sábado, 13 de septiembre de 2025

Fedro. Día 9. Platón 229c

Fedro y Sócrates entran poco a poco en materia. Ahora, casi sin dilación, el joven pregunta al viejo qué tal lleva eso de creer en los mitos. Una pregunta directa, que requiere una explicación y que Sócrates no le va a ahorrar. Así que responde abiertamente con una lucidez enorme desvelando así principios esenciales de su filosofía, forma de vida, comprensión de la ciudad, relación con las cuestiones últimas. 

Σωκράτης

ἀλλ᾽ εἰ ἀπιστοίην, ὥσπερ οἱ σοφοί, οὐκ ἂν ἄτοπος εἴην, εἶτα σοφιζόμενος φαίην αὐτὴν πνεῦμα Βορέου κατὰ τῶν πλησίον πετρῶν σὺν Φαρμακείᾳ παίζουσαν ὦσαι, καὶ οὕτω δὴ τελευτήσασαν λεχθῆναι ὑπὸ τοῦ Βορέου ἀνάρπαστον γεγονέναι ἢ ἐξ Ἀρείου πάγου: λέγεται γὰρ αὖ καὶ οὗτος ὁ λόγος, ὡς ἐκεῖθεν ἀλλ᾽ οὐκ ἐνθένδε ἡρπάσθη. ἐγὼ δέ, ὦ Φαῖδρε, ἄλλως μὲν τὰ τοιαῦτα χαρίεντα ἡγοῦμαι, λίαν δὲ δεινοῦ καὶ ἐπιπόνου καὶ οὐ πάνυ εὐτυχοῦς ἀνδρός, κατ᾽ ἄλλο μὲν οὐδέν, ὅτι δ᾽ αὐτῷ ἀνάγκη μετὰ τοῦτο τὸ τῶν Ἱπποκενταύρων εἶδος ἐπανορθοῦσθαι, καὶ αὖθις τὸ τῆς Χιμαίρας, καὶ ἐπιρρεῖ δὲ ὄχλος τοιούτων Γοργόνων καὶ Πηγάσων καὶ ἄλλων ἀμηχάνων πλήθη τε καὶ ἀτοπίαι τερατολόγων τινῶν φύσεων: αἷς εἴ τις ἀπιστῶν προσβιβᾷ κατὰ τὸ εἰκὸς ἕκαστον, ἅτε ἀγροίκῳ τινὶ σοφίᾳ χρώμενος, πολλῆς αὐτῷ σχολῆς δεήσει. ἐμοὶ δὲ πρὸς αὐτὰ οὐδαμῶς ἐστι σχολή: τὸ δὲ αἴτιον, ὦ φίλε, τούτου τόδε. οὐ δύναμαί πω κατὰ τὸ Δελφικὸν γράμμα γνῶναι ἐμαυτόν: γελοῖον δή μοι φαίνεται τοῦτο ἔτι ἀγνοοῦντα τὰ ἀλλότρια σκοπεῖν. ὅθεν δὴ χαίρειν ἐάσας ταῦτα, πειθόμενος δὲ τῷ νομιζομένῳ περὶ αὐτῶν, ὃ νυνδὴ ἔλεγον, σκοπῶ οὐ ταῦτα ἀλλ᾽ ἐμαυτόν, εἴτε τι θηρίον ὂν τυγχάνω Τυφῶνος πολυπλοκώτερον καὶ μᾶλλον ἐπιτεθυμμένον, εἴτε ἡμερώτερόν τε καὶ ἁπλούστερον ζῷον, θείας τινὸς καὶ ἀτύφου μοίρας φύσει μετέχον. ἀτάρ, ὦ ἑταῖρε, μεταξὺ τῶν λόγων, ἆρ᾽ οὐ τόδε ἦν τὸ δένδρον ἐφ᾽ ὅπερ ἦγες ἡμᾶς;

En primer lugar, Sócrates pone sobre la mesa que sabe que hay quienes creen y quienes no creen. Y quienes no creen no son ignorantes, sino que los llama "los sabios". No algunos, sino "los sabios" refiriéndose a todos ellos. Es una actitud propia de quienes tienen un mayor conocimiento de ciertos asuntos y, derivado al parecer de tal sobreabundancia, se convierten en escépticos y ponen distancia. 

Además añade "no sería nada extraño" que él también estuviera al margen, "como hacen los sabios". Pero en su caso, por imitación, no por convencimiento. De tal modo que, en ese caso, diría... y cuenta una versión del mito desmitologizada. Como "haciéndose el interesado". No sería Sócrates, sino Sócrates hablando "como un sabio", porque todos tenemos claro que este perfil se puede impostar 

Esta página, esta respuesta de Sócrates es uno de los pilares fundacionales de la filosofía de Occidente. Allí donde tantos han visto el paso "al logos" o el "giro antropológico" (este sí que lo fue radicalmente), abandonando el mundo de la mitología a la par que el mundo de la investigación narrativo-imaginaria de la naturaleza. De verdad, esta página es impresionante. 

Sigo.

En este "hacerse el sabio" lo que hace es dar a conocer las distintas tradiciones que hay. Unas aportan esto, otras lo otro. Lo importante es ver que entran en contradicción. Y, al hacerlo, cuestionar su origen, que Sócrates establece, según su impresión, en "el ingenio" de algún hombre de buen verbo. Estas historias tienen gracia, efectivamente. No están desprovistas de sabiduría, por separado. Pero al unirlas, todo se vuelve confuso. Y quien intenta conjugarlas, se mete en un jaleo impresionante. 

Lo esencial es que Sócrates ha decidido abandonar esa investigación por otra, "siguiendo la inscripción de Delfos", la enviada por Apolo, que indica: "Conócete a ti mismo." Esa tarea, que le fue entregada, reconoce con humildad que no ha sido cumplida del todo y que no ha llegado a su fin. Por eso tiene que posponer todo lo demás a esta radical misión, principio de toda filosofía y saber posibles para el hombre. 

No basta con esto que añade, con mucha fuerza, que todo intento de sabiduría que no empiece por aquí le resulta despreciable, ridículo, estúpido. Aquel que conoce, antes de conocer, debe conocerse a sí mismo, saber de sí más que de cualquier otra cosa, también para encontrar su límite, posibilidad y realidad. No sea que el ponerse a conocer exteriormente tanto le lleve, como con frecuencia ocurre, a olvidarse de sí, a perderse, a minusvalorarse o exaltarse en exceso. 

El conocimiento de sí no es un conocimiento estático, sino el saber en qué se está convirtiendo y haciendo. Porque puede ocurrir, como bien sabemos, que, al movernos entre grandes posibilidades, terminemos siendo o enrevesados y hinchados, o suaves y sencillos, que son los que "participan de divino y límpido destino". Muy interesante. 

Ya nos dice Sócrates un fruto de su investigación, aunque irónicamente diga no saber nada: el hombre, según su naturaleza, puede convertirse en alguien próximo a Dios o en un diablo, vivimos entre dos tensiones fortísimas que afectan radicalmente a nuestra vida, si no a nuestra naturaleza. ¡No es cualquier cosa! 

Y, llegando a esa conclusión, dice haber llegado al árbol donde van a sentarse a leer y estudiar el discurso de Fidias. 

Fedro, por supuesto, no dice nada. Ni replica, ni pregunta. O, lo que es lo mismo, quizá no se haya enterado de nada o necesite primero recibirlo, memorizar bien lo que ha dicho y después, con algo de calma y algún otro compañero, repensar lo que ha escuchado de Sócrates con inusitada contundencia. ¡Sublime!





lunes, 8 de septiembre de 2025

Fedro. Día 8. Platón 229b

Todavía no se han sentado a leer el diálogo. Seguimos en los previos. Y, buscando el sitio adecuado, Fedro le pregunta ahora si no es por estos sitios, cercanos al arroyo Iliso, donde Bóreas arrebató a Oritía. 

Es Ovidio quien conserva para nosotros esta historia. El dios Bóreas, hijo del Titán Astreo y la diosa del amanecer Eos. Es conocido su ímpetu y carácter violento. Como dios de los vientos del norte era temido. Aunque también hay momentos en los que beneficia a la misma ciudad en la defensa contra los enemigos. El caso es que se recuerda que, por allí, ocurrió algo de esto y Bóreas se llevó consigo a la hija del rey de Atenas del momento, Oritía. 

El joven pregunta si fue por allí y Sócrates responde que es lo que se dice. 

Φαῖδρος

εἰπέ μοι, ὦ Σώκρατες, οὐκ ἐνθένδε μέντοι ποθὲν ἀπὸ τοῦ Ἰλισοῦ λέγεται ὁ Βορέας τὴν Ὠρείθυιαν ἁρπάσαι;

Σωκράτης

λέγεται γάρ.

E insiste de nuevo que, ante la belleza y tranquilidad del arroyuelo, le parece un lugar adecuado para que jueguen, disfruten y gocen libremente las muchachas, como Oritía. Pero Sócrates le corrige y precisa que no es por allí, pese a sus impresiones y a que a él le parezca muy adecuado, sino que más adelante hay un altar que recuerda el sitio donde dicen que pasó. 

A propósito de todo esto, finalmente se llega al a cuestión radical sobre el mito y Fedro, que en principio va a ser el interrogado, pasa a ser interrogador. 

Φαῖδρος

οὐ πάνυ νενόηκα: ἀλλ᾽ εἰπὲ πρὸς Διός, ὦ Σώκρατες, σὺ τοῦτο τὸ μυθολόγημα πείθῃ ἀληθὲς εἶναι;

¿Qué es el mito? Visto desde nuestra perspectiva histórica sería terriblemente injusto atribuirle un significado meramente poético o literario, como si fueran composiciones de carácter estimulante o edificante meramente. Comportan una auténtica cosmovisión y, con ella, una forma de vida. 

Frente a quienes consideran que nos hemos separado de los mitos, a mi entender eso es imposible. Hemos transitado de un logos a otro, el llamado mito es también un logos, una razón, un sentido. Lo importante es comprender que nuestra comprensión global del mundo necesita, aunque quisiéramos ir directos, el rodeo por el logos. El logos avanza en la historia a medida que el ser humano se detiene también en él y él es ayuda para alcanzar la realidad misma. 

La pregunta de Fedro tiene su riesgo. Las enseñanzas de la ciudad igualmente fortalecen lo político, la pertenencia. Hacen comprender a unas generaciones y otras que viven unidas en un único mundo común y compartido, que se va dejando de ancianos a jóvenes. Hay una transmisión en el saber, en la piedad. 

Sócrates interrumpe esta cadena con una pregunta. Sin afán destructivo se inicia así una amplitud en el logos que permitirá una aproximación más profunda a la realidad y revela el auténtico carácter del mito, de las relaciones, de la inquietud del corazón humano. 



Fedro. Día 7. Platón 229a

Están buscando un sitio especial para sentarse. Fuera de la ciudad y en tono bucólico. Como Fedro dice estar descalzo, y Sócrates siempre lo está, aparecen los dos mojándose los pies por el arroyuelo en dirección a la sombra agradable de un plátano. Fedro va delante. 

Este pequeño detalle, que también se nombra como una costumbre socrática en El banquete, no hay que dejarlo pasar rápidamente. Sócrates va descalzo en coherencia con su filosofía, con su acción política. De este modo acentúa la austeridad y sencillez de vida propia de quien se dedica a la búsqueda de la verdad y el bien, pero también significa un ejercicio de fortalecimiento del carácter. En su estilo de vida remarca la separación de las riquezas y un cierto desprecio de las mismas, viviendo desapegado de ellas y un mundo excesivamente material. Más bien, para no caer en errores de lectura que lleven en una dirección inadecuada, lo que trata Sócrates es de mostrar el justo orden de las cosas y lo desproporcionado que ya era en su tiempo, no digamos ahora, el materialismo vital que anquilosa y desorienta al alma. Junto a esto, también señala el distanciamiento con respecto a la vanidad y la apariencia estética, descolocando a quienes se hicieran de él una imagen impropia. 

Con cierta ironía, por otro lado, habría que diferenciar entre una vida buena y una buena vida. Pero lo dejamos para más adelante. Sólo apuntar que aquí hay una de las rupturas filosóficas más importantes de toda su historia: la de quienes afirman la prioridad misteriosa de la vida y la existencia, y quienes buscan afirmarse por encima de ella como unos vividores y disfrutones. 

Es curioso, además, que comúnmente ponga ejemplos de zapateros en sus diálogos, siendo él alguien tan alejado de todo esto. 

Por otro lado, conviene hacer notar que es una vida material elegida y que tampoco es algo exagerado en lo que alguien se juegue la vida. Lo cual, por su simbolismo, deja huella en sus discípulos y, algunos de ellos, comienzan a imitar esa conducta peculiar como forma de vida filosófica. En concreto, más entre los posteriormente llamados cínicos como Antístenes, que cuestionan radicalmente los usos y costumbres de la ciudad asumidos acrítica e irracionalmente. 

Aquí no se trata tanto de eso, como de un placer. Conviene ponerlo de manifiesto también al inicio de la lectura de Fedro. El joven está buscando placer tras placer, gusto tras gusto. No hay en él un compromiso filosófico que exceda el ámbito de lo estético y lo genuinamente cautivador. Está del lado de la admiración y el deleite, de lo cómodo y ligero. No tiene ninguna inquietud superior por encima de estas y se complace al máximo en encontrar un lugar idóneo para cultivar estas actitudes hacia la vida. 

Σωκράτης

δεῦρ᾽ ἐκτραπόμενοι κατὰ τὸν Ἰλισὸν ἴωμεν, εἶτα ὅπου ἂν δόξῃ ἐν ἡσυχίᾳ καθιζησόμεθα.

Φαῖδρος

εἰς καιρόν, ὡς ἔοικεν, ἀνυπόδητος ὢν ἔτυχον: σὺ μὲν γὰρ δὴ ἀεί. ῥᾷστον οὖν ἡμῖν κατὰ τὸ ὑδάτιον βρέχουσι τοὺς πόδας ἰέναι, καὶ οὐκ ἀηδές, ἄλλως τε καὶ τήνδε τὴν ὥραν τοῦ ἔτους τε καὶ τῆς ἡμέρας.

Σωκράτης

πρόαγε δή, καὶ σκόπει ἅμα ὅπου καθιζησόμεθα.

Φαῖδρος

ὁρᾷς οὖν ἐκείνην τὴν ὑψηλοτάτην πλάτανον;

Σωκράτης

τί μήν;

Φαῖδρος

ἐκεῖ σκιά τ᾽ ἐστὶν καὶ πνεῦμα μέτριον, καὶ πόα καθίζεσθαι ἢ ἂν βουλώμεθα κατακλινῆναι.

Σωκράτης

προάγοις ἄν.

Sócrates insiste en que Fedro sea quien vaya delante y oriente el camino, el viaje. Él irá detrás. Lo cual es muy significativo. Y ambos se dicen, uno a otro, que lo que tienen que hacer es mirar bien. No conviene ir en la vida filosófica sin los ojos bien abiertos y atentos a lo que ocurre, siempre caminando en la dirección esperada. 



domingo, 7 de septiembre de 2025

Fedro. Día 6. Platón 228d

Hasta ahora se ha compuesto sólo el escenario inicial, el punto de partida. Llevo días dándole vueltas, poco a poco, al modo como este discurso empieza. Sócrates es el primero en tomar la palabra y asalta a un joven Fedro que sale de Atenas después de un día entero con Fidias. ¡Poca broma! 

El joven no huye, sino que busca un lugar más apacible y tranquilo para seguir repasando. Quiere que las palabras que ha escuchado se graben en él con más fuerza, que se queden en su memoria mejor fijadas aún. Y Sócrates, que lo conoce bien y parece leer sus intenciones como quien está ante un libro abierto, busca su compañía para algo muy diferente: no va a repetir lo que ha aprendido, sino que va a pensar aquello que ya tiene mínimamente aprendido y a cuestionar, a partir de ahí, cuánto merece realmente la pena todo aquello. Es una cuestión "judicial". 

Ahora, tras un primer juego "retórico" entre ellos, donde uno se hacía el humilde y el otro apostaba fuerte a la ironía, las cosas van cobrando sentido y se encauzan. Fedro no se sabe todo el discurso, ¡ni falta que hace! 

Apunta Fedro una diferencia importantísima. Y con esto, nuevamente, se nos indica un primer método filosófico de crucial relevancia: ser capaces de distinguir unas cosas y otras, o sea, que no nos parezcan las mismas, ni por asomo; que no haya confusión en nuestra sensibilidad y entendimiento, que se hayan hecho por tanto nítidos. Esta segunda diferencia alude a contenido y continente, a significado y significante. Por eso Fedro, aunque no se ha aprendido todas las palabras, una por una y como un papagayo, dice saber de qué han hablado, es decir, reconoce el contenido y la materia y sustancia y esencia (palabras que llegarán después) del discurso. 

Φαῖδρος

οὑτωσὶ τοίνυν ποιήσω. τῷ ὄντι γάρ, ὦ Σώκρατες, παντὸς μᾶλλον τά γε ῥήματα οὐκ ἐξέμαθον: τὴν μέντοι διάνοιαν σχεδὸν ἁπάντων, οἷς ἔφη διαφέρειν τὰ τοῦ ἐρῶντος ἢ τὰ τοῦ μή, ἐν κεφαλαίοις ἕκαστον ἐφεξῆς δίειμι, ἀρξάμενος ἀπὸ τοῦ πρώτου.

El discurso de Fidias incluye una diferencia más, que es propia del contenido, y que dicha rápidamente puede parecer sencilla y simple, pero en la práctica no lo es tanto: la diferencia entre el que ama y el que no. 

Fedro le dice a Sócrates que es capaz de dar cuenta de todo lo que Fidias ha expuesto en sus cuestiones "principales" (kephas) y empezar por "lo primordial", "lo primero" (proto). No voy a entrar en esto demasiado, pero sólo quiero deja apuntado que es como decir que se remonta al origen esencial, sin contar, como joven que es, con los presupuestos que hay de fondo en todo punto de partida. La  filosofía muchas veces arranca precisamente ahí, al cuestionar en el inicio de un discurso, los presupuestos que hay y hacerlos evidentes, visibles, racionalmente comprensibles. Es cuestión de método. 

¿Qué hará Sócrates ante esta intervención?

Pues le da igual todo lo que ha dicho Fedro. Y va a Fedro mismo y le pregunta a él mismo qué tiene en la mano izquierda, bajo el manto. Y, una vez más, Sócrates ve en lo oculto e implícito, en lo no dicho, presente, en lo que está y es más real que toda palabra que se pronuncia. ¡A lo mejor eran evidente que es a Fedro a quien habría que calificar de ingenuo! Fedro lleva en su poder un discurso escrito, que será el que lea, en lugar de recordar. Se trata de "el discurso mismo". Y, después de dar vueltas y vueltas, está ahí delante y puede ser examinado. 

Σωκράτης

δείξας γε πρῶτον, ὦ φιλότης, τί ἄρα ἐν τῇ ἀριστερᾷ ἔχεις ὑπὸ τῷ ἱματίῳ: τοπάζω γάρ σε ἔχειν τὸν λόγον αὐτόν. εἰ δὲ τοῦτό ἐστιν, οὑτωσὶ διανοοῦ περὶ ἐμοῦ, ὡς ἐγώ σε πάνυ μὲν φιλῶ, παρόντος δὲ καὶ Λυσίου, ἐμαυτόν σοι ἐμμελετᾶν παρέχειν οὐ πάνυ δέδοκται. ἀλλ᾽ ἴθι, δείκνυε.

Con gran ironía, Sócrates le recuerda a Fedro que no va a ser su "sparring". Y que deje de jugar. Y, con esto, hay un descenso a la realidad rápido y directo, con una claridad enorme y radical. Fedro se estaba creyendo algo y ahora queda como un mero poseedor de un discurso escrito, que es alguien que todavía necesita ese soporte y, por lo mismo, realmente no ha aprendido nada. 

Con insistencia, Sócrates le pide ir al grano: "Enséñamelo ya."

Y Fedro responde, con cierta insolencia, que le ha robado la oportunidad de entrenarse con él. Quizá no sabe lo que dice. Así que van a buscar un lugar para leer. 

Sócrates indica el lugar: a la orilla del Iliso. Y allí se sentarán tranquilamente. 

Φαῖδρος

παῦε. ἐκκέκρουκάς με ἐλπίδος, ὦ Σώκρατες, ἣν εἶχον ἐν σοὶ ὡς ἐγγυμνασόμενος. ἀλλὰ ποῦ δὴ βούλει καθιζόμενοι ἀναγνῶμεν;

Σωκράτης

δεῦρ᾽ ἐκτραπόμενοι κατὰ τὸν Ἰλισὸν ἴωμεν, εἶτα ὅπου ἂν δόξῃ ἐν ἡσυχίᾳ καθιζησόμεθα.

Mal empieza Fedro, como un sofista engañador, que se aprovecha de los demás para entrenar y ejercitar sus artes. Mal empieza. Y a Sócrates, que queda como alguien clarividente y centrado en las cosas mismas, más interesado en Fedro que en el discurso, destaca por su actitud filosófica. Al principio ha dado margen, incluso se ha mostrado humorísticamente dialogante y juguetón, pero ahora ya ha centrado todo lo que está ocurriendo en una única dirección. 

Insisto en que Fedro, pese a ser un mero joven sin categoría de sofista, ya presume de su desprecio por la verdad y ejercita el ocultamiento en sí mismo de palabras y técnicas ajenas para el control de los demás. Esto es, en realidad, el origen mismo del desprecio de todo diálogo posible. El ser humano deja de ser palabra para ser repetición de la palabra ajena. Una repetición que es, en cuanto aparece la verdad, incapaz de sostenerse a sí misma. 




sábado, 6 de septiembre de 2025

Fedro. Día 5. Platón 228a

Mi lectura y revisión continúa. Sócrates desenmascara rápidamente la falta humildad puramente retórica de Fedro, que lo único que hace es dilatar el tiempo y exigir el ruego. Sócrates le recuerda a Fedro que lo conoce como a sí mismo. Expresión esta que contrapone el conocimiento del otro y el olvido de sí mismo. Conoce a Fedro en tanto que se conoce a sí mismo, queriendo decir de este modo que son almas cercanas. Y mostrando, para cerrar la línea, que Sócrates se conoce a sí mismo y no se olvida de sí mismo. 

Lo que hace Fedro, pues parece su habitual proceder, es escuchar al experto y pedirle que repita el discurso hasta aprenderlo. De modo que al salir, se lo sabía de memoria y fuera, caminando más allá de las murallas, podía repetirlo en soledad o, mejor aún, en compañía. Si encontraba algún otro amante de los discursos, aunque al inicio se hiciera el remolón y el interesante, terminaba practicando en común con otros. Estos amantes quedan indicados en el texto como un poco "frikis" por estas cosas, como personas extrañas, singulares. 

El caso es que, sea como sea, Fedro está deseando soltar el discurso. Y Sócrates lo sabe. Por lo tanto, se pegará a él y caminarán juntos. Haga lo que haga, sucederá esto y no otra cosa. Sócrates insiste.

Σωκράτης

ὦ Φαῖδρε, εἰ ἐγὼ Φαῖδρον ἀγνοῶ, καὶ ἐμαυτοῦ ἐπιλέλησμαι. ἀλλὰ γὰρ οὐδέτερά ἐστι τούτων: εὖ οἶδα ὅτι Λυσίου λόγον ἀκούων ἐκεῖνος οὐ μόνον ἅπαξ ἤκουσεν, ἀλλὰ πολλάκις ἐπαναλαμβάνων ἐκέλευέν οἱ λέγειν, ὁ δὲ ἐπείθετο προθύμως. τῷ δὲ οὐδὲ ταῦτα ἦν ἱκανά, ἀλλὰ τελευτῶν παραλαβὼν τὸ βιβλίον ἃ μάλιστα ἐπεθύμει ἐπεσκόπει, καὶ τοῦτο δρῶν ἐξ ἑωθινοῦ καθήμενος ἀπειπὼν εἰς περίπατον ᾔει, ὡς μὲν ἐγὼ οἶμαι, νὴ τὸν κύνα, ἐξεπιστάμενος τὸν λόγον, εἰ μὴ πάνυ τι ἦν μακρός. ἐπορεύετο δ᾽ ἐκτὸς τείχους ἵνα μελετῴη. ἀπαντήσας δὲ τῷ νοσοῦντι περὶ λόγων ἀκοήν, ἰδὼν μέν, ἰδών, ἥσθη ὅτι ἕξοι τὸν συγκορυβαντιῶντα, καὶ προάγειν ἐκέλευε. δεομένου δὲ λέγειν τοῦ τῶν λόγων ἐραστοῦ, ἐθρύπτετο ὡς δὴ οὐκ ἐπιθυμῶν λέγειν: τελευτῶν δὲ ἔμελλε καὶ εἰ μή τις ἑκὼν ἀκούοι βίᾳ ἐρεῖν. σὺ οὖν, ὦ Φαῖδρε, αὐτοῦ δεήθητι ὅπερ τάχα πάντως ποιήσει νῦν ἤδη ποιεῖν.

La respuesta de Fedro es complaciente. O sea, que se deja querer. Y así estamos ante una primera encarnación del discurso de Lisias, según parece. Sócrates ha hablado de tal modo que ya se ha apuntado un triunfo. No por saber muchas cosas, si se revisa bien lo que dice, sino por haber sabido mucho sobre el propio Fedro. Que no es lo mismo las cosas que las personas que poseen palabras. 

Fedro continúa con una preciosa afirmación de Sócrates que lo describe a la perfección por lo que sabemos de él: "no me soltarás en tanto no abra la boca, salga como salga lo que diga." Lo que viene a decir que Sócrates es una lapa humana, alguien pegadizo, alguien que se aproxima mucho y no se va con facilidad. Y a quien le importa más la persona que los discursos que dice la persona. Lo cual es una diferencia de altura. 

Φαῖδρος
ἐμοὶ ὡς ἀληθῶς πολὺ κράτιστόν ἐστιν οὕτως ὅπως δύναμαι λέγειν, ὥς μοι δοκεῖς σὺ οὐδαμῶς με ἀφήσειν πρὶν ἂν εἴπω ἁμῶς γέ πως. 



viernes, 5 de septiembre de 2025

FEDRO. Día 4. Platón 227d

Siguiendo las mejores orientaciones, a Platón conviene leerlo según géneros literarios y reírse de vez en cuando. En su famosa "ironía" no hay desprecio, sino liviandad y ligereza, frente a la seriedad excesiva y la pesadez contumaz. Resulta esencial. Porque si no, es cierto que se vuelve un autor tan cerrado como indolente. Pero aceptada esta lectura, según momentos y no indicada en el texto, los diálogos, como en la vida real, cobran un tono bien distinto. 

Sócrates responde a la indicación de Fedro, por la que está encantado con el discurso que ha preparado Lisias, con entera distancia. Sin haberlo escuchado siquiera ya se toma la molesta de no ser incomodado por él. Es más, incomoda, como si la reducción y selección usada fuera del todo arbitraria. ¿Por qué quedarse con los que no nos corresponden, y no hacerlo con otras parejas, como pobres o jóvenes? Y se pone él entre los no elegidos habitualmente, del lado de los que carecen. 

Añade, para valorar un discurso, que puede ser divertido y también puede ser provechoso. Y que por tanto hay dos tipos de discursos. Los que se destinan al mero placer y los que son útiles realmente. ¡Zasca! De este modo queda Lisias del lado del mero entretenimiento, pero no del provecho. Si tuviera que ver, por lo que se ve, con la riqueza y la juventud, entonces sí que valdrían realmente. Lo cual es, a todas luces, una crítica más a la sofística, pues esos eran en verdad sus objetivos primordiales. La democracia funciona así, dando prioridad a quien tiene más capacidad de control sobre otros. Los discursos son, en esto, una poderosa herramienta ya descubierta en la antigüedad. Nunca habremos reflexionado suficiente sobre esto. 

Con todo, Sócrates se alía con Fedro y le insiste, por si se ha despistado y está inquieto por estas primeras palabras de desprecio, que está encantado con escucharlo. Lo cual es, por lo mismo que antes, una contradicción formal dentro de sus mismas expresiones. Si el discurso no vale nada, no serán las palabras de Fedro las valiosas, aunque al principio parece que ni siquiera serán sus palabras, las que interesen. Quizá, apunto yo, es Fedro, la persona de Fedro lo que tiene valor para Sócrates y el discurso y el diálogo es mera excusa para mostrar semejante aprecio o amor. 

Σωκράτης

ὢ γενναῖος. εἴθε γράψειεν ὡς χρὴ πένητι μᾶλλον ἢ πλουσίῳ, καὶ πρεσβυτέρῳ ἢ νεωτέρῳ, καὶ ὅσα ἄλλα ἐμοί τε πρόσεστι καὶ τοῖς πολλοῖς ἡμῶν: ἦ γὰρ ἂν ἀστεῖοι καὶ δημωφελεῖς εἶεν οἱ λόγοι. ἔγωγ᾽ οὖν οὕτως ἐπιτεθύμηκα ἀκοῦσαι, ὥστ᾽ ἐὰν βαδίζων ποιῇ τὸν περίπατον Μέγαράδε καὶ κατὰ Ἡρόδικον προσβὰς τῷ τείχει πάλιν ἀπίῃς, οὐ μή σου ἀπολειφθῶ.

Fedro responde hipócritamente, y se nota en la misma composición del texto, que él es poco en comparación con lo mucho que merece la pena el trabajo de Lisias, con su dedicación y tiempo. Por lo ampuloso y recargado se nota que está impostando una respuesta que lo rebaja, para luego demostrar lo mucho que vale. Es una técnica de las muchas que se enseñaban. Se espera poco y así, menospreciándose al inicio, la sorpresa puede ser mayor. 

En concreto, lo que destaca de sí Fedro es que tiene poca memoria. Habría una memoria digna y elevada, capaz de recuperar palabras y algo más que palabras. Entonces, sacamos como conclusión que hay dos fuerzas que operan hasta el momento: el origen y la fuente, que sería el artista original, y el discípulo o repetidor, que no tiene la misma relación con las palabras que el primero. ¡Esto es importante! Aquí, el maestro sofista no desvela la fuente para que otros beban también en ellas, la fuente de las palabras, sino que se dedica a encontrar jóvenes cuyas ansias les lleven, sin reflexión alguna, a querer se como otros antes que sí mismos. Por lo que el joven, en lugar de beber de la fuente, compra productos ya hechos por otros y, simplemente, los aprende. 

La memoria en la antigüedad no tenía el mismo espacio antropológico que en la actualidad. Es cierto que en esto ha variado mucho la situación hasta el punto de sorprendernos semejante cambio. 

Para terminar, igual que Sócrates ha inaugurado la comparación entre el discurso y la riqueza, también Fedro recoge el guante y dice preferir alcanzar esta técnica del sofista, aunque sea copiándola y en él no actúe originalmente, que ser rico. De hecho, los ricos pagaban sumas importantes por tal conocimiento, como si fuera en verdad más una inversión que un gasto general. 

Quienes hay criticado tanto la separación entre el idealismo y el materialismo tienen aquí, en el inicio mismo de la filosofía, algún que otro motivo para la reflexión sobre su conexión. 

Φαῖδρος

πῶς λέγεις, ὦ βέλτιστε Σώκρατες; οἴει με, ἃ Λυσίας ἐν πολλῷ χρόνῳ κατὰ σχολὴν συνέθηκε, δεινότατος ὢν τῶν νῦν γράφειν, ταῦτα ἰδιώτην ὄντα ἀπομνημονεύσειν ἀξίως ἐκείνου; πολλοῦ γε δέω: καίτοι ἐβουλόμην γ᾽ ἂν μᾶλλον ἤ μοι πολὺ χρυσίον γενέσθαι.





jueves, 4 de septiembre de 2025

FEDRO. Día 3. Platón 227c

Se presenta el diálogo como encuentro fortuito. Esto tiene siempre su valor. No es una quedada planificada, sino una sorpresa para ambos al hilo de la vida misma. Se trata de vivir, por lo tanto, de una manera concreta: abiertos al diálogo, a lo que ocurre, a la persona con la que nos encontramos, y ser capaz de abrir un espacio original y originante. El diálogo convierte las preguntas y respuestas en una especie de examen de la vida en torno a un tema (diatriba). 

El tema va a cambiar. Sócrates quiere escuchar la conversación entre Fedro y Lisias, y Fedro quiere ir directamente al asunto, que para él es el erotismo, el amor y la pasión erótica. En seguida se traslada, con una diferencia fundamental: si bien en Sócrates lo central son las personas en su conversación, que sabemos que de manos de un sofista no es nunca natural, para Fedro las personas han sido temáticamente sustituidas y están al servicio de algo diferente a ellas, despersonalizado, aunque no ajeno a lo humano. 

Cuando Sócrates acepta, acepta preguntando, pero lo interesante es la descripción que hace del diálogo como "mejor acción libre". De nuevo, aparece el término empleado para "tener tiempo" (ascholías), acompañado de un superlativo y el sustantivo "prágma". El diálogo es, como bien sabemos, una acción que nos hace. Lo recuerda aquí Sócrates, antes de meterse en más jaleos. Una acción que nos convierte en aquello en lo que estamos involucrados. Y que, además, posee un horizonte amplio que es el intento de proximidad al bien. Nos encamina, desde donde estamos, en esa dirección y sentido. Hay que hacer camino aprovechando el tiempo disponible. Humanizándolo de tal modo que se amplíe aún más su posibilidad, en lugar de permitir que se consuma en sí misma. 

Σωκράτης

τί δέ; οὐκ ἂν οἴει με κατὰ Πίνδαρον “καὶ ἀσχολίας ὑπέρτερον πρᾶγμα” ποιήσασθαι τὸ τεήν τε καὶ Λυσίου διατριβὴν ἀκοῦσαι;

Fedro presenta el tema a Sócrates con un "te interesa" un tanto complaciente y adelantado, demostrando que maneja -también, como Sócrates- ciertas artes sofísticas para atraer el interés -del todo innecesario- por aquello que se dirá y escuchará. No se impacienta, pero sí pone en camino. 

El asunto elegido, que viene de un escrito de Fedro, es uno de esos temas en los que Sócrates reconoce que es sabio, que sabe algo más que otros: el amor erótico. Aquí se trata, por lo que dice Fedro, de conquistar a quien no nos ama, más que complacer a quien nos ama. "La gracia del asunto" es el convencimiento del otro, la capacidad para cautivar y despertar "el eros" de otros. 

Φαῖδρος

καὶ μήν, ὦ Σώκρατες, προσήκουσα γέ σοι ἡ ἀκοή: ὁ γάρ τοι λόγος ἦν, περὶ ὃν διετρίβομεν, οὐκ οἶδ᾽ ὅντινα τρόπον ἐρωτικός. γέγραφε γὰρ δὴ ὁ Λυσίας πειρώμενόν τινα τῶν καλῶν, οὐχ ὑπ᾽ ἐραστοῦ δέ, ἀλλ᾽ αὐτὸ δὴ τοῦτο καὶ κεκόμψευται: λέγει γὰρ ὡς χαριστέον μὴ ἐρῶντι μᾶλλον ἢ ἐρῶντι.

Es un escrito del que hablan. Si bien Sócrates no escribía, Platón sí que se actualizó en esta nueva mecánica, con sus inconvenientes y fortunas. Un escrito frente a un diálogo, o un escrito que da pie a un diálogo. Lo mismo que cuando Sócrates antes ha citado a Píndaro o a Homero en otras ocasiones. 

La cuestión de fondo fundamental va a ser a quién hay que complacer y congraciar, no teniendo que complacer y congraciar a todos, según parece. Podría ser de otro modo, pero el eros necesita algún tipo de impulso y es siempre selectivo. Entonces, distinguiendo como nos gusta distinguir, se hacen dos tipos de grupos o personas: a quien no se ama (mé erónti) y a quien se ama (erónti). Es decir, que se reconoce y estable de partida una contradicción entre dos formas de amor: la gracia y el erotismo. La gracia sería el ámbito propio de la reflexión y la actividad volitiva de la persona, mientras que el eros es un impulso. Y lo curioso, en la presentación de Fedro y Fidias, es que no es necesario que vayan juntos. De ahí que se revele desde el inicio la independencia de uno frente a otro, mientras que, por lo que parece, el hombre queda irremediablemente esclavo del eros y no puede sino reconocer semejante ímpetu y atracción interior como algo divino o casi divino. Este será el punto de arranque del diálogo.