño al que tiene más cerca, mientras los buenos les hacen bien, y en cambio yo llego a tal colmo de ignorancia que no sé que si empeoro a uno de los que están conmigo seguramente recibiré de él daño; con lo que hago todo este mal, según dices, adrede? No me puedes convencer de tal cosa, Meleto, ni creo que puedas convencer de ello a nadie; sino que o yo no los corrompo, o, si los corrompo, lo hago sin querer. En los dos casos, tú dices una falsedad. Y si los corrompo sin querer, por tales faltas la ley no ordena traer a nadie aquí, sino, tomándolo en privado, instruirlo y aconsejarlo, porque es evidente que, al aprender, dejaré de hacer lo que estoy haciendo sin querer. Pero tú rehúyes y no quieres mi compañía ni instruirme, y me traes a donde, por ley, hay que traer a los que precisan castigo, y no enseñanza. 

Más refutaciones encima de Meleto, que se contradice a sí una vez más. Esta intervención de Sócrates comienza por algo que jamás se puede pensar suficientemente, porque cansa darle vueltas. Y es que no es posible llegar al corazón, a la sede de la voluntad de otro. Es imposible saber realmente cuál es la razón que mueve a una acción concreta. O sea, incluso en el caso de que Sócrates haya de hecho sido la causa de la corrupción de los jóvenes, que es mucho afinar ciertamente dada la complejidad de cualquier situación, incluso en ese caso es imposible determinar por una palabra ajena la voluntad que mueve la vida de otro. Se puede estudiar, se puede representar comúnmente, pero no se puede saber absoluta y totalmente. 

Es más, sabiendo que las personas actúan movidas por un criterio, lo común es pensar que ese criterio es dado en el ambiente. Y que muchas de las cosas que se hacen tienen más explicación sociológica que psicológica. Aunque la particularidad de cada persona actúa, su comprensión eleva a la enésima potencia el abanico de posibilidades. 

De ahí que esa distancia sea imposible que se juzgue. Salvo que, efectivamente, alguien avise a otra persona de algo y encuentre que él expresa razones para hacerlo de ese modo y no de otro, salvo que se convierta en lenguaje, salvo que se vuelva humano con su razón. Las personas podemos explorar las razones y hacerlas valer honestamente en el diálogo con el otro. No desde fuera, sino desde dentro. Y comúnmente, el lugar en el que esto hacemos es entre amigos, entre hermanos. No con el enemigo, no en la confrontación. En la solidaridad es donde se dan las palabras más honestas, donde puede brillar mejor el motivo interno que una persona anida. Y, aún así, es difícil y escurridizo. La vida no se deja asir tan sencillamente. Hay mucho que esclarecer de lo cotidiano, indudablemente. 

Por otro lado, esta acción es palmariamente reprochable. Alguien que hace mal de forma evidente, debería ser llamado a dar explicaciones. Sin duda alguna. Pero no es de esperar que alguien que obra mal se comporte honestamente a la primera. Se le puede hacer saber que hace daño, pero difícilmente lo reconoce con sencillez. 

¿Qué está haciendo Sócrates, más allá de lo que está diciendo? ¿No está corrigiendo a Meleto, allí donde lo ha puesto? No para juzgarlo y que lo condenen, que no ha pedido nada de eso, sino como dice que se debe hacer entre amigos, aunque dada la situación, hay público escuchando. El público, también amigo, debería ayudar a Meleto, dado que Sócrates le está avisando y mostrando de qué va el tema. 

El caso es que, tanto en una como en otra dirección, Meleto se refuta a sí mismo en el caso de que Sócrates manifieste que no lo hace con voluntad de hacer tal cosa, que no obra "a sabiendas", "adrede", con determinación, buscando esto y no otra cosa. Si Sócrates manifiesta que busca otra cosa, quizá entonces no sea tanto el mal que hace, como el sufrimiento que sufre quien se somete a su examen por su bien. Porque no pocas veces ciertas cosas se presentan como males sin serlo y cosas buenas se presentan como bienes sin serlo. ¿Hay que juzgar por apariencia o es posible llegar al corazón del tema, al núcleo y la esencia que mueve a Sócrates a hacer lo que hace? Él, por lo que se ve, no ha ocultado el motivo que le ha llevado a salir de un sitio a otro e interrogar a unos y a otros. 




martes, 24 de enero de 2023

APOLOGÍA DE SÓCRATES. Día 23. (Platón, 23e - 24c)

Va llegando al final de su defensa general y quiere cerrar completamente la argumentación. Queda claro, en su palabra, que no hay acusación real contra él, sino solo un malestar general fruto de su examen, que denominan "indignación" y que termina en "calumnias" (diabólicas) contra él. Tal es la situación que todo está comprometido. Incluso la misma escucha de los miembros del tribunal, de quienes no se dice nada, salvo que son espectadores, aunque en algún momento han sido interpelados directamente como afectados para convertirse en testigos en el proceso. 

Si todo hubiera terminado aquí, en mostrar quién es en primera persona y por qué hace lo que hace, aunque parezca un juego de mal gusto, creo que el asunto no hubiera llegado más lejos. Sencillamente se ha convertido en alguien incómodo por su capacidad para preguntar. 

Como sus preguntas, cuando ponen al descubierto la ignorancia, provocan una reacción contra él, hay que enfatizar suficientemente que la actitud de Sócrates no parece indignada contra nadie que le haya puesto en esa misma situación. Se da un nuevo paralelo, de fuerte contraste. Los ignorantes que no saben que lo son se indignan, pero Sócrates no. Mejor dicho, ¿se indigna Sócrates aquí y se queja como se quejan los que son examinados por él? Mejor en forma de pregunta. 

Llama la atención que Sócrates diga con tanta contundencia que está es la verdad. No es, ni de lejos, su actitud ordinaria, la que conocemos en otros diálogos. Es como si en esta última intervención se hiciera acusación de todos los demás representándolos en clases, en lugar de defenderse, que debería ser su cometido. Y acusa a Meleto, a Ánito y a Licón, y con ellos a los poetas, artesanos y políticos, y oradores. ¿Por qué este final tan duro, si con lo anterior hubiera sido suficiente? ¿No se ha convertido en este momento en un auténtico peligro para la ciudad, sabiéndolo positivamente, al agitar, si no su fundamento, sí al menos su estructura? Está claro que no ha ido contra la ley, ni los dioses, ¿pero contra los hombres, contra no pocos hombres, contra no pocos hombres poderosos?

¿Es una especie de prueba de hecho, de facto, actual y presente? ¿Los antes testigos amigos ahora se han pasado al lado de la indignación, y la indignación viene en ellos de no aceptar la verdad de lo que está diciendo Sócrates? ¿Es esta su prueba más contundente? ¿El desvelamiento de la ignorancia del otro?

Y termina. Ahora que ha demostrado su situación y su sabiduría, pasa al interrogatorio de Meleto. Que es, a mi entender, una prueba más, efectivamente, de lo que ha hecho en la polis. Tanto en el contenido de lo que va a tratar como en la forma. 



lunes, 16 de enero de 2023

APOLOGÍA DE SÓCRATES. Día 15. (Platón, 21d - 21e)

El encuentro con el político no ha sido favorable, sino más bien todo lo contrario. Ni ha conseguido refutar el oráculo de Delfos, ni ha conducido a nada bueno para Sócrates mismo, ni para el político, ni para el pueblo. Es más, se podría incluso pensar que del examen, si surge la indignación, se ha vuelto una situación mucho peor de lo esperado. Ahora convendría empezar a temer. Porque el político, y el pueblo en su conjunto, deciden lo que ocurre en la ciudad. En Atenas se podía expulsar a cualquier ciudadano que no se considerara alineado con la vida común. Y no han sido pocos casos. Por supuesto, también se puede condenar a muerte o hacerle sufrir mucho. Mejor no pensarlo. 

El caso es que si Sócrates ha comprobado que es sabio en algo, al mismo tiempo ha comprobado que ese saber no es "poder", en sentido estricto. No se impone sobre otros. Esto no estaba en lo que el oráculo había dicho. Pero de forma palmaria aparece. Queda en el resumen de lo sucedido. El político, que accedió a dialogar con él, ahora se ha vuelto en su contra. Y con él, porque él sí tiene poder, el pueblo, la opinión general, la opinión pública. En Atenas no había redes sociales, ni medios de comunicación como televisión y periódicos, pero sí había opinión general, opinión pública. La democracia se asienta en la salud o enfermedad de esa opinión, que es, en definitiva, un elemento constituyente de un "sentido común". 

No solo el político, sino otros que también decían saber mucho y ser sabios, también estaban en la misma situación y respondían con el mismo esquema. Tras el diálogo convertido en examen, que en el fondo es examen de la sabiduría de Sócrates por un lado y no solo examen del interlocutor que dice ser sabio, se prueba que, si no se parte de la ignorancia del saber humano, todo se desmorona fácilmente. La evidencia está en que hablan y hablan contradiciéndose a sí mismos y sin querer solventar la contradicción, sin darse cuenta de ella o haciendo "como si" diera igual tal contradicción. Esto es lo trágico, fuera de la teatralidad en la que se pueden leer hoy los diálogos. No es una muestra escrita para ser contemplada, sino el modo habitual y común en el que las personas viven: la contradicción, la paradoja, la tensión. ¿Quién la resuelve? ¿Quién se apoya y cómo en semejante tensión? ¿Qué descanso posible queda?

En este punto se expone muy claramente el asunto. Sócrates no ignora que ignora, no pasa por alto la limitación, la crudeza de su falta de conocimiento, no da un paso más allá haciendo de su débil opinión una opinión fuerte para todos, sino que queda instalado en la pregunta, el misterio y, en cierto modo también, la duda, el paréntesis, la distancia. Si da un paso más adelante, y no queda otra al viviente, será por algo distinto a la seguridad que se atribuye a ciertos conocimientos y sabidurías. Mejor dicho, si da un paso adelante será por cierta sabiduría, que no es la que comúnmente se considera como tal en tanto que certeza total y cerrada. Será, y esto es lo más propio del ser humano, para abrir posibilidades y no solo para realizarlas, será para adelantar algo en la historia y no solo para cumplir un destino impuesto externamente. 

Al irme, pensaba para mí: "Yo soy más sabio que este hombre. Seguramente, ninguno de nosotros sabe nada más que valga la pena, pero él cree que sabe, aunque ignora, y yo, ya que no sé, tampoco creo que sé. Así que, por este matiz, yo soy más sabio que él: porque no creo saber lo que no sé." Me dirigí entonces a otro de los que tenían fama de saber más que aquel hombre, y me pareció lo mismo, y de nuevo él y muchos otros se indignaron conmigo.

Este párrafo es fundamental en la historia de la filosofía. Muestra cómo la vida entera se asienta y sostiene en aquello que sabemos. La persona es racional no porque las ideas, tal y como lo entendemos hoy, en tanto que pensamientos, sean lo decisivo. Sino porque vivimos simbólicamente y actuamos en un mundo repleto de referencias, relaciones, visiones. O vemos, o no vemos. O hay salida, o no hay salida. O hay oportunidad de algo más, o quedaremos con el menos. En este sentido y dirección comprendo yo lo que aquí se dice. No como "intelectualismo", sino como un racionalismo realista, como sujeto inserto en la realidad, no constituido al margen de ella, y, sin embargo, diferente de todo lo demás incapaz de confundirse con un objeto en cualquiera de sus movimientos. 



lunes, 17 de octubre de 2022

APOLOGÍA DE SÓCRATES. Día 6. (Platón, 19a - 19b)

Sencillamente, recupera Sócrates lo dicho antes. La calumnia como defensa. Es decir, que lo que dicen es una opinión torcida, diabólica, que rompe con la realidad, que no se adecúa, que no se ajusta, que no tiene correspondencia. Por lo tanto, vacía de verdad. Vivida en tanto que opinión, pero sin sustento que la apoye. La calumnia es el resultado de la acusación hecha contra él. 

Meleto es quien ha acusado a Sócrates. 

Y busca recordar las palabras que usan los que calumnian. Y para recordar, se lee la acusación. Se cita literalmente: 

Σωκράτης ἀδικεῖ καὶ περιεργάζεται ζητῶν τά τε ὑπὸ γῆς καὶ οὐράνια καὶ τὸν ἥττω λόγον κρείττω ποιῶν καὶ ἄλλους ταὐτὰ ταῦτα διδάσκων.

O sea, Sócrates hace-injusticia e hace mal con la vida de la tierra de abajo y del cielo y el débil discurso fortalece. Muchos temas, muchos en una única frase. La posibilidad de cometer injusticia de múltiples modos. Uno de ellos obrando sobre lo que hay en la tierra baja y en el cielo, y transformando la calidad de los discursos. Es importante subrayar la conexión entre las cosas -que no se nombran, salvo por su ámbito de pertenencia doble o diferente- y los discursos en su calidad. Hay cosas diferentes y discursos diferentes. Quizá las cosas no se dejen modelar, pero sí están sometidas a la acción del ser humano. Pero los discursos por sí mismos parecen más débiles que los demás, al menos los débiles, que pueden ser fortalecidos. Quizá a la inversa no sea posible. Por último, enseña estas todas estas cosas a otros o junto con otros.

Emociona profundamente leer este breve texto y su densidad. Hay algo que hacer con las cosas y con los discursos, y aquello que se hace o se habla, o ambos que van de la mano, puede ser o bien justo o bien injusto. Están en un tribunal. Es normal que hablen de justicia e injusticia. Pero Sócrates lo ha hecho mil veces más en el ágora donde solo se trataba de diálogo entre amigos o conocidos o con los que decían ser sabios y luego no lo eran tanto. En comparación con su ignorancia, podríamos añadir. 

No se trata del tribunal, sino de la persona. De la preocupación por estos temas es de donde puede surgir el tribunal. No a la inversa. La justicia es previa al tribunal y probablemente la injusticia sea anterior a la justicia. Por eso la primera palabra de la acusación que tiene que revertir. Si es que habla con elocuencia y convence a sus oyentes. Si los vence, será declarado justo y absuelto. Si no los convence, todo se vendrá abajo. De quién hablará entonces. ¿De él o de la justicia?

Sócrates avanza. ¿Cuál de todas estas cosas, que son una acusación compacta es la que miente, la débil por tanto como débil? ¿Podrá mostrar su debilidad y entonces, de algún modo, hacer de su debilidad su fuerza capaz de sacarlo indemne del juicio? ¿Se trata de esto cuando se habla de defenderse en el juicio?

El lugar más débil, sin duda, es qué se entiende por enseñanza y, por lo mismo, dónde se coloca Sócrates respecto a los que enseñan en su tiempo, es decir, los sofistas. Si se reconoce como uno de ellos o no. Y sigue.



domingo, 16 de octubre de 2022

APOLOGÍA DE SÓCRATES. Día 5. (Platón, 19a)

Nos adentramos un poco más en el diálogo en este juicio singular. Sócrates sigue hablando, desde el inicio, y ahora -hecha la presentación general, en la que ha refutado a sus acusadores y los ha tildado de mentirosos o engañados- toma la palabra para defenderse. Literalmente, emprende su defensa obligatoriamente. No queda otra. Es "ya" el instante oportuno. 

εἶεν: ἀπολογητέον δή, ὦ ἄνδρες Ἀθηναῖοι, καὶ ἐπιχειρητέον ὑμῶν ἐξελέσθαι τὴν διαβολὴν ἣν ὑμεῖς ἐν πολλῷ χρόνῳ ἔσχετε ταύτην ἐν οὕτως ὀλίγῳ χρόνῳ. βουλοίμην μὲν οὖν ἂν τοῦτο οὕτως γενέσθαι, εἴ τι ἄμεινον καὶ ὑμῖν καὶ ἐμοί, καὶ πλέον τί με ποιῆσαι ἀπολογούμενον: οἶμαι δὲ αὐτὸ χαλεπὸν εἶναι, καὶ οὐ πάνυ με λανθάνει οἷόν ἐστιν. ὅμως τοῦτο μὲν ἴτω ὅπῃ τῷ θεῷ φίλον, τῷ δὲ νόμῳ πειστέον καὶ ἀπολογητέον.

En este "ya", sin embargo, hace notar dos asuntos cruciales. Por un lado, que defenderse será arrancar o quitar de ellos "la calumnia" (lo diabólico), "la mala opinión" (traducir opinión, dada la importancia de esta palabra en el conjunto de los diálogos, quizá no sea lo más adecuado). Lo cual significa que afirma que están instalados en el error, en el prejuicio, en una sentencia antes de su defensa, sin dejar por tanto que hable. No hay diálogo, sino mera señalización, mera determinación. Esto es fundamental. 

¿Se puede hacer esta terapia? ¿Se puede, en lugar de sacar verdad, como se cuenta que es lo que Sócrates hacía al modo de las parteras, extirpar la calumnia? ¿Cómo? ¿Confrontándola con otro discurso? ¿Moviendo a preguntas esenciales? ¿Aportando pruebas en otra dirección? 

Lo segundo importante es la temporalidad. De nuevo, el tiempo presente en clara separación de todo lo demás, tanto del pasado como el futuro. Instante. Esta es la palabra que mejor dice el presente, la pequeñez del presente aplastada por la historia y los grandes sueños del idealismo utópico. Instante enclaustrado y, sin embargo, libre para que todo el que quiera pueda importarse a él. Instante dado como se da todo lo demás en el tiempo. O se vive o no se vive. O bien, o bien. Este instante lucha contra todo lo demás. Será su defensa. Difícil defensa dada la fuerza de la rutina y el prejuicio. Sobre todo eso, de la historia que clausura, que no ofrece nueva oportunidad. Mejor dicho, en la que la persona no se concede acoger la nueva oportunidad, el nuevo tiempo, la novedad del otro. 

Se brega en este tiempo fracturados entre la realidad y la idea, entre la vida y la imaginación o representación. Lo representado no deja de ser un teatro en el escenario personal en comparación con la vida misma. Imposible, imposible tanta complejidad sin abrazar trágicamente la propia ignorancia de la vida misma. Que, sin embargo, vivimos, que es imposible no vivir. Pero que cuesta vivir en amplitud, en complejidad, en referencias abiertas más que dentro de un sistema de conceptos cerrados. Lo mismo, si no más, en la complejidad elevada a la enésima potencia del diálogo en el que todos pretenden hablar diciendo algo, cuando lo relevante y fundamental en relación con la vida seguirá siendo siempre acoger, acoger y acoger. O sobrecogerse, maravillarse, admirarse, prestar atención, buscar la comunión con la vida del otro. Es difícil y no pasa inadvertida la dificultad. 

Y tan es así que, contra todo lo esperado, se niega la mayor. Un amén inaugura la defensa dejando todo en manos de Dios, para que todos se dejen llevar y conducir amigablemente por él, familiarmente. Se puede pensar que es una muletilla o no. Porque la referencia anterior a los dioses -no al Dios, dicho sea de paso- ha sido el fundamento de todo prejuicio y calumnia. Esta amistad con Dios Sócrates la concentra en dos asuntos, que son deberes, que son respuestas por tanto: la obediencia a la ley y la defensa misma de uno mismo. ¿Son lo mismo, obediencia y defensa? ¿O son dos cosas diferentes y una se refiere a la ley por sí misma y la otra, la defensa, es para los oyentes, para la asamblea? Pienso que es más bien esto segundo que lo primero. Aunque lo primero se puede pensar bifurcado en dos. Como mínimo, es hermoso verlo así. 

Seria genial saber cómo escribió Platón este diálogo. O sea, el momento mismo, la revisión del texto. Cuánto tiempo llevó. Qué puso primero, qué después. Cuál es el núcleo y por qué se dedicó toda la vida a vivir y escribir con Platón de fondo.