Leído el discurso, su final es muy interesante. Primero dice que considera suficiente lo que ha dicho. Imagino que sobre el tema. Y tiene razón, en parte al menos, sobre la suficiencia de lo dicho. Nos hacemos de sobra una idea de por dónde van las cosas. Por otro lado, añade una invitación como cierre: "si echas en falta algo (es decir, si notas alguna carencia, hueco o problema), pensando que se ha omitido (esto es, que algo se ha restado a la exposición con una intención), pregunta."
Dos verbos de pensamiento se oponen. El escritor se reserva para sí mismo el término más fuerte y poderoso, relacionado con hacer un juicio de valor y sancionar una realidad. Es el verbo, por así decir, propio del saber de los dioses, que sopesan la realidad y la tienen a la mano casi directamente. Mientras tanto, el segundo verbo (ἡγεμών) es más bien una interpretación personal. Cabe imaginar aquí como dos polos de tensión fortalecidos: la objetividad de quien defiende lo suyo y la subjetividad de quien está escuchando, que debe ceder y dar la razón al primero.
Esta última palabra, como se ve abajo, tiene un sonido muy similar a "eros" que salta a la vida. La pregunta dice algo del amor. Si nos ponemos exquisitos, la pregunta es una invitación a amar, continuando el discurso y haciéndolo, como ahora mismo veremos a Sócrates procediendo, materia y cuerpo y alma de la conversación a viva voz.
ἐγὼ μὲν οὖν ἱκανά μοι νομίζω τὰ εἰρημένα: εἰ δ᾽ ἔτι τι σὺ ποθεῖς, ἡγούμενος παραλελεῖφθαι, ἐρώτα.
Después de eso, Fedro pregunta a Sócrates con mucho valor. Todos esperamos que llegue su opinión lo antes posible y, con ella, termine ya este pobre discurso de palabras confusas e ideas repetitivas. Poco elegante, no digamos edificante.
Φαῖδρος
τί σοι φαίνεται, ὦ Σώκρατες, ὁ λόγος; οὐχ ὑπερφυῶς τά τε ἄλλα καὶ τοῖς ὀνόμασιν εἰρῆσθαι;
Lo que Fedro pregunta es por el "parecer". Este es el grado en el que están trabajando, el de las impresiones. Es interesante que el discurso es "logos", en su conjunto. Es sobre lo que Sócrates está invitado a valorar. Mientras que, en la segunda pregunta, un hábil Fedro cree que puede adelantar ya el final dando a entender todo lo que hay que decir, que no es otra cosa que destacar que es algo superior por el empleo de nombres de cosas, de sustantivos con sustancia propia.
Destaco que se trata de una valoración estética, de algún modo superficial, que vale para infinidad de discursos y no para "el discurso" propiamente hablando. Cabe esta opinión de casi todo, sobre todo si hay que opinar en el terreno de la buena educación y la compostura fina de quienes se mueven en sociedad. Ellos, por otro lado, se encuentran muy lejos de todo eso, tirados en el campo a la vista de nadie y, por lo mismo, podrán considerar las cosas que quieran.
La respuesta de Sócrates resulta pura ironía, no difícil de reconocer. Se muestra extasiado y conmovido, traumatizado por semejante poderío. No el de las palabras, sino el de Fedro discurso en mano. O sea, que el discurso le ha dado igual. Y, una vez más, en un ejercicio de discreta juventud, se coloca por debajo del interlocutor, le cede el puesto de maestro y sabio para ver si se sienta en él con comodidad, y si accede a responder a lo dicho. Y lo dice a su modo, con el encanto amoroso y tierno que le acostumbra a poseer al inicio de cada encuentro.
Haciendo de aedo, imitando a Homero, también él cautiva con sus palabras y se refiere a Fedro como "el de la cabeza inspirada". Así es como dice haber seguido su enseñanza, su lectura, entrando en trance con él igualmente, pues las palabras, y esto es verdad, nos conducen de un sitio a otro. ¿A dónde le ha seguido, dejando todo? ¡A una bacanal (συμβακχεύω)! ¡Qué locura! ¡Arrastrado por Fedro a una bacanal a través de este discurso y su rostro entregado!
Lo que ocurre, y aquí está el juego, es que Sócrates se pone en el lado que ha sido duramente criticado por el discurso, como humillándose a sí mismo por adelantado, aunque nadie se lo creerá realmente. Ni Fedro. Tan es así que Fedro ahora pregunta, como bloqueado, si Sócrates no se está comportando como un niño que juega (παίζειν). Es decir, si Sócrates no está haciendo broma de algo que a él le parece tan serio y hermoso. Debe ser duro, la verdad, tener un amigo y que este responda con tanta crueldad ante la emoción ajena, dejando en ridículo el propio entusiasmo. Y Sócrates responde, preguntando muy hábilmente por la parte del conocimiento, que cómo es posible que Fedro piense semejante cosa de él y no que se lo está tomando en serio (σπουδάζειν). Porque Sócrates, redoblando la ironía, lo que hace aquí es mostrar que el discurso, para tomárselo en serio, lo que merece es que sea recibido en broma.
¿Ha dicho algo Sócrates? No mucho. Pero ha usado la misma técnica retórica que con tanto ahínco se repite, hasta hartar, en el discurso. Esto de dividir en dos y tener que elegir o lo uno o lo otro. Imposible no dejarse ahora confundir porque qué responde Fedro para salir airoso. Lo primero sería dejar a Sócrates como un niño que juega con lo más grande. Lo segundo es ponerse en el lado de aquello que justamente el discurso critica, arrastrados por la locura.
Fedro insiste, para no dejarse enredar, y retoma el momento inicial con una exageración, invocando a Zeus. ¿Hay algo más que decir sobre este asunto? ¿No es tan perfecto que es suficiente en sí mismo y tiene poder por sí mismo para convencer a cualquiera?

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