Comienzo en 332b hasta 332e
El asunto sigue y sube de tono. Cualquiera que se ponga a leer esta parte quedará interrogado. Creo que es lo primero y más interesante. La confrontación, una vez más, con el propio pensamiento sobre lo justo. Todavía más, es una ocasión extraordinaria para revisar, no solo la idea con la que se vive de justicia, sino aquella con la que se vive. ¿Qué define "la justicia"? ¿Hacer bien al amigo y mal al enemigo?
Atención, primera pregunta. ¿Por qué tanta insistencia entre amigos y enemigos, tan rápidamente? Entiendo que unos y otros van por separado realmente y no comprendo bien, a lo mejor tengo poca experiencia de vida, cómo es posible que hayan sido tan íntimamente ligadas. Comprendo más bien que se pueda identificar a unos como amigos, es probable que nadie quede libre de algún perseguidor molesto o hiriente enemigo, pero la mayoría de personas quedarían al margen de esta valoración general.
Sigamos adelante, sin perder de vista lo anterior, con la espina clavada por no abordarlo en el diálogo directamente. Para Polemarco, asumiendo lo que dice poéticamente Simónides, justo es devolver lo que se debe al amigo y mal al enemigo. Sócrates le insiste en la relación entre "lo que corresponde" y "lo que se debe" como principal cuestión hablando de justicia.
Preguntando en comparaciones, como si "ser justo" se pudiera asemejar a ciertas "artes" (excelencias), ¿qué ofrece el médico y el culinario? En el primer caso, remedios a los cuerpos. En el segundo, condimento a la comida. Entonces, ¿qué arte podría llamarse justicia y quién la da?
Llamarlo "arte" puede ser confuso. Es más cercano a poseer en plenitud la capacidad de una acción que a cualquier estética. De entre todos los que se dicen médicos, ¿quién sabe hacer lo que realmente dice y realmente le correspondería por ello? Algo así. ¿Quién llega a lo elevado de algo y lo domina, no por casualidad o fortuna de un día sino con la sabiduría que le corresponde, y por tanto puede repetir y repetir cuantas veces sea necesario?
Si la "justicia" es un "arte" dominado por alguien, cómo se llamaría y qué es lo que da. Para Polemarco, lo dicho hasta el momento. Y Sócrates, en un giro que merece la pena observar, se dirige a él como si en él estuviera hablando todavía Simónides, pero no Polemarco. Así que sigue preguntando, como con la confianza de que en algún momento, si sigue pensando a través de las cuestiones que aparecen, Polemarco dé realmente la cara con su propio "logos". De ahí la constante llamada, con sencillez, a la lógica.
Sigamos. Sócrates pregunta: "¿Quién es capaz de hacer bien a los amigos enfermos y mal a los enemigos en lo referente a la enfermedad y a la salud?" El enredo es notable. El peso cae del lado del referente: enfermedad y salud. El quién no se entrevé aunque es lo que se espera que se diga. Y la acción sigue siendo, en lo oscuro, lo principal que parece sostener todo lo demás. Así que Polemarco se implica: "El médico." Algo que cualquiera, sin pensar un minuto, hubiera respondido. El médico resulta aquí el dueño del cuerpo ajeno, de su beneficio o perjuicio, y deja de ser así dueño y responsable de sí mismo. Lo que ha dicho Polemarco es escandaloso, aunque continúa. Sócrates pregunta: ¿Y el navegante, en lo referente al peligro del mar? Polmarco: El timonel.
Dos relaciones son suficientes. Y ahora, cambio de tercio: El caso del justo, ¿en qué asunto y en qué función es el más capaz de beneficiar a los amigos y perjudicar a los enemigos?
Se busca, por lo tanto, el tema relativo a la justicia, que no es un mero producto sino el resultado de una acción que transforma algo. ¿Cuál sería "lo más" de la justicia como beneficio y perjuicio?
Polemarco contesta: en la guerra. Como si la justicia fuera una alianza y un enfrentamiento. Queda mucho diálogo por leer. Lo dicho arriba, al inicio. ¿De dónde salen los amigos y de dónde los enemigos? ¿Surgen de vivir, de estar aquí sin más?
Hay veces que leyendo entiendo y sé que quedan cosas por comprender. Otras que no comprendo a qué viene todo esto y dónde conducirá. Esclarecer un texto por lo que no se dice y queda detrás, dicho y pasando a otra cosa, es un trabajo inmenso. Detenerse al menos en ver estos pozos sin fondo donde se cae para no volver a leer igual algo es importantísimo. Es el momento en el que el texto deja de dominar y vapulear al lector para que comience un sincero diálogo. Hoy no se tiene respuesta, como tantas y tantas veces, pero quizá más adelante sí. Qué misterio.
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