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lunes, 10 de mayo de 2021

PROTÁGORAS. Día 1. (Platón, 309a - 310a)

El título del diálogo, que con suerte terminaré de comentar a principios de verano, alude al famosísimo Protágoras de Abderá. Siempre me queda la duda de si los sofistas, en general, se hubieran mantenido en la historia por ellos mismos sin los discursos de Platón y me parecen muy ligeros los argumentos favorables. Aunque me alegro, evidentemente, de que podamos seguirles la pista, el que hayan llegado a nuestros días dos milenios y medio después me desconsuela, pese a los avances, también morales, que nos distancias de aquella Atenas germinal que tanto ha provocado incluso en ruinas. 



Ya aparecerá el de Abderá. De momento, algo mucho más elevado y confuso para el lector, incluso para quien lea despacio. En la magnífica traducción GREDOS que manejo y manejaré, comienza hablando AMIGO. Se va a hablar del amor, de los amores, de las diversas formas de amor y se colocará una por encima de todas las demás. Quien comienza es de los amigos, el mejor. Casi hermano, en nuestro lenguaje. Y no se usa la filía, sino hetaíros

Ἑταῖρος

πόθεν Σώκρατεςφαίνῃ;

En las primeras páginas, para ir poniendo cierta claridad, se abordará la erótica -en formas típicas de la Atenas antigua- y también la amistad como búsqueda. Existe ese modo de amor que lo que hace es buscar, más que poseer. Y que, además, rechaza la posesión, la falta de distancia y se complace fundamentalmente en la alteridad y la cercanía. Cualquier cosa menos confundirse con ese amor, solo dejarse llevar por él y no parar. Entrar en su dinamismo, es decir, su fuerza, su empuje o su atracción. 

Alcibíades será hermoso. No hay ocasión para dudar de ello. Pero ese amor se puede olvidar, se puede dejar de prestar atención a él si aparece alguna belleza mayor que ella, incomparable con ella, que atrapa más, que exige más, que pide el cien por cien en el modo de acercarse. ¿Y cuál es? Sin duda, la sabiduría. 

ἀλλ᾽  σοφῷ τινι ἡμῖν Σώκρατεςἐντυχὼν πάρει;

σοφωτάτῳ μὲν οὖν δήπου τῶν γε νῦνεἴ σοι δοκεῖ σοφώτατος εἶναι Πρωταγόρας.

Venga de donde venga. Efectivamente. Porque siempre hay una cierta sorpresa con ella. El que llega del lejos, el extranjero, es quien ahora parece que, si trae con él la sabiduría, entonces hay que ir con él y prestar atención para vivir eso que se busca. Aunque, ojo, porque de primeras no sabemos de dónde sale Sócrates y su aparecer motiva lo demás. Resulta que irrumpe y recibe una pregunta. 

En cualquier caso, no se dice de él siquiera que sea un sabio, sino el más sabio. De entre todos esos sabios, que a sí mismos se llaman sabios, Sócrates considera que Protágoras es el mayor. Y lo tiene claro. El más grande. El más elevado. El que está por encima de todos los demás. Y no lo dice por decir, sino que hace poco que ha estado con él. Y así comienza este diálogo, más o menos, en su contexto. 

Una última nota. Sócrates, para hacer memoria, debe quedarse y explicar a otros lo que ha ocurrido. El sitio que se encuentra para él es, nada más y nada menos, que el lugar del esclavo, la silla en la que el esclavo está sentado y que ahora se va a levantar para dejarle su sitio. 

Ἑταῖρος

τί οὖν οὐ διηγήσω ἡμῖν τὴν συνουσίαν , εἰ μή σέ τι κωλύει , καθεζόμενος ἐνταυθί , ἐξαναστήσας τὸν παῖδα τουτονί ;

Σωκράτης

πάνυ μὲν οὖν : καὶ χάριν γε εἴσομαι , ἐὰν ἀκούητε .

Ἑταῖρος

καὶ μὴν καὶ ἡμεῖς σοί , ἐὰν λέγῃς .

Σωκράτης

διπλῆ ἂν εἴη ἡ χάρις . ἀλλ᾽ οὖν ἀκούετε .

Dos últimas notas. Sócrates, para hacer memoria, debe quedarse y explicar a otros lo que ha ocurrido. El sitio que se encuentra para él es, nada más y nada menos, que el lugar del esclavo, la silla en la que el esclavo está sentado y que ahora se va a levantar para dejarle su sitio. ¿Esclavo? El pedagogo. 

Y, como puede leerse, gratitudes varias. La primera la aporta Sócrates, por ser escuchado, por poder decir lo que ha recibido y vivido junto a Protágoras. La segunda, la del amigo. Que quiere corregir ahora al "pedagogo" y enmendarle la plana. Bien empezamos, si ni esto se acepta fácilmente. Así que Sócrates, para no entrar a mayores, pero conjugando desde el inicio, al modo como su "amigo" se ve que necesita aprender, alude a un bello "mutuo", que es de uno a otros y viceversa. 

Lo dicho, ya en disposición -que qué importante es-: ¡Escuchad! 

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