jueves, 1 de octubre de 2026

FEDRO. Día 16. Platón 235b

Fedro se ha vuelto tan repetitivo como el discurso de Lisias e insiste, no sin recriminar antes a Sócrates que Sócrates no ha dicho nada, que el discurso realmente dice todo lo que hay que decir y que no se puede decir ni más ni mejor. Hasta en ese más y mejor resulta repetitivo en griego, queriendo hacer un juego de sonidos y musicalidad. Pero lo que dice es muy serio. 

En primer lugar, que alguien es capaz de agotar un tema. En segundo lugar, que ese tema es tan pobre que cabe, aun siendo algo como el amor, en un par de páginas escritas de un libro que puedan ser proclamadas o pronunciadas por cualquiera. Después, que es algo que debe decirse, como si hubiera una obligación humana de poner por palabras la vida en el mundo. 

Es un convencido. Está claro. Y frente a lo que quiere defender, otra cuestión que no hay que dejar pasar, ni olvidar. El hecho de que Sócrates haya dado una primera respuesta irónica y centrada en la retórica, más que en el contenido, pues de eso se trata en la sofística principalmente y no de otra cosa, es interpretado por Fedro justo al revés de como cabe esperar de un sabio. Cosa sorprendente. 

Φαῖδρος

οὐδὲν λέγεις, ὦ Σώκρατες: αὐτὸ γὰρ τοῦτο καὶ μάλιστα ὁ λόγος ἔχει. τῶν γὰρ ἐνόντων ἀξίως ῥηθῆναι ἐν τῷ πράγματι οὐδὲν παραλέλοιπεν, ὥστε παρὰ τὰ ἐκείνῳ εἰρημένα μηδέν᾽ ἄν ποτε δύνασθαι εἰπεῖν ἄλλα πλείω καὶ πλείονος ἄξια.

Sócrates vuelve a responder lacónicamente. "Esto es algo en lo que ya no puedo estar de acuerdo contigo." Aquí aparece la famosa distancia, la falta de "homología", aunque no se use el término específicamente (lo cual solo debe preocupar mucho a los más puritanos entre los señores del lenguaje). La discordancia, la separación que se produce entre dos personas que hablan de un tema revela algo importante: hay interpretaciones diversas, lo cual puede ser en muchos casos posible sin más. El problema es cuando se produce una contradicción, como bien apunta Sócrates al señalar que otras muchas personas del pasado -pues la escritura siempre es pasado-, y sabias además, dijeron otras cosas y, por lo que sea y del modo que sea, pudieran levantarse y plantar cara a Sócrates como si se tratara de un traidor juzgado en el ágora por la democracia entera de Atenas. Se levantarían, sobre todo, si "cediera" a Fedro como si no pasase nada por dar la razón a alguien que, en opinión de uno, no la tiene, sin discutir al menos un poco o ver quién refuta a quién. Lo interesante de la cuestión es este enorme pórtico sobre las reglas del juego socráticas que dibujan un mapa del que es difícil escapar. Sin decirlo, lo que está puesto encima de la mesa es que en la verdad no hay contradicción alguna. 

Σωκράτης

τοῦτο ἐγώ σοι οὐκέτι οἷός τ᾽ ἔσομαι πιθέσθαι: παλαιοὶ γὰρ καὶ σοφοὶ ἄνδρες τε καὶ γυναῖκες περὶ αὐτῶν εἰρηκότες καὶ γεγραφότες ἐξελέγξουσί με, ἐάν σοι χαριζόμενος συγχωρῶ.

Fedro, de forma un tanto perezosa, se queda extrañado y pregunta quiénes son esos testigos. O sea, de todo lo dicho, quiere interrogar lo último de todo. Imagino que para saber algo más de lo que sabe, porque si lo supiera lo hubiera dicho o se hubiera acordado de ellos o pudiera mostrar que lo conoce y que los ha refutado. Sin embargo, calla y pregunta por esos nombres. Y, además, por el lugar en el que Sócrates oyó de ellos, es decir, por el modo en que Sócrates los trató. No sea que no haya habido trato directo o el mensaje estuviera tergiversado o fuera manifiestamente engañoso. 

El caso es que pregunta. Entra ya en la conversación. Y Sócrates va a ampliar el mundo del que habla, como buen testigo que es de lo que va ocurriendo. La razón, por cierto, siempre es amplia y amplía. No es cualquier cosa. No se queda pegada a una cosa como si solo existiera esa en el mundo. 

Lo primero que dice Sócrates es que él no sabe de esas cosas. Pero ha escuchado ciertos nombres: Safo, Anacreonte, algún escritor de prosa. Y recuerda, acto seguido, dos temas importantes: que hoy se siente capaz de decir cosas bellas y que él calla porque, reflexionando sobre sí y sin olvidarse de quién es, sabe perfectamente que es un ignorante y no se deja, por tanto, llevar fácilmente. El Sócrates que sabe, insisto, que no sabe. Esa es la fuerza que tiene para dominarse a sí mismo, dirigir su vida y gobernarla de un sitio a otro yendo donde corresponde. Con más o menos sufrimiento. 

Como criterio fundamental, saber qué ha venido a la mente por uno mismo. Es decir, dónde hay trabajo personal racional, dónde ha habido esfuerzo por alcanzar una idea. Y no conformarse, ni por asomo, con aquello que llega de fuera como sombra, como un intento de conquista. Lo cual me recuerda, una vez más, el bello texto del Protágoras donde el Platón inicial hablaba en estos mismos términos de la acción de aquel hombre mayor que tanto le asombró. Dejarse llenar con cosas de otros, como si fuera un "tonel", sería poco menos que una locura o estupidez. 

Φαῖδρος

τίνες οὗτοι; καὶ ποῦ σὺ βελτίω τούτων ἀκήκοας;

Σωκράτης

νῦν μὲν οὕτως οὐκ ἔχω εἰπεῖν: δῆλον δὲ ὅτι τινῶν ἀκήκοα, ἤ που Σαπφοῦς τῆς καλῆς ἢ Ἀνακρέοντος τοῦ σοφοῦ ἢ καὶ συγγραφέων τινῶν. πόθεν δὴ τεκμαιρόμενος λέγω; πλῆρές πως, ὦ δαιμόνιε, τὸ στῆθος ἔχων αἰσθάνομαι παρὰ ταῦτα ἂν ἔχειν εἰπεῖν ἕτερα μὴ χείρω. ὅτι μὲν οὖν παρά γε ἐμαυτοῦ οὐδὲν αὐτῶν ἐννενόηκα, εὖ οἶδα, συνειδὼς ἐμαυτῷ ἀμαθίαν: λείπεται δὴ οἶμαι ἐξ ἀλλοτρίων ποθὲν ναμάτων διὰ τῆς ἀκοῆς πεπληρῶσθαί με δίκην ἀγγείου. ὑπὸ δὲ νωθείας αὖ καὶ αὐτὸ τοῦτο ἐπιλέλησμαι, ὅπως τε καὶ ὧντινων ἤκουσα.

Lo siguiente será un elogio. Pero tocará mañana.  


 

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